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La plaga americana que casi acabó con el vino español

En el siglo XIX, Europa importó vides desde Estados Unidos para hacer frente a dos plagas de hongos. Pero la supuesta solución trajo una plaga todavía peor.

Un racimo de uvas negras sobre fondo de viñedos
En el siglo XIX, la filoxera amenazó la supervivencia de nuestros viñedosDominio públicofreemarker.core.DefaultToExpression$EmptyStringAndSequenceAndHash@1012e55c

En la segunda mitad del siglo XIX, dos plagas provocadas por hongos atacaban la vid española y europea. Se trataba del oídio y el mildiú, que dañaban tanto a las hojas como a las uvas, y la única manera de combatirlas era con tratamientos químicos. Los polvos minerales a base de azufre ayudaban a corregir la infección por oídio, mientras que una mezcla de sulfato de cobre y cal viva prevenía el mildiú. Pronto se encontró una solución mejor. Se importaría la vid desde Estados Unidos, ya que las variedades americanas son más resistentes a estas plagas. Pero la vid estadounidense trajo una todavía peor: la filoxera.

A diferencia de los hongos, la filoxera es un insecto muy pequeño que convivía con las vides americanas sin apenas dañarlas, pero que era letal para las europeas. El parásito se detectó por primera vez al este de Estados Unidos en 1854. Llegó a la Península Ibérica en los años 1870 por tres vías independientes a través de Oporto y Málaga (por la importación directa de vid americana) y Gerona (transmitida desde Francia). Se produjeron más focos posteriores hasta principios del siglo XIX, y en medio siglo la filoxera había conquistado las vides de toda España.

A la carrera

En otros países vinícolas, el insecto tardó incluso menos tiempo en propagarse. En Francia, por ejemplo, se extendió por todo el territorio en apenas 20 años. Además, en España la llegada fue muy desigual: comenzó por Cataluña, Andalucía y la cuenca del Duero y, mientras se adueñaba de las vides en estas regiones, otras como La Rioja, La Mancha, Cariñena, Jumilla, Requena o Tierra de Barros aprovecharon para aumentar considerablemente la superficie de sus viñedos.

Pero, ¿por qué afectaba de manera tan diferente a las vides europeas frente a las americanas? La clave está en el ciclo de vida que tiene este insecto. Tiene una forma sexuada en la que los machos y las hembras copulan al final del verano, y la hembra pone un único huevo sobre el tronco de la vid. El huevo, que se conoce como huevo de invierno, eclosiona en primavera, dando lugar a una hembra que vive o bien en las hojas (forma gallícola) o bien en las raíces (forma radicícola). Ambas formas se reproducen por partenogénesis, es decir, sin fecundación.

Picaduras de insectos

La filoxera gallícola produce algunos abultamientos en las hojas de la vid debidos a la picadura del insecto que deposita los huevos en el interior. Afecta levemente a la capacidad de fotosíntesis de la planta, pero no amenaza su supervivencia. Sin embargo, esta forma no es viable en Europa. Tampoco es frecuente que aparezca aquí la forma sexuada, de modo que en este continente domina la forma radicícola. Las larvas pican las raíces subterráneas, provocando heridas que pronto se ven invadidas por bacterias y hongos. Son estos organismos, y no el propio insecto, los que matan a la vid europea.

Por el contrario, la vid americana cuenta con raíces más fuertes y recubiertas de una capa resistente a las picaduras de la filoxera. La picadura no puede alcanzar los tejidos más jóvenes y frágiles y, además, las células de la vid americana tienen la capacidad de regenerarse mucho más rápidamente que las de la europea. Por eso cualquier daño que la filoxera haya podido causar en la vid de Estados Unidos se repara antes de que amenace la supervivencia de la planta.

Viñedos supervivientes

Y bien, ¿cómo ha sobrevivido la cosecha de uva europea hasta hoy? Afortunadamente, se encontró una manera de transmitir la resistencia americana a las vides europeas de forma que la filoxera ya no supone una amenaza. La técnica pasa por insertar una vid europea en un tallo de vid americana, de forma que la uva sigue teniendo la calidad del viñedo europeo original pero cuenta con raíces reforzadas y resistentes a la filoxera.

La solución se conoce como porta-injerto y hoy en día se ha convertido en una forma de cultivo muy habitual en todo el mundo. Con todo, aún quedan algunos reductos libres de filoxera. El sur de la Patagonia tiene un clima demasiado frío para albergarla, mientras que los Andes la han mantenido fuera de Chile. En España, los viñedos canarios presumen de ser los únicos que quedan fuera del alcance de la filoxera.

QUE NO TE LA CUELEN:

  • Todavía se sigue divulgando el mito de que una cantidad moderada de vino es buena para la salud. En realidad, las bebidas alcohólicas tienen más efectos perjudiciales que beneficiosos, y esta realidad es bien conocida por la comunidad científica desde hace tiempo. Si algunos estudios resaltan los aspectos positivos que tienen los taninos u otros componentes del vino y de ahí concluyen que el vino es saludable, están obviando los efectos negativos que tiene el alcohol sobre nuestra salud. Al ingerir alcohol, el cuerpo lo transforma en una sustancia que es cancerígena. El aumento que provoca en nuestro riesgo de padecer cáncer no se ve compensado por las propiedades antiinflamatorias, astringentes o antioxidantes que puedan tener los taninos.

REFERENCIAS (MLA):