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La calidad quirúrgica marca el pronóstico en cáncer de ovario

Abordar la carcinomatosis peritoneal de origen ovárico resulta fundamental para elevar la supervivencia de las pacientes

  • La calidad quirúrgica marca el pronóstico en cáncer de ovario

Tiempo de lectura 4 min.

07 de mayo de 2018. 20:17h

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Pilar Pérez 7/5/2018

Una de las consecuencias de los tumores ginecológicos, en concreto del de ovario, que afecta a más de 250.000 mujeres en el mundo, es la carcinomatosis peritoneal. Se trata de un tumor localizado en la cavidad abdominal, rara vez primario, sino que frecuentemente se observa en la fase avanzada (metastásica) de un cáncer de ovario. Juanjo Torrent, ginecólogo especialista en cirugía oncológica del Hospital El Pilar-Grupo Quirónsalud y fundador del JTI Surgical Oncology Barcelona, explica que «el 75% de las pacientes con cáncer de ovario desarrollan una carcinomatosis peritoneal».

De momento, no hay ningún método que permita la detección de esta neoplasia de forma precoz, lo que «hace que frecuentemente el diagnóstico sea tardío», apunta Torrent. Al mismo tiempo, explica el ginecólogo «esto es debido a que los ovarios se encuentran en el interior del abdomen, sin ningún tipo de barrera alrededor, lo que permite, sin obstáculos, la extensión por continuidad de las células cancerígenas. Además, el tumor produce síntomas muy inespecíficos (molestias abdominales, hinchazón en la zona...) y por ello el diagnóstico temprano es muy difícil». Por todo ello, resulta fundamental que la opción terapéutica más adecuada para la paciente debetomarse siempre en un comité multidisciplinar.

Abordaje

Torrent comenta que «tenemos varias estrategias para la carcinomatosis peritoneal de origen ovárico. Los mejores resultados se obtienen cuando se aplica cirugía radical (llamada cirugía de citorreducción), en la cual hay que dejar un máximo de 2,5 mm de enfermedad (residuo tumoral) idealmente, o en el peor de los casos, un máximo de 1cm, más la aplicación de quimioterapia intraperitoneal combinada con quimioterapia sistémica (intravenosa)». Debido a que el abanico de opciones es casi tan amplio como el número de pacientes, los médicos buscan recursos para todas, incluso para las que no se pueden operar o son reincidentes. «En los casos inoperables, se ha demostrado este mismo año publicándose en la reconocida revista ‘‘The New England Journal of Medicine’’, que la aplicación durante la cirugía de Hipec (quimioterapia hipertérmica intraperitoenal), beneficia claramente a la paciente, alargando en un año la supervivencia media respecto a las pacientes a las que no se aplica esta técnica».

En lo que a las recaídas se refiere, Torrente apunta que para ellas «también se ha demostrado, en una reciente publicación, que la opción de cirugía más quimioterapia es mejor que la administración de el antineoplásico exclusivo en los casos en los que podemos resecar (extraer) la enfermedad (todos los implantes de carcinomatosis peritoneal)».

Cabe destacar que en la actualidad se estudian nuevos fármacos (entre ellos inmunoterapia) que, aplicados tras una cirugía de citorreducción, ayudarían a tener menos recidivas y aumentar la supervivencia. «Dentro de las técnicas más novedosas, se encuentra la Pipac, que consiste en la aplicación de quimioterapia por laparoscopia (en forma de aerosol), que permite disminuir la toxicidad de la quimioterapia sistémica. La Pipac únicamente se aplica en casos paliativos o en aquellos en los que no se dispone de una alternativa con el antineoplásico sistémico», añade Torrent.

Éxito

Lo cierto es que, como subraya el ginecólogo del Hospital El Pilar, «el factor pronóstico más importante en cáncer de ovario es, sin duda, la calidad de la cirugía de la citoreducción. Se ha demostrado, que a las pacientes a las que se logra dejar sin residuo tumoral, es decir, eliminamos quirúrgicamente toda la enfermedad visible, la supervivencia media llega a los 128 meses, en tanto que si dejamos más de un centímetro, el tiempo de vida pasa a ser de cerca de 35 meses».

Eso hace alusión a lo que Torrent apuntaba como base del abordaje, la multidisciplinariedad de los profesionales con un bagaje muy alto, entrenados y habituados en las técnicas quirúrgicas de citoreducción y una puesta al día fundamental, «para asegurar que estos equipos desarrollen un porcentaje de éxito de alrededor del 80%». Junto a ello, además de las herramientas de cirugía, se ha de conocer cómo y cuándo emplear «la aplicación de quimioterapia en sus diferentes formas (Hipec, Pipac o sistémica), pues ayudará a una mayor supervivencia de las pacientes», concluye Torrent.

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