“Choca ver cantar con mascarilla, pero es algo que hemos de estudiar”

Los auditorios se preparan para su lenta reapertura mientras adecúan sus salas para ofrecer las máximas garantías de seguridad

Esta semana los auditorios alemanes volvían a abrir y la experiencia ha sido un poco desangelada. Ver la platea a un cuarto de su aforo, con la gente espaciada, no hace más que ofrecer al público un juego de simulación, no una experiencia real. Pero es el camino a seguir en esta “nueva normalidad” y hay que acostumbrarse. Formaciones de pequeño formato ya han empezado a colgar sus actuaciones con los cantantes con mascarillas. “Es algo que choca, pero hemos de ver cómo podremos recuperar nuestra actividad”, señala Joan Oller, director general del Palau de la Müsica.

El gran coliseo modernista se está preparando para volver a abrir a finales de junio, con las visitas, y en julio con los primeros concietos, “siempre recitales con músicos locales, no grandes coros ni orquestas”, asegura Oller. Entre las medidas que se han realizado en la sala de conciertos destacan los arcos de medición de la temperatura a la entrada, que también servirán de contadores de aforo, marcadores individuales para trabajadores y artistas, máquinas de desinfección de ozono o alfombras higiénicas desinfectantes para limpiar los zapatos de posibles restos del temido COVID-19. “Hemos cambiado también el aire acondicionado para que limpien mejor el aire con rayos ultravioletas”, asegura Oller.

Todo cuenta para mejorar la seguridad. Ya no se repartirán programas de mano, las guías serán siempre con auriculares desechables, no se realizarán pausas ni medias partes en los conciertos para evitar aglomeraciones y el público entrará y saldrá de los conciertos por turnos. “Será algo como en los aeropuertos, que el orden de embarque va por filas. Aquí tendremos que hacer igual. Lo cierto es que si el público no tiene la sensación de seguridad, no vendrá”, remarca Oller.

La semana pasada saltaba a la luz pública el caso de la Coral Mixta de Amsterdam que, después de un concierto, 102 de sus 130 cantantes se contagiaron de coronavirus. Y no era un caso aislado, por lo que las medidas de seguridad no sólo pueden limitarse al público, sino también a los artistas. “No contemplamos a corto o medio término la vuelta del Orfeó Català o de los conciertos corales, al menos hasta que haya indicaciones más determinadas. Así que todavía no sabemos cómo y cuándo podrán volver a su actividad”, señala el director del Palau.

Lo que está claro es que para hacer viable la reducción de aforo, los artistas tendrán que ofrecer cada día más de una función por el mismo precio para que sea sostenible económicamente para todas las partes. La nueva temporada, al menos la que va de septiembre a octubre, sólo se vende con un máximo del 50 por ciento de aforo, pero se están preparados para cualquier eventualidad. “Tendremos que ser ágiles porque hemos aprendido que las cosas pueden variar de un momento a otro. Lo cierto es que todos tendremos que poner de nuestra parte para que esto sea viable, tanto los auditorios como los artistas y por supuesto el público”, asegura Oller.

El Palau de la Música presentó ayer las obras de limpieza y restauración del conjunto escultórico de la boca del escenario. Obra de Dídac Masana Majó y Pau Gargallo, muestras desde la cabalgata de las valquirias a bustos de Beethoven o Anselm Clavé. Los trabajos estaban previstos para el verano de 2021, pero como el auditorio está cerrado desde el 13 de marzo se pensó que no había mejor momento que realizar este conjunto de restauraciones. “Sabemos que cuando abramos visitas a finales de junio no tendremos turismo extranjero, así que esta adecuación nos puede servir de reclamo para el público local. Ver limpios estos conjuntos escultóricos es todo un valor”, afirma Oller.