Víctor Monigote: “Disney recocina el mismo plato con distintas recetas”

El artista se estrena en la autoría de una película de animación junto con Eduardo Gondell, «La gallina Turuleca», una actualización de la protagonista de la famosa canción infantil

Asegura que no quiere morirse sin hacer una exposición que lleva rebotando en su cabeza veinticinco años, pero si de algo puede estar seguro Víctor Monigote es de no haber malgastado su tiempo. Esta especie de renacentista contemporáneo ha buceado en todos los campos artísticos existentes para terminar quedándose a vivir en el dibujo. Después de estar nominado a un Goya como Mejor Director Artístico por «Mortadelo», el letrista de «Los Petersellers» vuelve al mundo de la animación con la versión moderna de «La gallina Turuleca» y nosotros nos sentamos con él para hablar de las viejas añoranzas que despierta el Cine Imperial, la honestidad de las relaciones con los animales y la posibilidad de dibujar el futuro.

–Para alguien que abarca tantas disciplinas artísticas... ¿Es relativamente fácil caer en la frustración?

–No puedo evitar ser así. Y cuando algo es inevitable lo mejor es aceptarlo. Al dedicarte a tantas cosas no puedes ser perfecto en una sola. He sido técnico de efectos especiales, he trabajado para Disney, en publicidad, he sido actor, formado un grupo de música... Mil cosas. Y yo no soy una persona de frustrarse, en realidad me da igual todo. Ahí reside el secreto de la realización personal, en ser capaz de relativizar.

–Parece que ahora está de moda revisitar los clásicos y en esta adaptación de la gallina Turuleca esos cambios se observan muy bien, sobretodo en el carácter de la protagonista... ¿Tuvo claro que los tiros irían por ahí desde el principio?

–Totalmente. La letra de la canción te incita a pensar que se trata de un personaje apocado, vergonzoso, excluido de la «sociedad gallinácea», raro. Y esto nos daba mucha licencia para ampliar su arco interpretativo y generar empatía con los niños que nos ven. Todo el mundo ha sentido rechazo siendo pequeño, pero es necesario recordar que puedes cambiar esa situación. Si tienes fuerza y crees en ti puedes hacer lo que te dé literalmente la gana.

–¿Le parece anacrónica la existencia actual de circos que trabajan con animales?

–Me parece anacrónico todo lo que sea tratar con animales en términos mercantiles. Este tipo de circos son una cosa que no debería haber existido nunca. He vivido mucho tiempo en la India y, allí por ejemplo, se profesa un profundo respeto a los animales. Aunque tienen ciertas contradicciones con los perros, ya que para ellos se encuentran en el último escalafón de la reencarnación y los tratan como quieren. Además mi padre era torero y eso es algo que me costó digerir. ¿Desde cuándo matar a un animal se ha convertido en algo divertido?

–Ha trabajado con una factoría tan relevante como Disney... ¿Se ha perdido la autenticidad de sus películas?

–Ahora están reeditando cintas como «El libro de la selva» o «El Rey León» pero no es lo mismo. Y no entiendo muy bien a qué se debe esto porque guionistas buenos sigue habiendo. Todo se reduce al intento fallido de recocinar el mismo plato pero con recetas completamente diferentes y a los intereses económicos. A la factoría se le han agotado un poco los valores y es una pena porque las cintas de antes eran deliciosas. Ahora no hay emoción.

–¿Es más difícil hacer reír a un niño o a un adulto?

–Mmm, complicado. Hacer reír en general no es nada fácil. Pero para mí es más complejo conseguirlo con un adulto. En mi cabeza soy bastante niño y cuando mi hija era pequeña me encantaba organizar fiestas de pijamas con todas sus amigas. Que me pintaran, me vistieran, me pusieran pestañas (risas). El adulto está mucho más viciado.

–¿Qué referencias cinematográficas construyeron su infancia?

–Con todas las películas de animación que se estrenaban en España y con todas las de Disney. Mi tío era el acomodador del Cine Imperial, un lugar ubicado en la Gran Vía que solo se dedicaba a la proyección de películas infantiles. Por aquel entonces había sesión continua, algo que se traducía en que entrabas en el cine a las 10 de la mañana y salías a las 7 de la tarde. Me subía en el bus con mi madre y nos íbamos al cine del tío Nano.

–¿Qué ha aportado el dibujo a su vida?

–Siempre me ha gustado dibujar. Con 14 años me planté delante de mis padres y les dije que no quería seguir estudiando, aunque después seguí un poco más. El dibujo me lo ha dado todo. No hay nada que más me guste que sentarme a dibujar durante horas en mi mesa y tener la oportunidad de crear un universo del que solo tú mismo puedes ser el dueño.

El lector

«Siempre he sido muy defensor del papel pero en los últimos años la vía que más he utilizado para mantenerme informado es internet», comenta el ilustrador y añade, «eso sí, los fines de semana siempre hago mi consagrada visita al quiosco».