Historia

La realidad de la historiografía

La Historia puede conceptuarse como la vida del hombre en el tiempo, constituida en temporalidad

Nadie puede plantearse el estudio de la realidad histórica sin establecer, previamente, las premisas intelectuales que le permiten acreditar las teorías sobre las cuales adquieren consistencia cuantas aproximaciones se lleven a cabo en la solución que los problemas que se vayan resolviendo, conforme se lleve a cabo el proceso investigador del temario propuesto. Se trata, naturalmente, de las aproximaciones a las ideas que fueron realidades en el tiempo histórico, pero que nunca serán realidades históricas, sino historiográficas; son el esqueleto externo del estudio de la historia que fue realidad en un determinado tiempo, pero que en la reconstrucción intelectual del momento historiográfico es otro tiempo, otro modo de concebir la realidad y, desde luego, otra conciencia. Ante todo debe afirmarse la formulación básica del tiempo como modo esencial de lo histórico real, el crecimiento constante de la «experiencia» y el consiguiente aumento de la «posibilidad».

La Historia es un saber al que se accede por la investigación de lo que fue realidad. En el caso que nos preocupa, que es la historia de Inglaterra, se trata de un conjunto histórico, es un conjunto histórico, que ofrece una continuidad muy especial porque está hecha de discontinuidades. En los cambios que se originan en el discurso histórico se encuentra el fundamento básico de la historia como materia científica. La Ciencia, hasta el siglo XIX, se fundaba en las ideas de Newton o de Descartes: el tiempo absoluto, el espacio absoluto, la causalidad absoluta, significativamente encerrados en la idea de la inmutabilidad de las leyes físicas, que se pretendía que fuesen intangibles y definitivas; esto presidía la metodología de todas las disciplinas. En cambio, los descubrimientos de Max Planck, Albert Einstein, Werner Heisenberg y el replanteamiento de los problemas filosóficos de la Física Atómica, en especial los «quanta», la «relatividad» y la «indeterminación», el ataque a la causalidad y el «determinismo», la inmutabilidad, hace surgir la proclama de la libertad creativa e inteligente del hombre para aproximarse al núcleo básico de la creatividad en todas las ciencias humanas y sociales que, de ningún modo, deben constituirse en sistemas educativos formativos, ni en la segregación vocacional de lo que se llamó «letras» o «ciencias», cuando el discurso histórico constituye una expresión radical sobre la materia histórica estudiada.

Por ejemplo, la aparición de la teoría de la relatividad (primera teoría general de la relatividad, 1905; teoría general de la relatividad, 1915) hizo ver que la teoría del cambio era lo importante, más que la «ciencia de lo inmutable». Lo cual hizo posible aplicar en el terreno de la Historia el estudio de la discontinuidad: actual objetivo de la investigación y creciente interés por la teoría de la Historia que se aprecia en el mundo entero; claro está que semejante interés es muy apreciable en escaparates. El ilustre catedrático de Psiquiatría de la Universidad de Salamanca e inolvidable amigo Doctor Francisco Llavero publicó un importante libro, «El hombre y su genoma: híbrido singular, creador y tanático» (2003), en el que siguiendo las exigencias de la Psiquiatría, se convence que la mejor lección es la de la Historia. Según el doctor Llavero, las medidas constitutivas actualmente reconocidas son tetradimensionales: «genoma», «cerebro», «personalidad» y «ambiente», condicionantes de la acción histórica del hombre, incluso antes de nacer; en su herencia genética, en el complejo mundo del pensamiento e intención cerebral, en la situación estructural que la integra y en el espíritu y mundo creado que puede sobrevivirle en la dialéctica experiencia-posibilidad, en cuanto aporte a la realidad existencial, recibe de la Historia todos los componentes de su modo de ser, su conducta, su acción y su inteligencia: en historia es una creación de los hombres, en coincidencia con espíritu humano, libertad y valores religiosos.

En consecuencia, pues, la Historia puede conceptuarse como la vida del hombre en el tiempo, constituida en temporalidad. La rica lengua española sólo dispone de una palabra respecto a la vida real en el pasado: historia para referirse a la vida real en el pasado; historia con minúscula: la vida de los hombres en el tiempo; e Historia que se refiere a la investigación de tal realidad de los hombres en el plazo largo. Organizado en seis estructuras que son: religión, política, economía, sociedad, cultura y pensamiento. Karl Jaspers en «Origen y meta de la Historia» asegura que «como ser natural el hombre no es todavía historia. Sólo lo es como ser espiritual».