¿Habrá Navidad?

La plaza Catalunya de Barcelona tendrá luces de Navidad por primera vez en la historia.Servicio Ilustrado (Automático) AJUNTAMENT DE BARCELONA

El confinamiento del mes de marzo fue como si nos hubieran puesto un muro delante, porque no sabíamos lo que había detrás. El muro sigue ahí, pero el de ahora tiene ventanas, que nos permiten atisbar mal que bien el horizonte.

Por una de esas ventanas vemos pasar cada día a los niños que van camino de la escuela. Nunca está más viva la calle que cuando pasan ellos, por la mañana cargados de sueño y de mochilas y a la tarde con el andar perezoso del que no tiene prisa por llegar a casa. Por ella nos llegan también como un eco lejano el bullicio del patio y la fugaz algarabía que se forma en la puerta a la hora de salir, y no hay música más alegre ni voces que infundan tanto ánimo.

Que los niños no estén encerrados en casa lo cambia todo, y es esta la principal diferencia entre el muro de ahora y el de la pasada primavera. El silencio de las escuelas lo extendía entonces el aire por todas las esquinas y entraba en las casas por cualquier rendija como un soplo de tristeza. Algo que conocen bien los cientos y cientos de pueblos de la España vaciada, en los que primero se cerró la escuela, luego dejaron de oírse voces de niños por la calle y al final se fueron apagando una a una todas las esperanzas.

Nos anuncian que vamos a tener confinamientos para rato, y que el toque de queda va a seguir vigente por lo menos hasta enero, y que las reuniones familiares habrán de limitarse a diez personas.

Son noticias tristes que desaniman bastante, pero, como muy bien saben los niños, los renos de Papá Noel se deslizan por caminos invisibles y en el desierto por el que viajan los Reyes Magos no hay fronteras. O sea, que pase lo que pase habrá Navidad.