Las “ballenas del aire” pueden volar 10 meses sin detenerse

Imagina un pájaro capaz de vivir durante meses sin posarse, alimentándose de aeroplancton y utilizando la ecolocalización.

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La vida surgió en el agua, pero ese no sería el final de su viaje. Con el tiempo se atrevería a pisar tierra firme y no mucho después, los primeros insectos colonizarían los cielos. Existen serpientes capaces de aplanar sus costillas para planear, como cintas que caen entre las frondosas copas de la selva. Hay mamíferos que se deslizan por el aire de tronco a tronco, como los colugos, pero si buscamos a los verdaderos dueños del cielo tenemos claro dónde encontrarlos. En las aves la excepción se ha convertido en la norma y ahora, lo raro para ellas es no volar, aunque no todas lo hacen igual.

Han tenido millones de años para adaptarse al aire y eso significa que cada una ha desarrollado un estilo diferente. Las rapaces planean con las alas bien abiertas, los colibríes las baten a velocidades de vértigo y se dice que los patos son poco elegantes. Pero en ese viaje ¿ha surgido alguna especie completamente adaptada al vuelo? Un ave que apenas toque el suelo y pueda pasar volando tanto tiempo como quiera, un verdadero rey de los cielos.

Imaginemos

Es probable que hayas oído hablar del charrán ártico (Sterna paradisaea). Sus migraciones son de récord, cubriendo la distancia que separa el polo norte del polo sur, no una, sino dos veces al año. No obstante, no es lo que estamos buscando, pues a medio camino se ven forzados a descansar cerca de un mes para recuperar fuerzas antes de continuar el agotador viaje. Lo que nosotros tenemos en mente tiene que poder volar sin pausa y eso significa estar completamente adaptado al aire. Por lo general, alimentarse, dormir y reproducirse son los grilletes que les atan al suelo, pero no sería descabellado imaginar un ave capaz de hacer todo eso durante la marcha. Buscamos el equivalente a una ballena de los cielos. Un animal que ha olvidado su pasado terrestre para adaptar cada aspecto de su vida al océano. ¿Es viable algo así?

Puede parecer imposible, pero vayamos por partes. La cópula de las aves suele ser fugaz, apenas un contacto entre sus cloacas, y eso hace que sea relativamente asequible que tenga lugar durante del vuelo. En cuanto al alimento, el aire está repleto de comida, solo hay que saber captarla. Igual que el océano tiene minúsculos seres vivos flotando en él a los que llamamos plancton, el aire tiene su propio aeroplancton. Un ave con una boca suficientemente grande podría alimentarse de él, engulléndolo a medida que vuela, como si su pico fuera un embudo. Beber, sería notablemente más fácil y podría resolverse volando a ras del agua y sumergiendo ligeramente el pico en ella. En cuanto a dormir en pleno vuelo, puede que parezca lo más difícil, pero existe una forma.

Aviones sin motor (también llamados planeadores o veleros)
Aviones sin motor (también llamados planeadores o veleros)AnónimoCreative Commons

El vuelo sin motor es un deporte poco conocido, pero que consiste en ser remolcado por un avión hasta una altura considerable para entonces, dejarte caer planeando dentro de un pequeño aerodinio de enormes alas al que suele llamarse planeador o velero. El reto está en mantenerse en el aire cuanto más tiempo mejor, tomando corrientes ascendentes para sostenerse. Podemos imaginar un ave que haga algo similar. Que vuele muy alto para entonces poner “el piloto automático” planeando con suavidad mientras echa una cabezada y, por supuesto, despertando antes de llegar al suelo. Es más, para poder pilotar en la oscuridad, parece que utiliza un sistema de ecolocalización relativamente rudimentario, pero parecido al de algunas ballenas y delfines.

