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Comedia se pronuncia Gabriel Olivares

  • César Camino, Antonio Hortelano y María Castro protagonizan «Una semana..., nada más»
    César Camino, Antonio Hortelano y María Castro protagonizan «Una semana..., nada más»

Tiempo de lectura 4 min.

22 de junio de 2013. 17:26h

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21/6/2013

No habrán visto su nombre entre los finalistas de los Premios Max. Tampoco figura entre los directores aclamados –los Flotats, Del Arco, Sanzol, etc.– ni sus obras entre «Lo mejor de» que se hace al final de cada año. Sin embargo, Gabriel Olivares tiene al menos una función que merece estar en esas listas sobradamente, la redonda «Burundanga», y media docena de montajes más que lo sitúan en la línea de salida en otra carrera, la de los directores con más tirón entre el público y con una gran facilidad para clavar buenas comedias. Después de tres años en cartel con el éxito escrito por Jordi Galcerán, el director y parte del reparto de «Burundanga» repiten ahora, esta vez en el Teatro Maravillas, con «Una semana... nada más», otra comedia que firma esta vez el autor francés Clément Michel.

Un laboratorio creativo

El director albaceteño repite en una fórmula que conoce bien y para ello ha echado mano de dos actores que le acompañaron en «Burundanga»: César Camino y Antonio Hortelano, a los que se suma María Castro. Hortelano encarna a Pablo, un joven que lleva cuatro meses viviendo con su novia, Sofía. Ella está encantada y tiene planes de futuro, pero él ha descubierto que la relación no es lo que esperaba y no sabe cómo hacer para romper. La solución la encontrará invitando a Martín, su mejor amigo, a vivir con ellos para que la presencia «alienígena» tense la convivencia hasta el extremo. «Es una comedia muy de personajes, de situación, muy bien escrita, con una estructura excepcional; tiene algo de matriuskas, de muñecas rusas, una función que encierra una y otra dentro, con aristas bastante inusuales en comedia», explica Olivares.

Partiendo de que nadie tiene la llave del éxito –pregúntenle a cualquier productor, la respuesta no podrá estar más cargada de sorna–, Olivares sí da algunas líneas generales de trabajo: «Es importante, no ya el ritmo, sino el tiempo, que es algo matemático. En esta función verás una cantidad de movimientos muy bien dirigidos». Por otro lado, explica, «en mis últimas obras estoy intentando huir del naturalismo y de que todo esté al servicio del texto. Las formas, el tiempo, el espacio, el movimiento, también son importantes. Aquí, antes incluso de trabajar el texto, hemos ensayado el movimiento, y eso hace que el resultado sea muy especial». Hay en los ensayos, asegura Olivares, para todos aquellos que crean que una comedia es «teatro fácil», «un trabajo de investigación y entrenamiento actoral casi como si fueran acróbatas o bailarines».

Pese a todo ello, la comedia suele estar infravalorada. Pero Olivares no le da importancia al asunto y sus explicaciones descubren más de una sorpresa: «Me siento muy bien donde estoy. Aparte de eso, hace un año creé un laboratorio de investigación y creacion teatral, Teatro Lab. El primer título que salió de ese laboratorio fue "La caja". En septiembre empecé a dirigir una tragedia, desde la investigación, que se aleja del teatro comercial que he hecho hasta ahora: me siento superrealizado. Tengo mi sueño: una compañía estable, con dos herramientas que me encantan: el método Suzuki y las enseñanzas de Anne Bogart. Me formé con ellos en Nueva York y estoy intentando implantar eso en España». Entre tanto, él sigue a lo suyo, con comedias que cuentan con el beneplácito de la taquilla: «Creo que estoy haciendo un teatro comercial que va un poco más allá, que busca ser algo diferente. Pero no tengo mucha prisa por que eso ocurra». Olivares mantiene en el Lara «Burundanga», «que se ha convertido en un fenómeno, una opción de ocio más que una obra de teatro». A la vez, en el mismo escenario pero en diferentes horarios, dirige «La caja» –el texto es también de Clément Michel–, «un banco de pruebas para todo lo que se investiga en el laboratorio».

No le faltan proyectos: el 27 de agosto estrenará en el Marquina «Una boda feliz», otra comedia francesa con Agustín Jiménez y Antonio Molero convertidos en matrimonio gay de conveniencia por una herencia. Además, dirigirá «El abuelo», un monólogo que se verá en el Teatro Fígaro y, ya en otoño, espera que llegue a Madrid «Pioneras», un texto de Secun de la Rosa que también dirigirá. Para septiembre prepara también tres proyectos de creación colectiva y una tragedia, que tendrá como base uno o varios textos clásicos. Sólo sabe de una fórmula para que las cosas salgan bien: «Lo dice Nuria Espert: trabajo, trabajo y trabajo. Dedicación absoluta y convertir lo que es un hobby en una forma de vida».Una elección que él entiende «como un camino muy largo».

Tensiones e intuición

Una vez más, trato de arrancarle pistas para lograr buenas comedias. «La risa tiene que ver con crear tensiones de cualquier tipo y romperlas, sobre eso investigo –cuenta el director–. Hay muchos tipos de tensiones: pueden ser juegos verbales, situaciones, sorpresas visuales... Pero el mecanismo es siempre el mismo. En mi caso, dejo de ser director y me convierto en el espectador número uno. Tengo siempre muy presente al público». Por eso, una buena dirección debe ser «un diálogo entre lo que ocurre en el escenario y en el patio de butacas. A veces hay que dejar la cabeza y servirte del instinto y la intuición».

l DÓNDE: Teatro Maravillas. Madrid. l CUÁNDO: hasta el 7 de julio. De miércoles a domingo.

l CUÁNtO: 20 euros. Tel.: 91 446 84 05.

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