Por principios

Los valores y creencias son cimientos sobre los que debe alzarse una sociedad fiable con ciudadanos que tienen la legítima aspiración de progresar. En la actividad política los principios adquieren, si cabe, mayor relevancia. No está de moda pero ser coherente, previsible y cumplir con lo que te comprometes con los ciudadanos ha sido el motor de mi trayectoria política y trabajaré para que así siga siendo.

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Debate sano y necesario

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Sobre el autor

Isabel Bonig

Nacida en Castellón de La Plana el 25 de febrero de 1970 es licenciada en Derecho por la Universidad Jaume I de Castellón con la calificación de Premio Extraordinario. Su trayectoria política comenzó en 2003 como asesora del conseller de Presidencia y más tarde y hasta 2007 asesoró al conseller de Cultura, Educación y Deporte. Su primer gran logro fue convertirse en alcaldesa de Vall d´Uixó en 2007 con una mayoría absoluta que revalidó en 2011. Ese mismo año dejó la Alcaldía para encabezar la Conselleria de Infraestructuras, Territorio y Medio Ambiente, puesto que desempeñó hasta 2015. En la actualidad es presidenta del Partido Popular de la Comunidad Valenciana, desde julio de 2015, y Portavoz del grupo parlamentario popular de las Cortes Valencianas.

El debate y la confrontación de ideas es la base del entendimiento y del progreso, una conversación en la que se buscan acuerdos, soluciones o simplemente exponer puntos de vista diferentes estableciendo una dinámica que nos diferencia de otras especies. Y estos diálogos cobran una especial relevancia en periodos electorales como el que ahora encaramos.

El PPCV fue la fuerza más votada en 2015 en la Comunidad Valenciana y el PSOE la segunda y a la vista de las encuestas es más que probable que lo vuelvan a ser en las elecciones autonómicas del próximo 28 de abril. Tienen derecho los ciudadanos a asistir a un debate entre quienes encabezan esos proyectos, en este caso Ximo Puig, y quien les escribe y por eso le he pedido un “cara a cara” en el formato que se decida para analizar los principales retos para los valencianos.

No parece por la actitud del candidato socialista que vaya a poner mucho empeño en que los valencianos puedan conocer sus ideas –aunque ya las hemos sufrido en estos cuatro años– y para mí sería un gran error. Sin perjuicio de que podamos intercambiar ideas con otras fuerzas parlamentarias, el debate entre dos fuerzas con vocación de mayoría además de ser sano parece necesario.

Puig sabe mucho de gobernar de espaldas a los ciudadanos porque es a lo que se ha dedicado toda la legislatura desde el Palau de la Generalitat, desconectándose de la realidad que viven los valencianos y actuando bajo un prisma meramente ideológico e intervencionista.

En el PP hemos seguido, por contra, acercándonos a los ciudadanos e interesándonos por sus problemas, en todos los sectores y capas de la sociedad. Esta labor ha seguido durante cuatro años y permanece ahora que abordamos el tramo final del mandato. Tengo la oportunidad de conversar telefónicamente todas las semanas con los valencianos que quieren contarme sus retos de futuro y las dificultades que encuentran en su día a día.

El diagnóstico ya lo teníamos hecho por el trabajo previo realizado pero estos espacios de encuentro con nuestros vecinos nos reafirman en la urgencia por revertir las políticas nefastas que socialistas, independentistas y enemigos de la Constitución del 78 han practicado en la Comunidad Valenciana desde mediados de 2015.

La libertad de elección de los padres en la educación de sus hijos es una constante en las conversaciones que mantengo con los ciudadanos y también las interminables listas de espera sanitarias con situaciones difícilmente entendibles en una sociedad avanzada como la nuestra.

A Puig quizás no le interesa debatir sobre estas cuestiones pero son las que preocupan a los valencianos, alicantinos y castellonenses: es la vida real, aunque entrar en el terreno del diálogo puede resultar controvertido para alguien que se ha echado en brazos de grupos políticos que sólo aportan inestabilidad.

El paro, la poca calidad de muchos empleos y la situación complicada de muchas pymes también deberían estar sobre la mesa de ese debate, o también las complicaciones añadidas que el Gobierno de Pedro Sánchez ha provocado en el sector de la automoción –la Ford en la factoría valenciana de Almussafes en un claro ejemplo–.

Confrontar posibles soluciones a estos problemas es lo más parecido a la raíz de la democracia pero Puig parece querer huir porque está claro que no las tiene. Si es así los valencianos deben saberlo antes de acudir a las urnas el 28-A porque han comprobado que ni PSPV ni Compromís, ni Podemos van a mejorar sus vidas, en todo caso –como han demostrado– la empeoran.

En ese debate Puig debería mirar a los ojos a los valencianos y decirles que en su programa no está contemplada una bajada de impuestos, ni blindar por ley un tiempo máximo de espera en intervenciones quirúrgicas y tampoco respetar la libertad educativa, lingüística, el fomento del empleo de calidad o el apoyo a los emprendedores.

Este poco interés de Puig por celebrar el “cara a cara” resulta decepcionante, aunque aún tiene tiempo, y lo es porque no planteamos analizar a dos candidatos sino a dos modelos de sociedad, dos formas de entender la política.

El PSOE, como se ha visto en el adelanto de la convocatoria electoral, se ha ubicado en el carril del oportunismo y el partidismo y el PP viaja en el de la cercanía a los ciudadanos y la aplicación de fórmulas que emanan de la propia sociedad.

Nos jugamos mucho. Los españoles en apenas un mes se expresarán en la fiesta de la democracia y estoy convencida de que premiarán la sensatez frente a las aventuras rupturistas. Y eso, claro, es difícil de argumentar en un debate. Si Puig no tiene temor a quedar expuesto es lógico que se haga el remolón pero esa exposición es ineludible para quien se presenta como candidato.

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