Detectada una nueva señal de radio extraterrestre que se repite cada 157 días (y no, no son alienígenas)

El espacio está plagado de fuentes que emiten ráfagas rápidas de radio. Ya conocíamos la fuente 121102 y sus emisiones periódicas, pero ahora sabemos que estas son regulares

Hemos detectado una señal de radio extraterrestre que se repite cíclicamente cada 157 días y a la que llamamos FRB 121102. Pero no, no son alienígenas, lo siento. Y cuando digo que no lo son me refiero a que no hay motivos sólidos para pensarlo. Por supuesto, es una posibilidad que, hasta que descubramos el origen no podremos descartar, como tampoco podemos descartar que se trate de un pangolín espacial disparando rayos de la muerte. En ciencia es muy importante entender esa diferencia entre posible y probable. En este caso, las ráfagas rápidas de radio son un misterio, pero no todas sus posibles explicaciones son igual de factibles.

De vez en cuando se anuncia una nueva detección de ondas de radio extraterrestres, y claro, hay que reconocer que estos conceptos se prestan a titulares sobre hombrecillos verdes. A fin de cuentas, cuando escuchamos “radio” pensamos en una emisora, sus técnicos y sus locutores, una ingeniería y por lo tanto una inteligencia detrás. Por si esto fuera poco, la palabra “extraterrestre” también nos evoca a seres de otros mundos, pero ni una cosa ni otra son precisas, solo fantasía.

Radio Alfa-Centauri

Cuando hablamos de algo extraterrestre significa exactamente eso “extra-terrestre”, fuera de la Tierra. Que un astrofísico hable de objetos extraterrestres, o de señales extraterrestres no implica civilizaciones inteligentes ni mucho menos, solo que el origen de ese objeto o esa señal no se encuentra en nuestro planeta. La luz del Sol, por ejemplo, tiene un origen extraterrestre y nadie se echa las manos a la cabeza.

Por otro lado, el concepto de señal de radio hace referencia a un tipo de onda electromagnética. La luz que podemos ver es otro tipo de onda electromagnética que podemos comparar con un acordeón. Cada onda sería uno de sus pliegues, y la distancia entre esos pliegues, la cual va cambiando, determinará la frecuencia. Cuando los pliegues están bien apretados la frecuencia es mayor y el acordeón lo vemos azul. Pero a medida que lo estiramos reduciendo su frecuencia, el acordeón se va volviendo rojo.

Y claro ahora que el acordeón estirado se ha teñido de rojo ¿qué ocurre si seguimos estirándolo? Podemos conseguir frecuencias incluso más bajas, y si nuestro ojo pudiera detectarlo veríamos cómo el acordeón se tiñe con una señal de infrarrojo. Si lo estiramos más pasaremos a las microondas y de ahí, al fin, a las ondas de radio.

También podemos conseguir frecuencias mayores a la del azul para las ondas electromagnéticas y así alcanzamos la luz ultravioleta, los rayos X e incluso los rayos Gamma. Tanto estas como las frecuencias más bajas son de un origen perfectamente natural, por mucho que nosotros hayamos utilizado sus propiedades para crear sistemas de comunicación, hornos microondas, soláriums o pruebas diagnósticas.

Así que, al igual que nos llega luz visible del Sol, también nos llega radiación ultravioleta, de microondas, etc. En definitiva, tanto el Sol como el resto de los cuerpos extraterrestres emiten señales de radio, ya sean más o menos intensas. Y eso es lo que han detectado los científicos, un lugar en el firmamento donde se ha emitido una enorme cantidad de radiación electromagnética, que llega a nosotros, predominantemente, en las frecuencias que llamamos “radio”.

No es la primera vez

A poco que hagamos memoria, es posible que recuerdes una noticia parecida de principios de año. En ella se hablaba de otra fuente de ráfagas rápidas de radio que se repetía cada 16 días. Concretamente pasaba por 12 días de silencio, seguidos de otros cuatro días en los que emitía entre una y dos ráfagas por hora. Se llamaba FRB 180916 y, una vez más, la prensa sugirió que apuntaba a favor de una posible civilización tecnológica extraterrestre. A fin de cuentas, eso de recibir una especie de señal repetida cíclicamente suena bastante a “mensaje”. En parte porque así es como se envía información cuando no sabes si tu receptor está escuchando. Durante las guerras, por ejemplo, los comunicados enviados a los aliados se repetían en bucle, ya fuera a través de la misma frecuencia, o fragmentado entre distintos calanes de radio.

Incluso si nos ponemos más fantasiosos, en la archiconocida película (y libro) Contact, el mensaje de los alienígenas llegaba de ese modo. Como ondas de radio codificando la serie de los números primos a través de pitidos, una y otra vez, repitiéndose con la esperanza de que, en algún momento, alguien lo escuchara y pudiera interpretarlo. Pero aquí no hay números primos ni nada parecido. Solo intensísimas emisiones de radio, muy fuertes y puntuales, de apenas unas décimas de segundo, como estallidos.

