El cantaor Enrique Morente

Primero Manhattan, después Berlín, ahora la memoria

El flamenco sigue huérfano ante el vacío por la ausencia de la voz libre e inconfundible de Enrique Morente

Hoy se cumple el décimo aniversario de la desaparición de uno de los maestros y voces más libres y singulares del panorama flamenco de España: Enrique Morente (Granada, 1942-Madrid, 2010), autor, cantaor, compositor y uno de los creadores más innovadores del arte jondo de nuestros días. Como en los versos de Lorca que versionó tras Cohen, Morente primero conquistó Manhattan, después Berlín y una década después es parte de la historia.

Enrique Morente ante el «Guernica», en el Museo Reina Sofía
Enrique Morente ante el «Guernica», en el Museo Reina Sofía

En palabras del coordinador de flamenco de la Fundación SGAE, Juan Carmona, «se agradece la pureza del maestro, que sigue más presente que nunca, empujándonos a ser mejores en el arte y en la vida». «Los artistas te debemos y le debemos ese compromiso a esta profesión, el que tú tenías, y a la que tanto dignificaste», señaló Carmona. Miembro de la SGAE desde marzo de 1976, donde tenía registradas 325 obras, el creador estaba casado con la bailaora Aurora Carbonell y tuvieron dos hijas y un hijo: Estrella, Soleá y José Enrique, Kiki, que han continuado los pasos artísticos de su padre. Nacido en el barrio del Albaicín de la capital granadina, el cantaor aprendió del arte de su madre y de artistas locales como Juanillo el Gitano, Cobitos o la familia Habichuela, y fue ampliando experiencias de mano de Aurelio Sellés, Pepe de la Matrona o Antonio Chacón. Una veintena de discos de estudio, una docena de álbumes en directo y recopilatorios, y destAcadas colaboraciones con Carlos Cano, Los Habichuela, Manolo Sanlúcar, Rafael Riqueni, Los Planetas, Óscar Herrero, Miguel Ochando, Omar Faruk Tekbilek, Chambao, Vicente Amigo, la Orquesta Chekara de Tetuán o el pianista Dorantes, entre otros muchos, son claro síntoma de lo prolífico de su obra y de su inquietud cultural e intelectual por profundizar en un arte del que se autoconsideraba «eterno aprendiz». En su carrera hay discos fundamentales como «Cante flamenco» (1967), «Homenaje flamenco a Miguel Hernández» (1971), «Se hace camino al andar» (1975), «Homenaje a D. Antonio Chacón» (1977), «Despegando» (1977), «Cruz y Luna» (1983), «Sacromonte» (1982) o, junto a Lagartija Nick, el memorable «Omega».