Sociedad

¿Cómo apagar una estrella 800 mil veces más grande que el Sol? La explicación al misterioso oscurecimiento de Betelgeuse

Parecía que Betelgeuse iba a dejarnos, pero su brillo ha vuelto y ahora creemos saber por qué.

Fotografía mostrando parte de las estrellas de la constelación de Orión. A la izquierda Betelgeuse con su tono rojizo y a la izquierda Bellatrix.
Fotografía mostrando parte de las estrellas de la constelación de Orión. A la izquierda Betelgeuse con su tono rojizo y a la izquierda Bellatrix.Rogelio Bernal AndreoCreative Commons

Antes de que la pandemia llenara los titulares había otra noticia científica que traía preocupados a los periódicos. No tenía nada que ver con virus, medicina o medicina siquiera. La historia iba sobre astrofísica y parecía tratarse de una estrella moribunda. Un monstruo 800 mil veces más grande que nuestro Sol que estaba llegando al final de su vida y que parecía estarse apagando.

Su nombre es Betelgeuse y su brillo había caído tanto que era apreciable a simple vista. No faltaron las voces sugiriendo que estaba a punto de convertirse en una supernova. Otros lo llevaron más si cabe al extremo y sugirieron que la explosión de una estrella tan masiva sería tal que podría dañarnos a nosotros, que estamos a unos 725 años luz de ella. Por supuesto, nada de esto ha sucedido y ahora, al fin, parece que hay una explicación solida sobre por qué pudo haber descendido tanto el brillo de Betelgeuse.

Un mínimo histórico

En astronomía suele hacerse difícil imaginar las escalas. Cuando hablamos de una estrella supergigante roja. Su diámetro es de unos 1.234 millones de kilómetros. Podríamos decir que es como ir un millón y medio de veces de Madrid a Murcia y otro tanto de Murcia a Madrid. El problema es que sigue siendo tan poco intuitivo como decir que tiene 800 mil veces el tamaño de nuestro Sol. Tal vez, la comparación más visual sea decir que, si pusiéramos a Betelgeuse en el centro de nuestro sistema solar, su superficie rozaría a Júpiter y nosotros, por supuesto, estaríamos bien hundidos en sus profundidades.

Ese es el descomunal tamaño de la estrella que, sin embargo, tiene solo 20 veces la masa de nuestro Sol, apuntando a que su densidad es notablemente baja. El motivo es que se trata de una estrella vieja, una estrella que ha vivido rápido y brillado mucho, pero que ahora tiene cerca su final. Ha sido la novena más brillante del cielo nocturno y la segunda de su constelación, el cazador Orión, reposando sobre su hombro derecho. La constelación es tan reconocible que cualquiera puede identificarla incluso en los cielos más contaminados y Betelgeuse, con su tamaño y su brillo, es tan llamativa que su color rojo puede distinguirse a simple vista.

Todo esto ha hecho de Betelgeuse una estrella especialmente carismática y precisamente por eso fue tan sonado que se estuviera apagando. Su brillo se redujo tanto que era notable al ojo desnudo, sin telescopio ni prismáticos. Comenzó a apagarse en otoño del año pasado y lejos de moderar su oscurecimiento, este siguió hasta alcanzar mínimos históricos. Por un lado, es normal que Betelgeuse cambie su brillo, no en vano se trata de un tipo de estrella llamada “variable”. Y, de hecho, sabemos que pasa por ciclos de 420 días donde su brillo fluctúa periódicamente. No obstante, que a mediados de febrero hubiera atenuado su brillo hasta alcanzar un 30% de lo normal era, sin duda alguna, una anomalía que se salía del ciclo de 420 días. Tenía que estar sucediendo algo más.

