El 75% de las mujeres con trastorno mental perinatal no es diagnosticado

Una de cada cinco madres de todo el mundo puede experimentar alguna enfermedad psiquiátrica durante el embarazo y el posparto

  • En muchos casos, la falta de detección viene dada por el temor de la mujer a ser juzgada como mala madre o estigmatizada por la enfermedad mental / dreamstime
    En muchos casos, la falta de detección viene dada por el temor de la mujer a ser juzgada como mala madre o estigmatizada por la enfermedad mental / dreamstime

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01 de agosto de 2018. 17:21h

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Eva S. Corada Madrid. 1/8/2018

Sensación de tristeza, falta de ilusión, cansancio intenso o dificultad para disfrutar del bebé, que se convierte en una carga difícil de llevar, unido a sentimientos de culpa, son algunos de los síntomas que nos deben alertar de que estamos ante una depresión posparto, un problema que afecta a un gran número de mujeres y que, de no tratarse a tiempo, puede desembocar en problemas mayores e, incluso, afectar al propio bebé.

«El embarazo no es un estado protector para la salud mental de la mujer y el posparto supone una época de más riesgo en este sentido», señala Gracia Lasheras, directora de la Unidad de Salud Mental Perinatal y Reproductiva del Hospital Universitario Dexeus-Quirónsalud de Barcelona. Numerosos estudios científicos ponen de manifiesto que una de cada cinco madres de todo el mundo puede experimentar, durante su embarazo y/o después del parto, algún trastorno mental, siendo los más frecuentes ansiedad y depresión: «El 4% sufrirá un trastorno mental grave y una de cada mil desarrollará una psicosis posparto, siendo el suicidio una de las principales causas de muerte materna durante el primer año después del parto. Y todo ello, independientemente de su edad, país de origen, cultura o nivel económico», asegura la experta.

El motivo por el que esto sucede podría explicarse por las modificaciones que se producen en el cuerpo de la madre. Así, como explica Lasheras, «el gran cambio hormonal acontecido en el posparto puede inducir, en algunas mujeres genéticamente más vulnerables, cambios en los neurotransmisores cerebrales. Otros factores, como haber sufrido depresión previamente, el estrés durante la etapa perinatal y una personalidad o forma de ser marcadamente perfeccionista, también pueden contribuir en su eclosión».

El problema surge cuando, a pesar de la sospecha, no se actúa ante esta circunstancia. De hecho, se estima que alrededor del 75% de las mujeres con trastornos mentales perinatales no es diagnosticado ni recibe el tratamiento ni la ayuda adecuada. El motivo es que «en muchas ocasiones, la falta de detección viene dada por el temor de la mujer a ser juzgada como mala madre o estigmatizada por la enfermedad mental. En este sentido, desde el medio sanitario debemos ejercer una influencia social de desestigmatización de estas enfermedades e información acerca de la alta prevalencia de las mismas», continúa la doctora Lasheras, quien es también presidenta de la Sociedad Mares (Marcé Española de Salud Mental Perinatal).

¿Cómo actuar en estos casos? Lo ideal sería que la mujer lo explique y se lo comunique a su entorno familiar y, a partir de ahí, a su médico de cabecera o especialista en psiquiatría perinatal. Porque, la buena noticia, es que se puede tratar. De hecho, y según la gravedad de la misma, habría abordajes distintos: «Existen dos tipos de tratamiento que han demostrado ser eficaces: la terapia psicológica de orientación cognitivo-conductual y la interpersonal, y el tratamiento farmacológico antidepresivo. En los casos leves, estaría indicado el tratamiento psicológico, y en los moderados o graves se combinan ambos. En caso de precisarse un antidepresivo, se escogerá uno cuyo perfil de seguridad sea compatible con la lactancia materna; se trata de fármacos eficaces y no adictivos que inducirán la mejoría al cabo de dos o tres semanas», explica Lasheras.

¿Y el bebé?

Asimismo, debe también realizarse la evaluación de vínculo madre-bebé por si se está viendo alterado por la depresión de la madre y, si fuera necesario, realizar un abordaje específico para mejorarlo.

Porque la depresión posparto materna no tratada y prolongada, puede alterar la relación o el vínculo de la madre con su hijo. «En estudios longitudinales que abarcan hasta los 18 años de la descendencia, se ha encontrado asociación con trastorno del neurodesarrollo, peor funcionamiento cognitivo y, sobre todo, trastornos conductuales y emocionales (TDAH y depresión), con evidencias en estudios de neuroimagen», asegura la experta.

Y no sólo eso. También puede afectar a la dinámica familiar que, lógicamente, se verá negativamente repercutida. De hecho, la depresión posparto materna constituye el principal factor de riesgo de la depresión paterna en el posparto.

DETENCIÓN SISTEMÁTICA

Aunque los trastornos mentales perinatales afectan principalmente a la madre y al bebé también pueden hacerlo a la pareja y la familia entera incluyendo a los otros hijos. Por ello, los profesionales deben también orientar a la familia en general, sobre cómo apoyar a la mujer en los desafíos que presenta la gestación y les ayuda a prepararse para ejercer una maternidad-paternidad consciente y positiva. La salud mental perinatal es la que se encarga de la evaluación, diagnóstico y tratamiento de los trastornos mentales maternos durante el período preconcepcional, el embarazo, la lactancia y el puerperio, así como también de la salud mental del recién nacido y la calidad del vínculo madre-hijo. Conocedores de este problema, en el Hospital Universitario Dexeus-Quirónsalud de Barcelona ofrecen una detección sistemática de la depresión posparto en todas las mujeres que viven allí su parto, de forma on-line entre los 40-60 días tras el parto.

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