Salud

Evitemos los estigmas

. Hay señales que nos facilitan la identificación de los afectados
No recurrir al apoyo profesional puede derivar en situaciones ligadas a conductas suicidas | Dreamstime
Ana Villota Sanz

Este 10 de octubre celebramos el Día Mundial de la Salud Mental, una fecha que supone también una ocasión para que los profesionales del ámbito social y sanitario nos movilicemos en concienciar a la sociedad sobre la situación de las personas que padecen una enfermedad mental. Este año 2019, con el lema “Conecta con la vida” el mensaje se centra en la prevención del suicidio. El Slogan va como anillo al dedo a España ya que en nuestro pais, 10 personas se suicidan cada día, un dato que debe hacernos pensar.

Los profesionales desempeñan un papel fundamental en la concienciación y en la formación para la prevención: cerca del 90% de los suicidios están vinculados con una enfermedad mental.

En mi opinión el primer paso que ha de dar una persona con un trastorno mental (o que detecta determinados síntomas y entiende que algo no va bien) es pedir ayuda a los especialistas. No recurrir al apoyo profesional puede derivar en situaciones ligadas a conductas suicidas como son el aislamiento en todos los ámbitos de la persona ya sea social, laboral o afectivo, la falta de esperanza, abandono personal, falta de objetivos, el sentimiento de no servir para nada, e incluso en algunos casos las propias amenazas de suicidio. Tengamos en cuenta que el suicidio, o la amenaza de este también afecta a las personas más próximas, pudiendo ser el efecto más traumático por el que pasa una familia a lo largo de su vida.

¿Por qué en tantas ocasiones las personas afectadas por una enfermedad mental no piden ayuda?

Uno de los mayores enemigos que sufren las personas con trastorno mental grave y sus familias es el estigma asociado a las patologías mentales y que se traduce en aislamiento absoluto, falta de integración laboral e incluso en algo tan importante como la propia aceptación de la enfermedad por miedo al rechazo.

Como sociedad, debemos no discriminar a las personas que sufren una patología mental y hablar abiertamente sobre ello para poner soluciones, aunque eso nos lleve a aceptar una parte de fracaso como sociedad. No olvidemos que las tasas de suicidio son más elevadas en los grupos vulnerables y sujetos a mayor discriminación.

La prevención del suicidio por tanto ha de ser integrada desde los diferentes ámbitos, no sólo desde el sector socio-sanitario, sino también desde el ámbito de la educación, de la justicia y del empleo. También con el respaldo de los medios de comunicación que juegan un papel determinante haciendo un uso responsable del lenguaje en la comunicación que emplean a la hora de hablar de personas con enfermedad mental.

Desde AISS, entidad que fundé hace más de 20 años, queremos romper con el modelo estigmatizado de Salud Mental y los falsos tópicos: nuestros pacientes no viven aislados, sino en pisos tutelados integrados en comunidades de vecinos, en los lugares más céntricos de nuestra ciudad llevando una vida plenamente integrada y normalizada, recibiendo diariamente apoyo profesional especializado. Lo que demuestra que es posible, si queremos conseguirlo.