Cultura

Edison, las peores sombras del hombre que inventó la electricidad

«La guerra de las corrientes», de Alfonso Gómez-Rejón, retrata la lucha entre el genio americano y George Westinghouse por ganar el contrato para iluminar la Feria Mundial de Chicago de 1893. La batalla sacó lo peor del famoso inventor

Benedict Cumberbatch interpreta a Edison en el filme que se estrena mañana en España
Benedict Cumberbatch interpreta a Edison en el filme que se estrena mañana en España

El año es 1898. Los marcianos han atacado e invadido la Tierra. Al poco tiempo, y a pesar de que los humanos no han sido capaces de defenderse, los alienígenas comienzan a enfermar y deciden abandonar nuestro planeta, aunque con la promesa de regresar. Las mentes más brillantes de cada país se dedican entonces a diseñar mecanismos de resistencia ante el nuevo ataque. De entre ellos, solo Thomas Edison es capaz de crear un arma que rivalice con la de los marcianos. Más aún, Edison diseña una «Nave del Espacio» con la que alcanza primero la Luna y, poco después, traslada la batalla al hogar de los invasores. «Fue un día de orgullo para América», escribe Garret P. Serviss, autor de esta épica de ciencia ficción titulada «La conquista de Marte por Edison». Publicada un año después de «La guerra de los mundos», la novela encontró a su protagonista perfecto en el «Mago Edison», como le llamaban, el hombre que iluminó, literalmente, el futuro. Excepto que las cosas no fueron exactamente así.

Thomas Alva Edison inventó las primeras bombillas que podían permanecer encendidas durante largas horas y diseñó el sistema originario de distribución de electricidad, el de corriente continua. Su modelo fue el primero, aunque no el definitivo. Pero para 1880 Edison era la encarnación del sueño americano, el mayor orgullo de la nación. Él mismo había cultivado cuidadosamente su imagen de genio amable y ético; «jamás inventaré algo que pueda matar a un ser humano», solía decir. Quizá por eso, la mayoría de nosotros no recordamos que fueron en realidad Nikola Tesla y George Westinghouse quienes apostaron por la corriente alterna, el verdadero futuro de la electricidad.

Durante una década, los tres lucharon en sus laboratorios y a través de la Prensa por defender una corriente u otra, con la recta final claramente delimitada: obtener el contrato para iluminar la Feria Mundial de Chicago, que se inauguró en mayo de 1893 y que se convertiría en «la ciudad de la luz», símbolo del porvenir. Una batalla más silenciosa y breve, pero no menos ardua, libró Alfonso Gómez-Rejón por terminar «La guerra de las corrientes», el filme en el que narra el enfrentamiento entre Edison y Westinghouse. Antes de poder estrenarla en cines estalló el MeToo con las acusaciones contra Harvey Weinstein, cuyo estudio había producido el filme. Eso paralizó la posproducción. Dos años más tarde, Gómez-Rejón presenta finalmente una cinta que el «New York Times» ha descrito como «carne para los Oscar». La protagonizan Benedict Cumberbatch en el papel de Edison, Michael Shannon en el de Westinghouse y Nicholas Hoult, que interpreta a Tesla.

Moldear la verdad

El Thomas Edison de «La guerra de las corrientes» tiene muchas más sombras de las que al genio le habría gustado ver retratadas. En un momento determinado, un personaje recuerda que se le ha llamado «el peor esposo del mundo» porque pasó su noche de bodas encerrado en el laboratorio. También vemos cómo es capaz de moldear la verdad utilizando a la Prensa para desprestigiar a Westinghouse y su sistema de distribución. «Benedict fue clave porque tiene la habilidad de encontrar la parte accesible de los personajes más complejos. Aunque una de las luchas con el estudio fue justamente que no querían mostrar tanto las sombras de Edison», explica el director.

