Academia de P@pel

En Academia de P@pel, los profesores del Grado en Periodismo de la Universidad a Distancia de Madrid (UDIMA) reflexionan sobre Comunicación y Periodismo. Empeñados, como Goethe, en “no poner palabras donde faltan las ideas”.

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El machismo en la RAE

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Sobre el autor

Álvaro de Diego, Luis Miguel Belda, Yolanda Berdasco, Joaquín Danvila y Víctor Núñez

Luis Miguel Belda (@LuisMiguelBelda). Periodista y profesor de Periodismo. Lo primero, sueño infantil, y ya se sabe que los sueños se cumplen. Lo segundo lleva a lo primero. Joaquín Danvila (@joaquindanvila), profesor de Marketing, ingeniero de formación y con el marketing y lo comercial como pasión. Álvaro de Diego (@DeDiegoUDIMA). Profesor y periodista, empeñado, como Goethe, en “no poner palabras donde faltan las ideas”. Víctor Núñez (@Vic_Nunez_). Víctor Núñez, profesor y director general de SchoolMarket. Pasión por la educación. Yolanda Berdasco (@yolanda_radio) Periodista, filóloga y profesora. La objetividad es una utopía, la honestidad es un deber.

Por Ana Rubio Jordán

A partir de ahora, los hombres son igual de “fáciles” que las mujeres para la RAE. O, al menos, a la hora de prestarse a mantener relaciones sexuales. Con la sombra del machismo planeando sobre la institución (en la que hay 45 académicos y 7 académicas), por fin se ha logrado la modificación de un adjetivo que, hasta el pasado 8 de marzo, se refería en su quinta acepción únicamente a las mujeres.

Fue, precisamente, en el día internacional de la mujer cuando la RAE cambió esta acepción. Sin embargo, fuentes de la institución aseguraron a diversos medios que se trataba de una simple coincidencia y que este cambio en ningún caso era motivado por la manifestación en la que millones de españolas llevaron el feminismo a las calles. Ese día las mujeres hicieron ver que, en su conjunto, no se consideraban ni comprendidas ni valoradas. La persistencia del mensaje, de la reivindicación por sí misma, denota la subsistencia de un problema que aún no se ha resuelto.

A la presión social se han unido las peticiones de numerosas asociaciones, organizaciones y ciudadanos realizadas a través de plataformas tipo Change.org. A finales de enero, los alumnos del instituto Manuel González Pérez, en Santa Cruz de Tenerife, ponían en marcha la campaña #HazloFácilRAE y publicaban un vídeo dirigido a la Unidad Interactiva del Diccionario. En las imágenes, varias alumnas decían "no soy fácil" y sus nombres. Por otro lado, sus compañeros señalaban que "si ella es fácil, yo soy fácil". Con esto pretendían denunciar lo que consideraban un trato discriminatorio hacia la mujer.

Ante las críticas por la polémica definición de “fácil”, calificada de machista y sexista, la RAE asegura no eliminar la acepción para mantener "la línea de no censurar el diccionario". No obstante, un portavoz de la institución alega que el diccionario siempre es revisable y, por lo tanto, no se descarta que la definición pueda revisarse más adelante e incluir una marca explicativa.

Eliminar una acepción del diccionario no es tan sencillo como parece. En su defensa, la RAE argumenta que ellos solo se limitan a reflejar las expresiones en uso, conocidas y utilizadas por toda la sociedad. En opinión de la profesora de Lengua Española del Grado en Periodismo de la UDIMA, Carolina Arrieta, “lo más interesante de todo esto es que la ciudadanía está involucrándose en esta especie de subversión semántica. La gente ya no está dispuesta a cargar con significados en los que no se reconoce, a ser clasificada según semas de los que ya se ha sacudido tras años de luchas sociales. Es una toma de conciencia admirable”.

El pasado diciembre, la RAE se vio obligada a incluir una aclaración en la definición del término sexo débil al referirse al "conjunto de las mujeres". Una vez más, la petición social y una campaña de firmas online abonaron el caldo de cultivo para incluir una modificación al mismo: "Con intención despectiva o discriminatoria". Sin embargo, la institución que dirige Darío Villanueva precisó que el término ya estaba revisado y a la espera de su actualización y que, por tanto, nada tuvo que ver la campaña en internet que recogió más de 195.000 firmas.

Si bien el término seguirá en el Diccionario dado que la RAE explica que “su uso está documentado” (y lo hacen con una ristra de autores que lo emplearon, desde Leandro Fernández de Moratín en 1790, pasando por Espronceda, Gómez de Avellaneda, Pardo Bazán, Clarín, Pérez Galdós, Álvaro Pombo o Carmen Alborch), la marca que especifica un uso discriminatorio es algo muy positivo para Arrieta, puesto que “ya era hora de matizar que quien utilice ‘sexo débil’ para referirse al conjunto de las mujeres está siendo despectivo hacia nosotras, porque las palabras no solo sirven para nombrar realidades; al nombrarlas también las generan”.

Lo que es evidente es que las cuestiones de género viven una nueva era en el trato que les ofrece la RAE. El caso de “sexo débil” se ha convertido en buena prueba de ello. Algo que hasta la fecha se consideraba un simple término para denominar al sexo femenino ha pasado a ser algo peyorativo. Pero todavía quedan bastantes muestras de machismo en muchas de las acepciones que recoge la Academia. Por ejemplo, "mujer de la calle" o "mujer pública". La primera se define, en su segunda acepción, como "la prostituta que busca a sus clientes en la calle" y, la segunda, significa únicamente "prostituta". También es prostituta la “mujer mundana” o la “mujer del partido”. Mientras que la “mujer de gobierno” es la “mujer de su casa” o la “criada que tenía a su cargo el gobierno económico de la casa”.

Bien diferentes son las acepciones en el caso de los hombres: "Hombre de la calle" es una "persona normal y corriente", mientras que "hombre público" define al "hombre que tiene presencia e influjo en la vida social". “Hacer hombre a alguien” no lleva ninguna connotación sexual, sino que significa “favorecerlo mucho o hacerle un gran favor”. Algo discutible sigue siendo el término “cocinillas” que, además de “persona aficionada a la cocina”, viene a definir al “hombre que se entromete en las tareas domésticas, especialmente en las de cocina”. Bueno, al menos siempre podremos echarles con un “iros”, que desde el pasado otoño la RAE acepta como imperativo del verbo ir.

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