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Un hospital que cura el odio

El centro médico Hadassah de Jerusalén, en el que son tratadas las víctimas de atentados, tiene una de las tasas más altas de supervivencia en la Unidad de Traumatología

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07 de mayo de 2018. 20:14h

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Goyo G. Maestro 7/5/2018

El profesor Avi Rivkind muestra orgulloso una tabla comparativa que demuestra que el Hospital Universitario Hadassah Ein Kerem, en Jerusalén, presenta una de las tasas de supervivencia más altas del mundo en pacientes con graves lesiones de traumatología. Cirujanos y anestesistas judíos y árabes se entregan, codo con codo, para salvar vidas en el hospital más grande de Jerusalén, en el que trabajan unas 4.000 personas. Rivkind explica que después de muchos años tratando a afectados de atentados terroristas, el hospital ha desarrollado innovadores procedimientos y técnicas para curar a las víctimas con resultados que le han dado fama mundial. Durante la segunda Intifada, uno de cada tres pacientes de la unidad de Traumatología era víctima de bombas.

Hoy la situación en Israel ha cambiado y la mayoría de pacientes de la Unidad de Trauma no son víctimas de explosiones, pero esa experiencia ha convertido Hadassah en una especie de santuario en medicina de emergencia. Entre los avances que se han implantado figuran dispositivos y métodos para frenar hemorragias y mejorar la respiración. Por ejemplo, el hospital usó por primera vez el fármaco NovoSeven, un coagulante administrado a hemofílicos, para salvar la vida de un joven que llegó al centro con una fuerte hemorragia. «También tenemos diferentes modos de ventilación para pacientes con lesión pulmonar por explosión y un enfoque versátil de los catéteres de Foley», asegura Rivkind. Esto explica, por ejemplo, que después del atentado en la maratón de Boston las víctimas fueran tratadas de acuerdo al protocolo seguido en Hadassah, donde muchos médicos americanos han recibido formación.

Rivkind es uno de los cerebros detrás de algunas de las innovaciones médicas en Israel. Fue el médico personal del ex presidente Ezer Weizman y trató al ex primer ministro Ariel Sharon cuando éste entró en coma. Sus abuelos, ucranianos, murieron en el Holocausto, y su padre sobrevivió a los nazis haciéndose pasar por muerto. Pero no todo son historias de éxito en la vida profesional de este cirujano. Uno de los rasgos que presentan muchas de las víctimas de ataques con bomba es una aparente normalidad, sin sangre y sin heridas, que a veces oculta un grave cuadro interno, con órganos rotos por la onda expansiva de la explosión. En 2002, una mujer que sufrió un atentado en un autobús llegó al hospital sin daños externos. Cuarenta minutos después había fallecido. «Hemos desarrollado procedimientos especiales para detectar de inmediato este tipo de lesiones», dice el doctor.

Cuando se le pregunta por el espinoso tema de cómo se trata en el hospital a pacientes terroristas gravemente heridos, responde categórico: «Mi misión es salvar vidas, no importa quién sea. Cuando entran en el hospital da lo mismo si son musulmanes, cristianos o judíos. Para nosotros son sólo pacientes». Pero acto seguido matiza que ese dilema no ha sido fácil de superar para el personal médico del hospital Hadassah. «Existe mucho debate sobre si tenemos que operar a esos pacientes o no. No es algo tan obvio», recalca. Es entonces cuando Rivkind recuerda cómo salvó la vida del terrorista Hassan Salemeh, autor de un atentado contra un autobús en el que murieron 45 personas. «¿Y si traen a un terrorista y a su víctima a la vez? ¿A quién atendería primero?», se le pregunta. Categórico, Rivkind responde una vez más: «Al que esté en peores condiciones». Rivkind se siente orgulloso de curar a muchos pacientes de Cisjordania y recuerda que el enemigo común en el hospital es la enfermedad.

El enfoque que defiende Rivkind no es del agrado de todos. Una vez se le acercó un estudiante árabe indignado y le dijo que «estaba loco» por intentar salvar la vida de los terroristas. El hospital, que se financia a través de donaciones de la organización benéfica israelí Hadassah, ha perdido ingresos precisamente por su política de no discriminación. «Soy muy amable con la gente, pero también puedo llegar a ser muy desagradable cuando me dicen lo que debo hacer con un paciente», asegura el jefe de la Unidad de Traumatología, quien niega que haya recibido presiones del Gobierno israelí en este sentido.

En el hospital Hadassah también trabajan médicos, enfermeras y personal de apoyo palestinos y árabes israelíes y profesionales con otros credos. De aquí salen doctores palestinos bien preparados que después trabajan en hospitales de Cisjordania. El modelo de Hadassah, basado en la cooperación y en la coexistencia, fue reconocido con una nominación en 2005 al premio Nobel de la Paz, y su personal hace gala del lema del centro médico: «Puentes para la paz». El hospital fue fundado en 1912 y en las instalaciones actuales el visitante puede entrar en la capilla del célebre pintor Marc Chagall, donde se conservan las cuatro vidrieras que comenzó a pintar a principios de 1960.

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