Cómo afrontar los efectos psicológicos del confinamiento

La AECC, que atiende en Castilla y León a más de 70.000 personas, presta su servicio de apoyo a la ciudadanía para cuidar el bienestar emocional

Dos personas toman el sol en el balcón de su vivienda en la Plaza Mayor de Valladolid
Dos personas toman el sol en el balcón de su vivienda en la Plaza Mayor de ValladolidRubén CachoIcal

La situación de alarma sanitaria y el periodo de confinamiento por coronavirus está llevando a los castellanos y leoneses a vivir momentos y experiencias de todo tipo a nivel personal, familiar y profesional. En esta situación no es extraño que afloren sensaciones como la apatía, el aburrimiento o la sensación de agotamiento emocional, emociones habituales que suelen agravarse a medida que el confinamiento se alarga; y que incluso, algunas de ellas, pueden perdurar en el tiempo una vez finalizada esta etapa.

Por ello, el equipo de psicólogos de la Asociación Española contra el Cáncer (AECC), una enfermedad que afecta a 73.980 habitantes de la Comunidad, cuya labor está siendo clave para ofrecer atención a pacientes y familiares en estos momentos, ha decidido abrirse al resto de la sociedad y dar algunas pautas de gran utilidad para cuidar del bienestar emocional.

Efectos en el bienestar emocional

La actual situación ha supuesto una ruptura en las rutinas, lo que conlleva que los días parezcan siempre iguales. “De repente, nuestra vida se ha paralizado y hemos tenido que adaptarnos a una nueva situación que nos puede generar ansiedad y estrés. No solo por la experiencia de estar confinados, sino también por las consecuencias de dicho confinamiento”, aseguran desde la Asociación, que pone como ejemplo a aquellos que se han visto afectadas por un ERE o un ERTE, la pérdida del trabajo o la disminución de ingresos mensuales

Confinamiento por coronavirus: ¿Qué efectos psicológicos tiene?

Los estudios más recientes indican que las personas que han sufrido una cuarentena son significativamente más propensas a presentar agotamiento, frustración, ansiedad, irritabilidad, insomnio, poca concentración e indecisión, deterioro del desempeño laboral y rechazo al trabajo o consideración de renuncia.

Los síntomas iniciales del agotamiento emocional son:

  • Cansancio físico o fatiga
  • Insomnio. Por contradictorio que parezca, la población encuentra más problemas para dormir, bien para conciliar el sueño; bien porque se despierta temprano y le cuesta volver a dormir.
  • Irritabilidad, hipersensibilidad a comentarios, críticas o gestos de desaprobación.
  • Falta de motivación e interés por las actividades y el día a día.
  • Distanciamiento afectivo.
  • Dificultades para pensar. 

Consejos para paliar los efectos del confinamiento

“Ahora más que nunca es imprescindible mantener ciertos hábitos para no caer en la dejadez y abandono. Por ello, es muy importante que mantengamos nuestras rutinas de trabajo, de ocio, de descanso o deporte”, apunta la AECC.

  • Las rutinas y los rituales dan sentido a las experiencias: Simples hechos como levantarse y acostarse a la misma hora, comer en un horario establecido o salir a la ventana cada día a las ocho de la tarde cobran mucha importancia en estos momentos.
  • Lidiar con el aburrimiento es clave: Se debe tener en cuenta que el aburrimiento, generalmente, es un estado de ánimo que surge cuando la falta de actividad se percibe de forma negativa. En esta era de la hiperproductividad, la parada de la actividad habitual conlleva que se pueda sentir vacío, sensación de no saber qué hacer o de no estar haciendo nada. Como consecuencia, se puede sentir inquietud e irritabilidad en muchos casos, por lo que es importante dejar de lado los pensamientos de perfección o de cumplimiento.
  • La creatividad es también un estado de ánimo que hay que cultivar: Para ello, hay que ser capaz de enfrentarse al tiempo libre sin angustia. A ello ayuda buscar tiempo para realizar actividades que nos resulten gratificantes, relajarnos, descansar y estar tranquilos.
  • Evita pensamientos catastrofistas: Es importante huir de pensamientos que pueden generar mayores niveles de ansiedad y limitar los recursos para afrontar el día a día. Es mejor centrarse en el presente, sin estar permanentemente conectado e hiperinformado.