El divorcio explicado en 10 historias para no creer jamás en el amor

Mientras el desconfinamiento dispara las separaciones, Rachel Cusk triunfa con "Despojos" y todavía resuenan los ecos de "Historia de un matrimonio", parece que el mundo está hecho para estar solo

Scarlett Johansson y Adam Driver protagonizaron "HIstoria de un matrimonio"
Scarlett Johansson y Adam Driver protagonizaron "HIstoria de un matrimonio"La RazónArchivo

Es curioso cómo el divorcio crece en las estadísticas, sube hasta acercarse hasta el 50 por ciento de los matrimonios, copa todos los estudios sociológicos, incluso determina afirmaciones como que la era digital favorece “a las relaciones líquidas”, pero lo sorprendente no sea que cómo es posible que el 50 por ciento de los matrimonios duren para toda la vida. De todas las bodas a la que usted ha asistido, la mitad de los novios morirán juntos, ¡juntos! Oh, y seguro que habrá veces que se odien, incluso que fantaseen con la idea de separarse, pero seguirán juntos igualmente y eso, a falta de un nombre mejor, es amor también. Todo los psicólogos hablarán de la plaga de matrimonios fallidos, pero que todavía hoy, en pleno siglo XXI, haya más matrimonios que acaban juntos que separados, eso no lo estudia nadie. ¿Por qué? Eso es lo extraordinario.

El confinamiento ha disparado las separaciones traumáticas en España, como antes lo había hecho en Wuhan. Ahora que ha comenzado la nueva normalidad, los abogados están haciendo su agosto. La convivencia forzada recuerda a los matrimonios de conveniencia, ¿no les parece? Seguro que muchas parejas durante estos largos meses en que convivían las 24 horas del día con su pareja creían ser como un matrimonio ultracatólico del 1830 y se sentían culpables por desear escapar, por no soportar a su pareja, como les ocurría a esos matrimonios de antaño. Seguro que la separación les ha hecho sentir una extraña sensación de vergüenza, de fracaso, como ocurría con las primeras personas que se divorciaron. Es curioso, sí.

El divorcio, sea como sea, está de moda. Si seguimos la lógica de Tolstoi, que aseguraba que todos los hombres felices son iguales pero todos los infelices lo son a su manera, podríamos deducir que todos los matrimonios se parecen y todos los divorcios son diferentes. Sin embargo, ¿lo son? Es decir, ¿son los matrimonios felices y los divorcios infelices? La lógica de Tolstoi podría decir que todos los divorcios se parecen y todos los matrimonios son diferentes. Porque si hay una cosa clara es que, en ficción, todos los divorcios se parecen una barbaridad. He aquí los diez ejemplos más claros:

En el 10 y el 9 tenemos a un pobre director de cine que el divorcio de sus padres trastornó de tal manera que no ha dejado de hacer películas sobre el tema. El señor en cuestión es Noah Baumbach, cuyo aspecto triste da ganas, al verlo, de abrazarlo y consolarlo. En 2005 dirigió “Una historia de Brooklyn” una espectacular y conmovedora película en que reflejaba el divorcio de sus padres, con un Jeff Daniels como su padre, un escritor egoista y egocéntrico que traumatizará a toda la familia con la separación. Para todos aquellos que crean que no hay malos y buenos en un divorcio, esta es su película.

Jeff Daniels y Laura Linney protagonizaban "Una historia de Brooklyn"
Jeff Daniels y Laura Linney protagonizaban "Una historia de Brooklyn"La RazónArchivo

Una década después, como no podía ser de otra manera, Baumbach se divorciaba y escribía la historia de su separación. Netflix le daba el dinero para filmarla y el resultado fue “Historia de un matrimonio”, por la que fue nominado a varios Oscar. Él era Adam Driver y Scarlett Johansson hacía el papel de su ex mujer, la actriz Jennifer Jason Leigh. Al principio, parece una separación amistosa, pero entonces entran los abogados y aquello degenera en desastre. La escena en que él le asegura que sueña con que se muera, que le llamen porque ha tenido un accidente mortal, ejemplifica hasta qué punto la separación degenera el equilibrio emocional de las personas. Quien no llore en la escena final, cuando Driver lee la carta que en su día le escribió su mujer, es que no ha amado y perdido en su vida.

