Cataluña

Las tres ermitas que todavía sobreviven en Barcelona

Estas capillas son testigos de excepción de una época en la que la capital catalana era poco más que la actual Ciutat Vella rodeada de campos

La ermita de Sant Medir en Collserola
La ermita de Sant Medir en Collserola FOTO: La Razón (Custom Credit)

Suele relacionarse a las ermitas con los pueblos pequeños. Estas capillas, al fin y al cabo, situadas generalmente en zonas despobladas sirven para dar cobijo en invierno al santo o a la patrona de turno que aguardan durante meses a la espera de la romería de turno para salir en procesión.

Originalmente, sin embargo, eran lugares de oración y recogimiento que permitían a un fraile o ermitaño poder cultivar en paz su propia vocación particular. No en vano, estas iglesias están relacionadas con el concepto de eremitorio, lugar en el que habitan uno o más frailes o monjes eremitas, al estilo de los Padres del desierto del cristianismo. Posteriormente, el significado se extendió para incluir capillas, iglesias u otros santuarios, generalmente pequeños, situados por lo común en el campo, y que no tienen culto permanente. Es tradicional en muchas ermitas celebrar misa el día de la festividad del santo bajo cuya advocación estén, pudiendo celebrarse además romerías y festejos en su entorno.

Cuesta imaginar, por lo tanto, ermitas entre el gentío de las grandes ciudades. Barcelona, sin embargo, todavía cuenta con tres ermitas en su término municipal. Dos de ellas, a apenas unos pasos de la parada de metro más cercana. Testigos de excepción de una época en la que la capital catalana era poco más que Ciutat Vella, rodeada de campos y de cuatro o cinco pueblos como Gràcia o San Andrés del Palomar.

La ermita de Sant Cebrià y Santa Justina, también conocida como Sant Cebrià de Horta, es una ermita del barrio de Montbau de Barcelona. La capilla está dedicada a los mártires cristianos del siglo III, san Cebriano de Antioquia y Santa Justina. Los orígenes de la ermita, sin embargo, no están documentados, pero la forma de construcción sugiere una época prerrománica.

Ubicada en medio del bosque en la falda de Collserola. Es una edificación de pequeñas dimensiones, de planta rectangular con tejado a doble vertiente y cumbrera perpendicular a la fachada principal. Al lado de la puerta hay una placa de piedra en recuerdo de la estancia que hizo aquí San Ignacio de Loyola. Por encima hay un ojo de buey y corona la fachada un campanario de espadaña sin campana. El altar está decorado con un notable retablo barroco de madera sobredorada. Las figuras que se ven en la actualidad no son las originales; en el centro se encuentran San Cebrià y Santa Justina y en los laterales San Francisco de Asís y San Ignacio de Loyola. Al lado de la ermita hay un lavadero y el agua que llega es la fuente de Sant Cebrià.

El origen del edificio se situaría entre los siglos XII y XIII. En 1764 se cambió la orientación de la entrada (originalmente mirando hacia Collserola) y tapándola se colocó el retablo actual, detrás del cual están los restos de la antigua escalera de entrada y el rosetón. Tras la desamortización de 1835 la propiedad pasó a manos del marqués de Alfarràs. Desde el siglo XIV una pragmática real prohibía a las órdenes religiosas establecer nuevos conventos dentro de la ciudad de Barcelona. De ahí surgieron fuera murallas los monasterios de San Jerónimo del Vall d’Hebron y algunos otros. Dice la tradición que la ermita fue residencia de san Francisco de Asís, en su supuesto viaje a Santiago de Compostela, y de San Ignacio de Loyola, de paso hacia Tierra Santa. Fray Bernat de Boïl, cuando regresó del segundo viaje a América de Cristóbal Colón, se instaló en Sant Cebrià y presidió una comunidad de frailes mínimos.

La ermita de Sant Medir (San Emeterio) es una iglesia de la sierra de Collserola que, pese a encontrarse en el municipio de Sant Cugat del Vallès, cuenta con más fieles en Barcelona, ya que es el patrón de Gràcia y un par de veces al año los fieles suben desde el barrio a presentar sus respetos al santo.

Está cerca del antiguo camino romano de Égara (Terrassa) a Barcino (Barcelona) que —pasando por Castrum Octavianum (Sant Cugat)— entraba en la sierra de Collserola por el valle de Gausac (o valle de Sant Medir). Es una capilla románica restaurada que mantiene su estructura primitiva. Es una construcción de planta rectangular con bóveda de cañón y está orientada a levante. Por encima de la fachada se levanta un campanario de doble espadaña. Existía ya en 1046 pero documentalmente consta desde 1120. La tradición y el culto empezó en el siglo XI. En 1024 consta la compra de un viñedo y unos bosques situados en el valle de Sant Medir y del establecimiento de un alodio en 1046. Documentos antiguos lo llaman Sant Emeteri, pero se catalanizó “Medir”. En la edad media formó parroquia con San Adjutorio y con San Vicente. Tenía jurisdicción civil el monasterio de Sant Cugat hasta el siglo XIV, que se convirtió en la organización municipal de Sant Cugat. Los monjes lo cuidaron hasta 1446. La popularización de la leyenda de Sant Medir de Barcelona convirtió la ermita en destino de peregrinos. En 1802 se celebró el primer encuentro de Sant Medir ya partir de 1846 se añadieron romerías de la villa barcelonesa de Gràcia. Desde entonces, es el destino de la romería de la Fiesta de Sant Medir cada 3 de marzo.

La más joven de las tres ermitas barcelonesas, Mare de deu de la Salut, da nombre a uno de los barrios de la ciudad, al final de la calle Escorial. A mediados del siglo XIX ésta era una zona rural, con masías esparcidas. Una de ellas, Can Xipreret, era propiedad de Antoni Maria Morera i Colom, que la utilizaba como segunda residencia. Fue él quien, en 1864, decidió erigir una capilla dedicada a la Virgen, muy cerca de su masía. Durante la construcción, surgió una fuente de aguas potables ferruginosas, que se denominó Font de la Salut. Es un edificio sencillo, con una decoración muy austera, limitada de hecho en el portal ojival, de estilo neogótico. Fue quemada en 1936 y restaurada en 1945. En el interior hay un camarín con la Virgen. En 1960 se instalaron unas pinturas decorativas de Carles Llobet y Raurich. Cerca de la capilla había una casa con torreón, construida también en 1864, donde se había puesto un campanario de espadaña, tristemente desaparecida hace años.