Otro motivo en contra de la hipótesis alienígena es que, no se trata de una o dos ráfagas rápidas de radio, sino de un fenómeno muchísimo más frecuente. Ya que hay cientos de fuentes en el cielo desde parecen haberse originado estos estallidos, ya fuera una única vez, o de forma periódica, como FRB 121102 o FRB 180916. En el caso de las puntuales, los astrofísicos parecen tener una idea relativamente aproximada sobre a qué se deben. Una señal tan intensa, tan corta y aparentemente única, parece tener la firma de una descomunal colisión del tipo que fuere. Quizás fueron dos agujeros negros chocando entre sí, tal vez dos estrellas de neutrones o incluso dos galaxias. Es algo que todavía no sabemos, pero que la nueva astronomía basada en ondas gravitatorias podría ayudarnos a comprender, viendo si las fuentes de estas ráfagas rápidas de radio resultan que también emiten ondas gravitatorias, indicativas de dos cuerpos sumamente masivos que se precipitan uno sobre el otro, cada vez más rápido y con órbitas más pequeñas.

Especulaciones

Por supuesto, también ha habido otras explicaciones. Si hablamos de fenómenos muy energéticos lo más parsimonioso es pensar en lo que ya conocemos, esas colisiones de objetos de cielo profundo, como agujeros negros o estrellas de neutrones, pero si queremos ser creativo el límite está en nuestra imaginación. Por eso hay expertos que coquetean en las entrevistas hablando sobre el resultado de una batalla galáctica, o con disparos de laser con los que se propulsaría a una nave para que despegara de un planeta. Aunque ni siquiera en estos casos, poquísimo probables hasta donde sabemos, se habla de un mensaje, sino de una consecuencia involuntaria del uso de ciertas tecnologías. En cualquier caso, estas explicaciones tampoco resuelven demasiado el problema de la periodicidad y tal vez, su sitio sea un libro del maestro Arthur C. Clarke, y no una nota de prensa.

En este caso, FRB 121102 se repite cada 157 días (67 días de silencio seguido de 90 días de actividad), y esa es la verdadera noticia. Porque FRB 121102 no es nueva, la conocíamos desde hace tiempo y hemos tardado bastante en poder detectar una periodicidad regular en sus emisiones. Ahora podemos intentar comparar su periodo y el de fenómenos familiares, como FRB 1802916 con cosas que sí conozcamos. El problema es que no parece haber muchas hipótesis firmes donde esa periodicidad coincida bien. Por ejemplo, durante algún tiempo se habló de magnetares.

Los magnetares son estrellas de neutrones con un intensísimo campo magnético. Y las estrellas de neutrones son, a su vez, cadáveres de estrellas mucho más masivas que el Sol, que cuando dejan de tener “combustible” para sus reacciones de fisión nuclear, colapsan sobre sí mismas, volviéndose extremadamente densas y condensando el peso de miles de soles en un objeto de unos 15 kilómetros de radio. Para hacernos una idea, un trozo de estrella de neutrones del tamaño de un terrón de azúcar pesaría un millón de toneladas si pudiéramos traerlo a la Tierra (y no se reexpandiera destruyendo todo nuestro planeta, claro).

Pues bien, esas moles tan inimaginables rotan sobre sí mismas como lo hace la Tierra, y eso podría explicar las emisiones periódicas de ondas de radio. El problema es que, si bien nosotros damos una vuelta en torno a nosotros mismos cada 24 horas, los magnetares son incluso más rápidos, acercándose a las dos vueltas por minuto. Se han intentado relacionar con otros movimientos, como la precesión de estos cuerpos, como la precesión. Dicho de forma sencilla, la precesión es un movimiento que podríamos comparar con ese bamboleo de una peonza que está a punto de pararse. Su eje se ha inclinado un poco, y ya no solo rota sobre sí lo miras desde arriba, ese eje también irá girando, como las agujas de un reloj. El problema es que la periodicidad de este movimiento tampoco coincide, ni de lejos.

Otras hipótesis hablan sobre objetos astronómicos con órbitas extrañas o estrellas binarias cuya actividad se influencia mutuamente. No obstante, todavía es muy pronto para decirlo, y aunque estas propuestas son infinitamente más probables que cualquier explicación basada en civilizaciones alienígenas ignotas, no se puede afirmar nada tajantemente. Ni sobre FRB 121102 ni sobre sus hermanas que parpadearon tan solo una vez, pero ¿quiere eso decir que no volverán a parpadear?

Los tiempos de la ciencia

Es fácil que el ritmo de la ciencia desespere a cualquiera. Por rápido que evolucione no siempre consigue saciar nuestras expectativas y nuestra ansia de nuevas respuestas. En parte es por las trabas económicas que viven los grupos de investigación para desarrollar sus trabajos, pero, por otro lado, se debe a algo estructural, y es que la realidad tiene sus ritmos y si queremos observarlo tendremos que armarnos de paciencia, porque no existe ningún botón para acelerar el tiempo.

Y más o menos, esto es lo que ocurre con las ráfagas rápidas de radio, que para saber cómo se repiten y entender que hay tras sus patrones necesitaremos esperar a que vuelvan a emitirse, no una ni dos, sino varias veces. Quién sabe si algunas de esas fuentes que una vez parpadearon con ráfagas rápidas de radio y que tenemos por eventos puntuales, no son también procesos periódicos, pero para los que tendremos que esperar años antes de que se repitan.

QUE NO TE LA CUELEN:

  • Extraterrestre no significa civilización o forma de vida alienígena.
  • Una onda de radio es tan natural como la luz visible de las estrellas.
  • No sabemos qué son las ráfagas rápidas de radio, ni siquiera sabemos cuántas de las que conocemos son realmente periódicas, así que, aunque existen especulaciones interesantes, la ciencia todavía no tiene una respuesta.

REFERENCIAS (MLA):