Perros tristes

«El motivo de no acercarse a ellos es que sólo el 10% de los cánidos están vacunados contra la rabia»

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04 de diciembre de 2018. 18:23h

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Paloma Pedrero 4/12/2018

Cuando llegas a Nueva Delhi por vez primera, muchas cosas te llaman la atención. A mi me impresionó la cantidad de perros tristes que hay por las calles sin que nadie les haga el menor caso. Parecen estatuas calientes con las que ni los turistas quieren una foto. Perros grandes y medianos, flacos y somnolientos; hembras preñadas y otras recién paridas pero sin camada, dormitan entre el ruido de peatones, cláxones, bicicletas y gritos como si nada fuera con ellos. Porque, en realidad, nada va con ellos. Cuentan que en este país los animales, que en muchos casos simbolizan a los propios dioses, son elevados a una categoría sagrada y por esta razón es frecuente encontrar fauna variada vagabundeando por las calles. Pero si esos pobres seres simbolizan algo es la soledad y la peor vida que un can puede tener. Porque los perros están hechos a la medida del hombre y necesitan más los cuidados y las caricias humanas que cualquier adoración inútil. El motivo de no acercarse a ellos es que solo el 10% de los cánidos están vacunados contra la rabia. Y el Hospital especializado en la capital de India, recibe un promedio semanal de 350 afectados de mordeduras animales. Alrededor de la mitad de las víctimas son niños. Uno de cada 143 indios es mordido por perros en su vida. Muchos de estos canes sin vacunar tienen la rabia, ese virus mortífero contagiado por la saliva de mamíferos de sangre caliente. En los humanos, el virus ataca el sistema nervioso produciendo fiebres, parálisis, alucinaciones, agresividad o incluso temor al agua. Existe vacuna previa, pero, una vez infectados, es complicado parar el virus. Los perros de Delhi son buenos, no les he visto ni ladrar, y se movilizan por la noche, cuando no hay gente, para no molestarnos. Ante el desprecio de los humanos y sus gobiernos, solo tienen una protección, su dentellada. Es una pena que el respeto hacia ellos esté en sus fauces. Ni siquiera saben que son mortales. Solo se defienden del desamor.

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