Sociedad

Las abejas no pueden oler las flores por la contaminación

Un estudio pionero de la universidad de Reading muestra que una mayor concentración de contaminantes atmosféricos supone una menor cantidad de visitas de insectos polinizadores a las flores que dependen de ellos.

Una abeja impregnada con el polen de una flor
Una abeja impregnada con el polen de una flor

Lo primero que nos suele venir a la cabeza cuando pensamos en un campo con flores es la brisa cálida de alguna primavera, las vistas que teníamos desde la ventanilla de aquel viaje en tren o el trino de los pajarillos que revolotean alrededor. Pocos pensamos en todo ello sería insostenible sin los insectos polinizadores. Así que voy a intentar aportaros una nueva forma de entender estos campos.

La verdad sobre la naturaleza.

Desde un punto de vista más pragmático, las flores no son más que los genitales y caracteres sexuales secundarios de las plantas expuestos en una sesión de exhibicionismo que dura entre unos días y pocas semanas. Durante este tiempo limitado existe un trasiego de insectos y otros animales que se acercan a estas flores atraídos por tanta exuberancia y por la posibilidad de alimentarse de los dulces néctares que tienen escondidos en los lugares más recónditos de la flor.

Y esto último no es baladí, ya que la dificultad para acceder al néctar suele exigirles atravesar el lugar donde se encuentran los granos de polen de las plantas. En el interior del polen se encuentran los gametos, es decir, las células necesarias para la reproducción, y esta estructura que sirve de protección, también tiene otra función clave. Si observaremos los granos de polen de las plantas que dependen de mensajeros, podremos maravillarnos con las complejas formas que les permiten adherirse a los cuerpos de sus portadores. Así, cuando estos últimos marchan o levantan el vuelo para seguir alimentándose, llevan como polizones miles de granos que podrán fecundar a la próxima flor con la que se tope el polinizador... o en el caso de una planta carnívora pueden no salir nunca.

Cómo hacer llegar el mensaje

Ahora bien, para que comience todo este proceso perfectamente orquestado primero se han de encontrar los polinizadores y las flores. Para que esto ocurra, millones de años de evolución y selección natural han creado las herramientas más variopintas como la inabarcable gama de colores, olores y formas que podemos percibir. Aunque me gustaría señalar que esto no es todo, nunca está de más añadir que los colores florales se expanden mucho más lejos de lo que nosotros podemos ver. Los pétalos de una flor aparentemente sencilla pueden contener patrones y dibujos que se observan en otras longitudes de onda (luz no visible), y son un espectáculo del que los polinizadores disfrutan a diario, pero nosotros únicamente tenemos constancia que existen gracias a técnicas avanzadas de óptica.

Ahora bien, como hemos nombrado anteriormente, los colores no son la única forma de atraer a los insectos, si no que los olores de las flores juegan un papel crucial en este encuentro. Las moléculas que detectamos con nuestro olfato son compuestos volátiles que flotan en el aire y pueden ser arrastradas cientos de metros. Gracias a esto, nosotros podemos encontrar un restaurante que no vemos por el inconfundible olor a croquetas recién hechas y los polinizadores pueden encontrar un campo florido.

Interferencias en la señal

Sin embargo, un estudio realizado por científicos de la Universidad de Reading, el Centro de Ecología e Hidrología del Reino Unido y la Universidad de Birmingham nos muestra que la presencia de contaminantes como ozono o partículas derivadas de la combustión del diésel dificulta considerablemente que los polinizadores encuentren estas flores. Este trabajo, publicado en la revista Environmental Pollution, es pionero en su campo ya que anteriormente no se había medido el impacto negativo de los contaminantes atmosféricos comunes en la polinización en el medio natural. Para llevarlo a cabo, utilizaron concentraciones de contaminación equivalentes al 40-50% de los límites definidos actualmente por la legislación estadounidense como seguros para el medio ambiente. Sin embargo, los resultados de las muestras de las flores de campo indicaron la presencia de hasta un 70% menos de polinizadores, un 90% menos de visitas a las flores y una reducción general de la polinización de hasta un 31%. Todavía se requieren más estudios al respecto, pero se cree que esta reducción se produce porque los contaminantes producen cambios en la estructura molecular de los compuestos volátiles que forman los olores e impiden que los polinizadores los detecten.

Como afirma el Dr. Robbie Girling, catedrático de Agroecología de la Universidad de Reading, e investigador principal del proyecto: “Sabíamos por nuestros anteriores estudios de laboratorio que los gases de escape del diésel pueden tener efectos negativos sobre los insectos polinizadores, pero estos efectos fueron mucho más dramáticos de lo que esperábamos”. Y, como afirmó también El Dr. James Ryalls, investigador del Leverhulme Trust de la Universidad de Reading, que ha llevado a cabo el estudio: “Los resultados son preocupantes porque estos contaminantes se encuentran habitualmente en el aire que respiramos a diario. Sabemos que son perjudiciales para nuestra salud, pero la importante reducción que hemos observado en el número y la actividad de los polinizadores muestra que también afecta significativamente los ecosistemas naturales de los que dependemos.

La naturaleza es un sistema increíblemente complejo y contiene tantas variables que es imposible tenerlas todas en cuenta. Poco a poco, con estudios como estos intentamos comprender el mundo que nos rodea y, también poco a poco, aprendemos a minimizar nuestros efectos negativos sobre el mismo.

QUE NO TE LA CUELEN

  • No solo las abejas se encargan de polinizar las flores, muchos otros insectos y animales también realizan esta labor. Es más, estos polinizadores no tienen por qué ser voladores. Por poner algunos ejemplos, las mariposas, hormigas, colibríes, escarabajos y otras muchas especies también liban de las flores y llevan consigo polen de un lugar a otro.
  • Los órganos reproductores de las plantas con flor son los estambres (en cuyos estambres se produce el polen) y el pistilo (donde ha de entrar el polen para la fecundación). Los pétalos, sépalos y el resto de la flor son caracteres sexuales secundarios que han coevolucionado con los polinizadores para ser más atractivos o que el hombre ha ido seleccionando artificialmente por sus formas y colores.

REFERENCIAS (MLA)