Sociedad

Este titular científico es revolucionario, te lo prometo

Cada vez hay más clickbait en la comunicación científica y empieza en las mismas instituciones de investigación.

Un conocido meme nacido en la famosa serie de animación “Los Simpson”. Consiste en Bart, el hijo de la familia que, celoso de su hermana nonata, intenta llamar la atención de sus padres a toda costa.
Un conocido meme nacido en la famosa serie de animación “Los Simpson”. Consiste en Bart, el hijo de la familia, que, celoso de su hermana nonata, intenta llamar la atención de sus padres a toda costa. FOTO: Los Simpson Creative Commons

Ahora mismo el éxito se mide en visibilidad, y eso lo tenemos claro. No hablo de la calidad, sino del éxito percibido por la sociedad, por las empresas, por tus potenciales clientes. Así han funcionado siempre los medios de comunicación, pero ahora que podemos contabilizar al detalle el número de personas que consume determinado contenido, las reglas del juego se han vuelto más estrictas y la competición más voraz. Una de sus consecuencias es que ya no permitimos que existan noticias normales. Necesitamos que todo sea extremadamente importante, sensacional, peligroso, revolucionario… ¿Vemos ya por dónde va esto? Significa que algunas noticias nunca ven la luz porque no son lo suficientemente impactantes, aunque pudieran enriquecer la esfera mediática. Otras, en cambio, son forzadas ligeramente (o no tan ligeramente) para encajar en un titular amarillista. Y, por supuesto, todo esto ha afectado a la ciencia.

He dicho que afecta a la ciencia, no solo a la comunicación de la ciencia, que sería lo evidente, y hay un motivo para ello. Todos conocemos lo que ocurre en la periódicos, radios y televisiones, en blogs, podcasts, y vídeos de Youtube, Tiktok, Twitch… El “click” manda y cuando hay que comunicar ciencia el rigor sufre en pos de la espectacularidad. No obstante, hay otra parte que también se ve afectada y de la que hablamos mucho menos. La investigación científica contemporánea está absolutamente imbricada con el sistema de publicación de artículos científicos. La calidad de un investigador y de una institución se medirán, entre otras cosas, por el número de artículos que haya publicado, la calidad de las revistas donde se encuentren y el número de otros artículos que terminen citándolo. Los contratos y las ayudas que dan de comer a los investigadores dependen, por lo tanto, de lo atractivos que sean sus artículos. A la editorial le interesa publicar solo los que vayan a ser más leídos y que, así, puedan recibir tantas citas como sea posible. Poco a poco, algunos científicos (sobre todo las instituciones para las que trabajan) se han visto empujados a entrar al juego del circo mediático.

¿Clickbait del malo?

Pero, antes de seguir, hablemos un poco sobre el clickbait, porque el público está realmente harto de él. Para quienes tengan la suerte de no conocer el término, viene a referirse a un contenido expuesto de tal modo que busca activamente atraer la atención de quien lo lea, para que pinche en él y su creador reciba más visitas. Dicho así, tampoco suena tan mal, a fin de cuentas, es lo que lleva haciendo la publicidad desde siempre y, cuando un libro maqueta su portada para hacerla atractiva, en cierto modo, también está haciendo clickbait. Podríamos decir que el problema, entonces, no es el clickbait en sí, sino lo que estemos dispuestos a hacer para conseguirlo. Confundir deliberadamente al lector suena éticamente reprobable, pero hay un debate abierto acerca de cuánto podemos jugar con ello. ¿La confusión es peligrosa? ¿Cuánto tardas en resolverla? ¿Es tan absurda que directamente no es creíble? No hay duda de que los medios de comunicación necesitan atraer visitas y que captar la atención de quien no está interesado en la ciencia es primordial, pero ¿cuánto estamos dispuestos a transigir por ello?

Hablemos un momento de los casos de clickbait que podríamos calificar como “aceptables”. Un ejemplo de esta misma sección sería “Encuentran un exoplaneta desnudo en el desierto”. Es evidente que no podemos tomarnos el titular de forma literal, sabemos que el artículo no puede ir sobre lo que nuestro cerebro está interpretando, así que, presumiblemente, nos entrará la curiosidad por saber qué significará realmente eso de “desnudo” y qué hay ahí afuera que pueda ser llamado “desierto”. El exoplaneta en cuestión había sido un gigante gaseoso, como nuestro Júpiter, pero que, con el tiempo, había perdido su grosísima atmósfera, dejando al descubierto su interior rocoso. No es descabellado utilizar la metáfora “desnudo”. Por otro lado, se llama “desierto neptuniano” a que no conocíamos ningún planeta del tamaño de Neptuno qué orbitara tan cerca de una estrella. Ciertamente, era un exoplaneta desnudo en el desierto. Sin embargo, lo que nos interesa aquí no son los casos de clickbait permisible, o los claramente condenables, sino todos esos que se encuentran en una incómoda escala de grises.