Los paralelismos entre esa película y la siguiente son evidentes. Nos referimos a “Kramer contra Kramer”, a estas alturas un clásico. La película, de 1979, nos enfrentaba a Meryl Streep y Dustin Hoffman en una lucha por la custodia de su hijo. Claro, ella era la mala madre porque había abandonado al niño, pero, ¿lo había hecho? ¿Dejárselo a su padre es abandonarlo? El caso es que después de unos meses de reflexión, la madre volvía y quería la custodia del niño. El punto de vista de la narración estaba construido para que te pusieses de parte del padre y lo hacía tan bien que era inevitable.

Dustin Hoffman y Meryl Streep se deseaban la muerte en la lucha de la custodia por su hijo en "Kramer vs. Kramer"
Dustin Hoffman y Meryl Streep se deseaban la muerte en la lucha de la custodia por su hijo en "Kramer vs. Kramer"La RazónArchivo

En el número siete tenemos a uno de los fenómenos literarios de los últimos meses, el libro “Despojos”, de Rachel Cusk (Libros del Asteroide). En él, la escritora relata su separación en 2009, con dos niños y una vida construida en común que se desmorona prácticamente enterrándola dentro. El relato intentará expresar la búsqueda de una nueva individualidad y la superación de todas sus convicciones anteriores en busca de la libertad necesaria para encontrar esa protagonista de tu propia historia que esperas que te represente con dignidad y orgullo.

En el seis tenemos a la primera de todas ellas, a la más deprimente, si cabe, a la que ponía toda la culpa en los padres que se divorciaban, convencida que eso sería una rémora para toda la vida para los pobres niños. En el caso de Noah Baumbach sí, pero no siempre ocurre igual. Estamos hablando de “Hijos del divorcio” una trágica película de 1927 protagonizado por Gary Cooper y Clara Bow en que la pareja protagonista se separa y la madre dejará a dos de sus hijos en un convento porque se verá incapaz de cuidarlos. El que se quede con ella, por supuesto, no tendrá mejor suerte.

Y no hay final más trágico y conmovedor que “La guerra de los Rose”, o Danny de Vito dirigiendo a la pareja Michael Douglas Kathleen Turner en una tragicomedia con el final más enternecedor, si eres un hombre, que existe. Él, moribundo, le acerca la mano y ella, prácticamente ya inconsciente, se la aparta después de que los dos caigan del techo colgados de una lámpara de araña. Estas historias siempre suelen ponerse en la piel del hombre, es curioso. Siempre buscan un espacio para redimirlos.

Esto es lo que ocurre con “Blue Valentine”, la enésima película de Ryan Gosling en que hace el papel de perro apaleado. Aquí vuelve a hacer de vecino adorable, de hombre cuya única ambición en la vida es estar con su mujer y la hija de ésta, que él ha adoptado como propia. Pero ella no, ella no soportará tanta pasividad, querrá más, y acabará en brazos de un médico. La escena final en que la niña se despide del que siempre ha considerado su padre, pero que no lo es, es de lo más conmovedor de la última década.

Ryan Gosling y MIchelle Williams era la pareja que se rompe en "Blue Valentine"
Ryan Gosling y MIchelle Williams era la pareja que se rompe en "Blue Valentine"La RazónArchivo

En el siguiente libro/película no hay divorcio, pero lo hubiese habido si los tiempos no hubiesen acabado con la pareja de otra forma. Nos referimos a “Revolutionary Road”, la extraordinaria novela de Richard Yates que Sam Mendes, responsable de otro divorcio adelantado de forma trágica como “American Beauty”, llevó al cine con Leonardo di Caprio y Kete Winslet. El que era el regreso de la pareja después de “Titanic” parecía decir a todas las adolescentes que se enamoraron del amor con esa película que ese hubiese sido el final de Rose y Jack. Porque uno puede construir los sueños que quiera en la cabeza, pero también tiene que construir las salidas de emergencia si éstos se derrumban.

Y ya para acabar, hay que mencionar a las grandes novelas que el divorcio y su normalización hubiesen arreglado, como “El despertar”, de Kate Chopin o “Casa de muñecas”, de Ibsen, o “La edad de la inocencia”, de Edith Wharton o incluso “Madame Bobary”, de Flaubert. Porque la tragedia del divorcio nunca es la separación, es la burocracia y la lenta adaptación a unas nuevas costumbres. Como recordaba el ahora denostado Louis C. K., si te divorcias, no es precisamente porque estés bien y seas feliz, sino todo lo contrario. Así que, a celebrar el amor, que a buen seguro nunca ha tenido nada que ver con el divorcio. ¿Alguien ha dicho alguna vez, te quiero demasiado, amor, tenemos que divorciarnos?