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Desde Poniente

Aunque no lo parezca, Cataluña es mucho más que Barcelona, playas y secesionistas. Mi ciudad, Lleida, está en el territorio de Poniente, que, sin embargo, existe más allá de los reinos de fantasía. Y precisamente, en este blog se hablará de realidades, a menudo políticamente incorrectas, que nos afectan a todos.

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Homenaje a Clara Campoamor

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Sobre el autor

Ángeles Ribes

He tenido jefes, he sido jefa de otros y he sido jefa de mi misma, por lo que sé lo que es trabajar duro y dar trabajo. Ciudadana desde los inicios, ahora soy concejala en la adversidad en el ayuntamiento de Lleida y diputada provincial.

El pasado lunes se cumplió una efeméride que desafortunadamente ha pasado bastante inadvertida por los medios de comunicación. Y es que este 12 de febrero se cumplieron 130 años del nacimiento de Clara Campoamor, la mujer que consiguió el sufragio femenino en España.

Hija de un contable y una costurera, la prematura muerte del primero la forzó a empezar a trabajar con su madre a los 13 años. Sin embargo eso no la detuvo: a los 21 años obtendría la plaza de auxiliar de Telégrafos por oposición, a los 27 obtuvo una nueva plaza como profesora de la Escuela de Adultos de Madrid, mientras ejercía de secretaria en el diario La Tribuna. En 1922, a los 34 años, decide concluir sus estudios de Bachillerato, y matricularse en Derecho, convirtiéndose en 1925 en la segunda abogada de España (Victoria Kent se había inscrito en el Colegio de Abogados de Madrid un mes antes).

A partir de ahí daría el salto a la política defendiendo derechos no reconocidos de la mujer y la libertad política. Con el advenimiento de la República se afiliaría al Partido Radical, desde donde siempre fue fiel a los principios de liberalismo y laicidad que ella venía propagando en todos los foros en los que participaba.

En las elecciones de 1931 fue elegida diputada por Madrid (en ese momento las mujeres podían ser elegidas, pero no electoras). Solamente habrían dos mujeres más en ese Congreso de los Diputados. A partir de entonces formaría parte del equipo que elaboró el proyecto de la Constitución de la República, luchando por establecer la no discriminación por razón de sexo, la igualdad jurídica de los hijos e hijas habidos dentro y fuera del matrimonio y el sufragio universal, llamado entonces voto femenino. Lo consiguió todo, excepto este último, que tuvo que debatirse en las Cortes.

En ese momento gran parte de la izquierda no quería que la mujer votase porque se suponía que estaba muy influida por la Iglesia. Sin embargo consiguió que el sufragio universal fuera aprobado por 161 votos a favor y 121 en contra. El motivo de ese éxito recayó principalmente en el discurso de Campoamor, con fragmentos como el siguiente:

“Resolved lo que queráis, pero afrontando la responsabilidad de dar entrada a esa mitad de género humano en política, para que la política sea cosa de dos, porque solo hay una cosa que hace un sexo solo: alumbrar; las demás las hacemos todos en común, y no podéis venir aquí vosotros a legislar, a votar impuestos, a dictar deberes, a legislar sobre la raza humana, sobre la mujer y sobre el hijo, aislados, fuera de nosotras.”

En 1933 no consiguió renovar su escaño y abandonó el Partido Radical por su subordinación a la CEDA (la coalición de partidos de la derecha), pero tampoco encontró lugar en la Izquierda Republicana, que le reprochaba la victoria conservadora de 1933 al haber permitido el voto femenino. No recibió disculpa alguna cuando el Frente Popular (de izquierdas) ganó las elecciones en 1936, donde también participaron las mujeres.

Tras el golpe de 1936 se exilió al temer por su vida. Desde Suiza escribió “La revolución española vista por una republicana”, que publicó en francés y no se ha traducido hasta hace pocos años. En esa obra Clara no sólo se muestra como siempre lo fue, liberal e independiente, sino que proporciona el primer análisis histórico de la Revolución española y de la Guerra Civil y nos da su testimonio directo.

Murió en 1972 en Lausana, a los 84 años. No había podido regresar a España, pero nos legó uno de los mayores avances en materia de derechos sociales, como es la igualdad entre sexos. También nos ha legado la siguiente reflexión: “La división tan sencilla como falaz hecha por el gobierno entre fascistas y demócratas, para estimular al pueblo, no se corresponde con la verdad. La heterogénea composición de los grupos que constituyen cada uno de los bandos (...) demuestra que hay al menos tantos elementos liberales entre los alzados como anti demócratas en el bando gubernamental”.

Sirva de lección para aquellos “demócratas” que pretenden cosificarnos.

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