Pero esto no es todo. Porque incluso aunque pueda dormir, comer, beber y reproducirse, tienen que ser suficientemente eficientes como para que no se vuelva una vida energéticamente prohibitiva, porque recordemos que se alimentan de aeroplancton, no de batidos proteicos. Para ello necesitarían tener una gran envergadura de alas y un cuerpo relativamente pequeño y ligero, algo similar a los aviones sin motor que hemos nombrado, para así poder planear con un mínimo esfuerzo. Otra forma de ahorrar energías es disminuir la resistencia con el aire, por lo que todo aquello que pueda ofrecer resistencia tendrá que quedar reducido al mínimo. Para ello, su cuello deberá ser corto y su pico afilado, aunque no demasiado. Sus patas, por otro lado, serán un lastre, por lo que cuanto más consiga acortarlas y pegarlas al resto del cuerpo menos energía malgastará volando.

Hablamos de un ave tan optimizada que posiblemente no pudiera permitirse el menor resalte en su contorno, prescindiendo del típico cráneo abovedado de los pájaros. Desde luego, su aspecto sería cuanto menos extraño y es probable que durante estos últimos párrafos hayas pensado que todo esto es una especulación excesivamente imaginativa, algo muy alejado de lo que podemos encontrar en la biología. Pues bien, lo único que he hecho ha sido describirte al vencejo común (Apus apus)

Existe y lo has visto volar

Exacto, no ha habido especulación, ni alocada ni suave, porque todo lo que he contado es el día a día de los vencejos y en especial del vencejo común. Es más, es muy probable que hayas visto vencejos, con su clásica silueta en forma de bumerán y las plumas de la cola recortadas como una tijera. Desde tiempos clásicos se sospechaba que estas aves no estaban hechas para la tierra y que apenas la pisaban. Sus largas alas eran una buena pista, pero lo que realmente llamaba su atención era su incapacidad para echar a volar una vez habían caído a tierra. Sus patas son fuertes, ideales para hacer presa en las paredes más verticales, pero sus muslos apenas les permiten caminar y mucho menos saltar para emprender el vuelo. Esto les valió el nombre que Linneo le puso al vencejo común, “Hirundo apus”, que significa golondrina sin pies por sus cortas patas y su silueta similar a la de una golondrina. La familia de los vencejos se llama todavía Apodidae (sin patas) precisamente por ese motivo.

Vencejo a punto de beber
Vencejo a punto de beberBilly LindblomCreative Commons

Su boca, tal y como supusimos que necesitaría ser para alimentarse del aeroplancton, es una verdadera gruta. Y si te estás preguntando cuánto tiempo es capaz de volar el vencejo sin detenerse, la respuesta depende de la especie, pero estamos hablando de meses. Por ejemplo, el vencejo pálido (Apus pallidus) puede volar sin descanso entre dos y tres meses y medio, pero el vencejo común es el campeón indiscutible, capaz de mantenerse en el aire durante periodos de hasta 10 meses, unos 300 días, 7200 horas de vuelo sin parar.

Es más, podrían volar durante más tiempo sin grandes problemas, si no fuera porque hay algo que no pueden hacer en el aire: incubar a sus polluelos. De hecho, eso es lo que justifica que el vencejo común, con una sola puesta al año, pueda pasar más tiempo en el aire que el pálido, con dos. Si no fuera por eso es probable que batieran su propio récord, pues todo lo que importa es que su vuelo es tan económico que, aunque pasen todo el día en el aire no gastan más que otras aves del mismo tamaño con vidas más reposadas. Eso significa que lo que cazan durante el mismo es más que suficiente como para mantenerles nutridos.

En casos como estos la realidad supera a la ficción y el vencejo toma cuerpo replicando cada extraño detalle que pudiéramos haber imaginado. Sin saberlo hemos inventado algo que ya existía, hemos adivinado sin saberlo que surcando los cielos hay millones de ballenas del aire.

QUE NO TE LA CUELEN:

  • Aunque es probable que sin la necesidad reproductiva los vencejos pudieran mantenerse más tiempo en el aire, no podemos afirmar que sean capaces de volar sin descanso durante toda su vida. Entre otras cosas porque hay otros factores cuyo impacto exacto todavía no conocemos, por ejemplo, cómo respondería su biomecánica a un estrés tan continuado sin tiempos para reparar las pequeñas lesiones que pueda haber acumulado.

REFERENCIAS (MLA):