Parte de ese lado menos encantador del inventor es su obsesión por ser recordado, lo que le diferencia de su contrincante. «Edison era muy consciente de su iconografía, casi como una Kardashian. Quería ser recordado no solo por su trabajo, sino también por su nombre. Westinghouse, en cambio, no deseaba esa permanencia. De hecho, hoy no sabemos que fue Westinghouse quien ganó la guerra, porque a él eso no le importaba. Aunque, en muchos sentidos, terminó triunfando Edison, que es a quien relacionamos con la luz eléctrica», asegura Gómez-Rejón.

En efecto, el nombre de Westinghouse es mucho menos popular. Ingeniero y emprendedor, se hizo rico gracias a su invención del freno neumático ferroviario, aunque con los años patentó cientos de inventos más. Inicialmente, Westinghouse quiso unir fuerzas con Edison porque estaba convencido de que lo ideal era combinar las bombillas del Mago con su sistema de distribución. Sin embargo, Edison alegaba que era imposible crear un motor de corriente alterna y que ésta, además, sería letal. Después de años de intentos fallidos, Westinghouse se unió a Nikola Tesla, que sí había logrado diseñar el motor necesario para distribuir la electricidad de manera más eficiente y económica.

Para matar

¿Cuántas veces no se han utilizado los grandes descubrimientos del hombre como armas en lugar de como herramientas para mejorar el mundo? Así como la ecuación de Einstein le valió al físico el injusto título de «padre de la bomba atómica», la guerra de las corrientes entre Westinghouse y Edison derivó en la creación de la silla eléctrica. Hasta finales del siglo XIX los condenados a la pena capital en Estados Unidos morían ahorcados, pero el empeño de Edison en demostrar que la corriente alterna podía ser mortal inspiró la creación de ésta, considerada un método más «humano» de ejecución. El propio inventor ofreció su conocimiento para el desarrollo de la silla a cambio de que se publicitara que era la corriente promovida por Westinghouse la que se utilizaría para electrocutar al preso. Su nombre era William Kemmler; su crimen, asesinar a su esposa con un hacha. Murió electrocutado el 6 de agosto de 1890. Ahí quedó la promesa de Edison de jamás crear algo que pudiera matar a un ser humano.

Tres años más tarde, cien mil lámparas incandescentes iluminaron la Feria de Chicago gracias a los motores de Tesla. El Mago había perdido la guerra, pero para entonces también había pasado al siguiente gran invento: el cinescopio. «Edison estaba obsesionado con hacer lo imposible: atrapar la naturaleza. Deseaba domesticar el sonido y la luz. Su gran guerra no es con Westinghouse en realidad, sino con la Tierra», afirma Gómez-Rejón. Aunque Tesla fue quien logró explotar la potencia eléctrica de las cataratas del Niágara, Edison también alcanzó su sueño: capturar el poder de la naturaleza en una imagen en movimiento. Terminada la guerra de las corrientes, nacía el cine.

Luchando contra Harvey Weinstein
«La guerra de las corrientes» se estrenó inicialmente en el Festival de Toronto de 2017. Sin embargo, el filme no estaba listo en aquel entonces: «Faltaban meses para que llegara a los cines y yo seguía trabajando en ella. Harvey y yo estábamos batallando en el cuarto de montaje por miles de razones», explica Gómez-Rejón, que sufrió mucho con las críticas negativas que recibió de esa versión inacabada. Poco después de Toronto, además, se hicieron públicas las acusaciones de abusos sexuales contra Harvey Weinstein «y todo se paró. Quedó una versión de la película congelada en el tiempo sin que supiera qué iba a pasar con ella», recuerda el director. Mientras él trataba de recuperar su filme, la Weinstein Company se declaró en bancarrota. Entonces intervino Martin Scorsese, con el que Gómez-Rejón ha trabajado como asistente personal y ayudante de dirección. «Por fin, Scorsese obtuvo por medios legales el corte final de la película e inmediatamente me lo dio a mí para que la terminara como yo quería. Le metimos más dinero, filmé cinco escenas nuevas, la volví a editar y empecé a enamorarme de ella otra vez», recuerda.