"Menú del día"

Leonor y la anormalidad

“Esta época dejará dichos que envejecerán con los clásicos del Siglo de Oro o los cutres de la Movida o de los Felices Noventa”

La viñeta de F. Pastello
La viñeta de F. PastelloLa RazónLa Razón

Santiago Carrillo apodó a Juan Carlos I como «El Breve», convencido de que iba a durar menos como rey que Màxim Huerta como ministro. El tiempo, señor que todo lo puede, demostró el error. El infame Fernando VII pasó a la posteridad como «El Deseado», broma nefasta del mismo señor que tiene eones infinitos que entretener. Porque en castellano el tiempo es masculino; lástima. Aunque con la nueva ley de transexualidad podrá cambiarse de género según se canse. Toda la eternidad es demasiado para no probar. A Carlos II le cayó el de «El Hechizado». Y el pobre hombre resulta que solo era feo, impotente y un poco raro gracias a la afición de sus abuelos a casarse con primas o sobrinas. Los tres dejaron motes para la posteridad durante momentos de crisis en sus regímenes. Por eso cabe preguntarse en estos tiempos de anormalidad generalizada –no sólo democrática, la manía comunista de apellidar a las democracias para desvirtuarlas– si la princesa de Asturias recibirá su apelativo personal. Si su padre se merece uno debería ser «El Ejemplar». Por mucho que suene a apología simplona, es de lo mejorcito que ha visto la corona y Leonor se va a Gales para superarle. Allí no va a disfrutar de sus delicias gastronómicas, pan de pasas o salchichas de hígado, pero lo que seguro que agradece es alejarse de este ambiente, tan espeso que huele a violencia, y que se permite el escarnio donde no toca. Porque la sátira y la crítica siempre valen –que se lo digan a Paquita, el esposo de Isabel II– pero si no es con la elegancia que otorga la inteligencia suele quedar mal. Como el rapero que pide matar a gente en sus conciertos ¿Si en vez de desear la muerte a Aznar, que explote el coche de Patxi López o animar a clavarle un piolet a Bono en la cabeza, lo dijera sobre una mujer, un musulmán o un gay pasaría lo mismo? Esta época dejará dichos que envejecerán con los clásicos del Siglo de Oro o los cutres de la Movida o de los Felices Noventa. Abundio ya es demasiado viejo. Así el gran M.T. «vive mejor que Pablo Iglesias» porque propone en el chat de colegas ir a jugar al golf a Segovia y después comer cochinillo en Torrecaballeros un lunes cualquiera a las diez de la mañana. De A. puede decirse que «su palabra vale menos que la de Pedro Sánchez» porque casi nunca se presenta cuando has quedado con él o cambia el plan a última hora. Quién no conoce a alguien que «es más inútil que un eurodiputado comprando vacunas» o «baila peor que Iceta» o alguna vez le ha pasado que «pinta menos que Puigdemont». En todo grupo hay también algún «Rufián y su impresora», por las perlas que suelta cuando está inspirado. Para un gatillazo, que suena demasiado gráfico, ya puede usarse «he tenido una Declaración Unilateral de Independencia» o «un referéndum catalán». Veremos qué le cae a la princesa. Los de siempre se quejan por el dinero de su educación. Como si gastar en la formación de la futura reina de España fuera un despilfarro. Son más malos que un coronavirus. O que un Echenique.