La periferia de la Vía Láctea podría ser habitable

Hallan moléculas orgánicas en regiones lejanas de nuestra galaxia, donde hasta ahora se pensaba que no podían existir

Imagen de la Vía Láctea
Imagen de la Vía Láctea

Científicos de la Universidad de Arizona han anunciado, en el seno de la reunión anual de la Sociedad Americana de Astronomía, el hallazgo de trazas de moléculas orgánicas en nebulosas planetarias lejanas, con un detalle y una resolución nunca antes logradas. Para ello, se han valido de las imágenes obtenidas por el telescopio ALMA, en Atacama, Chile. En concreto, han sido capaces de identificar emisiones compatibles con la existencia de cianuro de hidrógeno y monóxido de carbono en cinco nebulosas. El hallazgo es de gran importancia porque la comprensión de cómo se forman y evolucionan este tipo de moléculas es clave para entender el origen de la vida y la probabilidad de encontrar zonas habitables en otros rincones del cosmos.

Las nebulosas planetarias son objetos brillantes que se generan al final de la vida de cierto tipo de estrellas. De hecho, la mayor parte de los astros que hay en nuestra galaxia acabarán sus días de ese modo. Nuestro Sol también lo hará.

Hasta ahora, una explicación bastante consensuada sobre la muerte de las estrellas ha propuesto que, a medida que los astros de tamaño mediano pierden su capacidad de producir grandes cantidades de energía interior, expulsan parte de su masa al entorno que los rodea y se van empequeñeciendo hasta convertirse en una estrella enana blanca. En ese momento, las grandes cantidades de radiación ultravioleta que escupen rompen todas las moléculas que encuentran a su paso y las reducen a simples átomos. El espacio interestelar es, así, un lugar en el que difícilmente deberían encontrarse moléculas de la complejidad de las ahora halladas.

Pero el descubrimiento anunciado ayer dibuja un panorama muy diferente. El hallazgo de cianuro de hidrógeno y monóxido de carbono demuestra que ese espacio interestelar en teoría inerte en realidad está regado de componentes que forman parte de los ladrillos constructivos de nuevas estrellas y planetas y que incluso llevan las bases primitivas de la vida. De hecho, este espacio entre estrellas moribundas aporta el 90 por 100 del material para producir nuevas estrellas. Se trata de una especie de planta de reciclado donde el ciclo estelar vuelve a nacer.

El hecho de que en él se encuentren, no solo átomos disgregados, sino moléculas orgánicas permite que el proceso de nacimiento de nuevas estrellas sea mucho más acelerado. En otras palabras, el descubrimiento ha abierto una ventana nueva para el conocimiento de uno de los enigmas más recurrentes en astronomía: cómo funcionan realmente las “guarderías” de estrellas del medio interestelar donde procesos químicos y físicos de complejidad increíble permiten que espacios inocupados se llenen de embriones de nuevas estrellas que, en el futuro, acogerán la formación de planetas y, quién sabe, de vida en algunos de ellos.

Precisamente para el estudio de la posible evolución de la vida tiene una especial importancia un segundo hallazgo comunicado ayer. Y es que investigadores del mismo grupo han detectado moléculas orgánicas también en las afueras de la Vía Láctea, a una distancia que duplica lo que hasta ahora se consideraba “zona habitable de la galaxia”. Se entiende como tal al círculo en el que se considera que es probable que surjan las condiciones para la vida y que tiene que ver con la presencia de algunos elementos pesados, la densidad de sucesos catastróficos como las supernovas y otros factores químicos. Las galaxias más grandes tienen, como es lógico, una zona habitable mayor. En el caso de la Vía Láctea (que es una galaxia de tamaño no muy grande) se pensaba que la zona de habitabilidad se extiende en un anillo de unos 33.000 años luz desde el centro galáctico, del que quedan excluidas las regiones periféricas. Pero la constatación de que existen moléculas orgánicas también en los bordes de la galaxia puede cambiar el modelo hasta ahora asumido.

Siempre se ha pensado que para un planeta sea habitable debe situarse en una región de su galaxia que no esté demasiado cerca del centro donde existe demasiada densidad estelar y demasiada radiación, ni demasiado lejos de él para no adentrarse en regiones donde no hay suficientes moléculas fundamentales para la vida como el oxígeno, el carbono o el nitrógeno.

Los autores del hallazgo han rastreado regiones galácticas externas a esa zona teórica y han hallado restos de moléculas como el cianometano y otras similares que se sabe que son cruciales para formar biomoléculas. Algunas teorías apuntan a que estas moléculas son imprescindibles en los primeros pasos de la formación de la vida. Cuando se encuentran en abundancia en los alrededores de una estrella joven, al tiempo que a su alrededor están empezando a formarse planetas, estas moléculas pueden condensar en la superficie de rocas inmaduras como los asteroides y terminar depositándose millones de años después en un planeta que albergue las condiciones para ser habitable. ¿Es eso lo que ocurrió en la Tierra?

Esa es la idea más plausible sobre el origen de la vida en nuestro mundo. El hecho de que estas condiciones puedan encontrarse en regiones mucho más grandes de lo que hasta ahora se pensaba, incluso en la periferia de nuestra galaxia, aumenta las probabilidades de que la vida surja o haya surgido más de una vez.