Como hemos dicho, Betelgeuse está vieja y tiene la masa suficiente para convertirse en una supernova en lo que los astrónomos calificarían como “poco tiempo”. Esto, sumado a que no sabemos qué suele suceder exactamente antes de que una estrella pase a supernova más allá de lo que los modelos sugieren, fue suficiente para que algunos clamaran que estábamos ante los últimos momentos de vida de la supergigante roja. Últimos momentos que, en realidad, habrían acontecido hace 725 años, que es el tiempo que habría tardado esa luz atenuada en llegar hasta nosotros.

El problema es que lo que los astrónomos llaman “poco tiempo” no suele serlo para nosotros. Toman como referencia tiempos astronómicos, miles de años es apenas un suspiro para ellos. Por lo que no, por poco tiempo que le quede a Betelgeuse es poco posible que vaya a convertirse en supernova durante lo que a cualquiera de nosotros dos nos queda de vida.

En cualquiera caso, y para tranquilidad de muchos, Betelgeuse volvió a recuperar su fulgor hacia mayo del presente año. Lo cual nos devolvió el cielo que conocíamos, pero nos dejó también el regalo de la duda sobre qué pudo producir el extraño evento de Betelgeuse.

Respuestas triviales a preguntas sofisticadas

Algunos astrónomos plantearon que la respuesta podía estar en un segundo periodo. Una variación de su brillo que pasaba por periodos mucho más largos que la que ya conocíamos y que, tal vez, había coincidido su mínimo con el de los 420 días. Como esta explicación hubo otras tantas que sugerían que el menor brillo se debía a, por un motivo u otro, un enfriamiento de la superficie de la estrella. Sin embargo, había otra explicación posible que se ha visto reforzada tras los últimos datos del equipo de Andrea K. Dupree, quienes han estado estudiando el brillo de Alpha Orionis durante el último año, que así se llama científicamente Betelgeuse.

Analizando la radiación ultravioleta (luz invisible para nuestros ojos, pero mucho más energética que la que entendemos como “colores”) vieron un gran aumento del brillo de Betelgeuse entre septiembre y noviembre del año pasado. Aparentemente esto se debía a que su fotosfera, una de las capas de la atmósfera estelar, se estaba expandiendo. Un evento que también coincidía con el aumento de la radiación infrarroja emitida por la estrella (una vez más, luz no visible, pero en este caso menos energética que los colores).

Representaciones artísticas de la eyección de masa de Betelgeuse y su posterior condensación formando una nube de polvo. FOTO: NASA | ESA | E. Wheatley Creative Commons

Este aumento del brillo parece especialmente notable en el hemisferio sur de la estrella y hace sospechar que, al seguir expandiéndose, parte de su masa pudo salir eyectada al espacio a gran velocidad. De hecho, esto es compatible con los datos recogidos y que (de forma más modesta) pasa constantemente en la mayoría de las estrellas. Al alejarse a miles de kilómetros de Betelgeuse, es esperable que el plasma y gas expulsado empezara a enfriarse, como una gota salpicada desde una olla al fuego. Al perder temperatura, esta materia se convertiría en una gran nube de polvo y, en lugar de brillar como a principios de otoñó de 2019, iría eclipsando el brillo de Betelgeuse.

Y claro, del mismo modo que llegó la nube, con el tiempo terminó por irse, abriendo los cielos de nuevo al brillo de Betelgeuse. O dicho de otro modo: Si Betelgeuse no brillaba lo suficiente no era porque fuera a volverse supernova ni por complicados ciclos interfiriendo entre sí, sino, simplemente, porque las nubes no nos dejaban ver el sol.

QUE NO TE LA CUELEN:

  • La explicación no solo es bonita, sino elegante y plausible. No obstante, no podemos tomarla como la explicación definitiva. Falta información y, como podemos intuir, hace falta tiempo y personal para analizar toda la información recogida durante 2019. La vertiginosa velocidad a la que nos tiene acostumbrados el coronavirus no es la norma en ciencia, al menos no tal y como están las cosas.

REFERENCIAS (MLA):