Sociedad

¿Y si viene un cometa? Verdades y mentiras de “No mires arriba”

La NASA cuenta con un Plan de Acción para protegernos de los objetos cercanos a la tierra, aunque se centra más en la vigilancia que en otra cosa

Leonardo DiCaprio y Jennifer Lawrence en un fotograma de "No mires arriba"
Leonardo DiCaprio y Jennifer Lawrence en un fotograma de "No mires arriba" FOTO: Netflix Netflix

La película de estas navidades está siendo poco navideña, apocalíptica incluso. Hablamos de “No mires arriba”, una producción de Netflix dirigida por Adam McKay y protagonizada por Leonardo DiCaprio y Jennifer Lawrence. Una historia diferente sobre un tema no tan original: la llegada de un asteroide destructor de mundos. En tono de sátira (más burlona que analítica), el filme nos muestra cómo los dos científicos protagonistas, los primeros en detectar el peligro, son ninguneados, manipulados y tomados por locos. Académicos que no consiguen hacerse entender en lenguaje llano, un clásico más real de lo que nos gustaría. Nos muestran un gobierno incompetente, unos medios de comunicación obsesionados por el click y un empresario multimillonario con tantas toneladas de carisma como de ego. En resumen: nos dan todo aquello de lo que las redes se quejan. Tengan razón o no, en todo ello se huele cierto populismo y unas gotitas de “fan service” para científicos y activistas, tal vez.

Y es que hay otras cosas que fallan, y no solo por falta de rigor científico, sino por una desconexión con la realidad en pos del argumento. Personajes como los políticos encarnados por Meryl Streep y Jonah Hill son una caricatura imposible y que un cometa gigante impacte contra la Tierra no es tan descabellado como imaginar que la prensa rechace los titulares apocalípticos que tantas veces han forzado, como ocurre en la película. Por supuesto que estamos ante una metáfora y que el largometraje no habla de un peligroso cometa que negamos hasta que ya es demasiado tarde, habla de nuestra relación con el cambio climático y con otras catástrofes que decidimos ignorar hasta que se abalanzan sobre nosotros. Pero no parece que todos hayan captado esos matices y el resultado es gente preocupada por la posibilidad de que un cometa se acerque y nadie mueva un dedo. Por suerte, lo que nos muestra la película es ficción. Ahora empieza la realidad.

Un plan de 5 puntos

En la película Rob Morgan interpreta al jefe de la Oficina de Coordinación de Defensa Planetaria de la NASA, un cargo real en una institución real fundada en 2016. Hace tiempo que conocemos el poder destructor de estos objetos que pululan por el espacio y cada vez descubrimos más. Tenemos la capacidad de calcular sus trayectorias y predecir con gran exactitud dónde se encontrarán en un determinado tiempo. El siguiente paso estaba en bandeja, coordinar a los departamentos y expertos de distintas universidades que se estuvieran ocupando de estos temas. De ese modo, podría sistematizarse el trabajo y tener controlado nuestro vecindario espacial. Porque a falta de uno, tenemos a muchos equipos vigilando por nuestra seguridad.

Y, para entender el estado actual de este problema, la forma más completa y simplificada de comprenderlo es tomando como ejemplo del documento de Estrategia y Preparación ante Objetos Cercanos a la Tierra. En él, la NASA plantea 5 pasos fundamentales para gestionar un futuro impacto.

PUNTO 1: “Mejorar las capacidades de detección, seguimiento y caracterización de los objetos cercanos a la Tierra”. En todo momento hay telescopios mirando al cielo y cualquier objeto extraño es rápidamente catalogado por astrónomos, ya sean profesionales o amateurs. Si hay un asteroide o un cometa peligrosos, posiblemente no tengamos problema en localizarlo, sobre todo con el progreso de las tecnologías empleadas para ello.

PUNTO 2: “Mejorar la modelización, la predicción y la integración de la información sobre los objetos cercanos a la Tierra”. Y es que no todo es detectar, hay que tomar medidas de su velocidad y trayectoria para calcular si colisionará con la Tierra en los próximos 100 años, por ejemplo. Aunque hay expertos que se encargan de hacer estos cálculos por su cuenta, desde 2002 existe el CNEOS (Centro de Estudios de Objetos Cercanos a la Tierra). Ni ellos ni ninguna institución han encontrado colisiones futuras al estudiar las órbitas de los cometas, asteroides y meteoroides conocidos.

PUNTO 3: “Desarrollar tecnologías para misiones de desviación e interrupción de NEO”. Si bien detonar un asteroide con bombas nucleares es una idea, no es ni de lejos la mejor. La construcción de un láser que vaporice la vanguardia del objeto y ayuda a frenarlo también se valora, pero tiene un coste energético que no sabemos cómo saciar. Posiblemente, la idea con más papeletas es la que podrá en práctica la misión DART durante 2022, que acaba de ser lanzada en un viaje para colisionar con Dimorphos, el pequeño satélite del asteroide Didymos. La idea es desestabilizar a Dimorphos para cambiar ligeramente la trayectoria de Didymos. No hay peligro en este caso, es solo una prueba de desvío, un primer paso para hacer real este tercer punto del plan.

PUNTO 4: “Aumentar la cooperación internacional en la preparación de los NEO”. Porque si el peligro tiene implicaciones globales, la información y las decisiones también deben ser globales, no solo de unos pocos países poderosos.

PUNTO 5: “Fortalecer y ejercitar rutinariamente los procedimientos y protocolos de acción en caso de impacto de un NEO”. Desgraciadamente, todavía queda mucho por pulir y definir, sobre todo del punto 3, por lo que no está de más este remate del plan de acción, recordando todo lo que nos queda por trabajar e insistiendo en que se reevalúen nuestros protocolos periódicamente.

Este es, a grandes rasgos, el estado de las cosas, y poco importan otras licencias de la película, como que un cometa (mayormente formado por hielo), contenga tal cantidad de metales preciosos, o que podamos desarrollar una misión desde cero en menos de seis meses. De hecho, sabemos que la clave para desviar uno de estos objetos estará en la antelación, no de meses, sino de años, y tenemos la tecnología para jugar con ese margen. Tal vez debamos insistir en que la película es alegórica, que su valor es independiente del rigor de su literalidad y que da buena cuenta de algunos fenómenos sociales que ya vemos respecto a otras catástrofes, como el cambio climático y la pandemia.

QUE NO TE LA CUELEN:

  • Que una peli no sea adalid del rigor científico, por sí solo, no significa absolutamente nada sobre su calidad cinematográfica. Sin embargo, ha lugar a un análisis científico, porque el cine sigue siendo uno de los contactos más estrechos que la población tiene con lo que creen que es la ciencia.

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