No mires arriba

Estamos acostumbrados a que estos problemas vengan de los medios de comunicación, que llevan tiempo intentando sobrevivir en este despiadado mundo de las redes. Podemos estar más o menos de acuerdo con sus prácticas y cada uno puede situar el límite del “clickbait ético” donde considere razonable, pero resulta que hay que empezar a repartir las culpas. Como decíamos antes del interludio sobre el concepto “clickbait”, la comunidad científica ha empezado a doblegarse ante la tiranía del click y cada vez es más frecuente ver titulares sensacionalistas en las mismas notas de prensa enviadas por las mismas instituciones de investigación. Podríamos entrar en el debate de si el problema realmente viene del sistema de publicaciones científicas actual, que obliga a sobrevender los descubrimientos con alguna que otra conclusión apresurada o, sobre todo, con notas de prensa algo sesgadas; pero hay otra dimensión ética que no depende tanto de lo que nos hayamos visto forzados a hacer, sino de lo que realmente hemos hecho, sea por el motivo que fuere.

Sin embargo, cuesta mirar arriba, porque tenemos demonizados a los medios, pero las instituciones que los alimentan con sus comunicados son, en cambio, nuestras heroínas (y no sin buena parte de razón en ambos casos). A la NASA; la ESA, el CSIC y tantas otras instituciones les debemos muchísimo. Han sido faros de conocimiento en nuestro tiempo, luchando por cada partida presupuestaria para hacernos avanzar como humanidad. El problema es que esto puede hacernos caer en lo que conocemos como el efecto halo, por el cual, tendemos a pensar que alguien con determinadas características deseables, es excepcional en todas las demás. Las instituciones científicas son bestias enormes con infinidad de engranajes e intereses complejos, pueden estar haciendo una labor inestimable por un lado y, mientras tanto, que su equipo de comunicación no tenga del todo claro cuáles son los límites de una comunicación ética (o que lo sepan, pero sigan una ética utilitarista donde el fin, que sería la visibilidad para sobrevivir, justificaría los medios que están usando).

Está en los detalles

Supongo que este artículo solo busca que todos reflexionemos un poco, que analicemos, critiquemos y hasta condenemos lo que nos parece una mala práctica, venga de los medios de comunicación o de “más arriba”. Hay investigación científicos que experimentan con ratones y, sin embargo, parece que buscaran evitar hacer referencia a la especie animal durante todo su artículo, dando lugar a cierta confusión, como si fuera un estudio clínico en humanos. Cualquier experto se da cuenta de que, en realidad, no es así, pero muchos comunicadores científicos no lo ven del mismo modo, sobre todo cuando en las notas de prensa, a veces, se omite por completo detalles cruciales como la especie o el número de sujetos del estudio.

Este es un ejemplo entre miles y no querría convertir esta reflexión en una lista de la vergüenza. Lo que pretendo es que comprendamos que la gente se forma una idea del mundo a través de los medios de comunicación y, no solo del mundo presente, sino del que está por venir. Muchísimos titulares buscan generar ciertas expectativas sobre lo que las ciencias están cerca de lograr, y cuando hemos forzado la maquinaria y las promesas eran vacuas… la decepción sigue inevitablemente al “hype”. Corremos el peligro de que las personas vayan perdiendo su confianza en la ciencia, poco a poco y a pulso. Una buena comunicación ha de anticiparse a lo que el público va a interpretar, porque prima la comunicación, no solo el hacer un mensaje técnicamente impecable, sino que llegue a pesar de los sesgos o limitaciones que pueda tener el público. En resumen: con clickbait o no, gestionemos las expectativas, porque si seguimos regalando promesas, puede que consigamos más visitas, pero son pan para hoy y hambre descreída para mañana.

QUE NO TE LA CUELEN:

  • Este artículo no es una crítica a la ciencia, ni muchísimo menos. Gracias a ella hemos logrado la calidad de vida de la que ahora gozamos y comprendemos el mundo con un nivel de detalle jamás soñado. Precisamente por eso, porque la ciencia es de capital importancia, merece ser contada con rigor.

REFERENCIAS (MLA):