La Constitución de todos

Resulta difícil entender que partidos como los independentistas, filoetarras e incluso Podemos deseen la ruptura con la Carta Magna

Iñaki Zaragüeta

El 43 aniversario de nuestra Constitución me produjo ayer sentimientos enfrentados. Aunque prevalece la alegría de haber conquistado la democracia plena a través de la reconciliación y del consenso de casi el 90% de los españoles, me invade la preocupación de dudar sobre su futuro inmediato al notar la presencia institucional de quienes desean, no reformarla, sino dinamitarla. ¿Qué significa una reforma radical proclamada por Bildu y ERC, entre otros, si no es hacerla añicos?

Recordaba como los españoles, tras la muerte del general, anhelábamos la equiparación con las naciones de nuestro entorno a través de la instauración, reinstauración para algunos, de la democracia. Sí, cuando digo anhelábamos, me refiero a la gran mayoría de todos nosotros. Solo unos pocos perseguían la continuidad del franquismo. Partidos, sindicatos, organizaciones empresariales, sociedad civil estaban dispuestos a protagonizar una transición ejemplar.

Todavía me emociona el recuerdo de aquel Comité Central del Partido Comunista, con Santiago Carrillo al frente, abrazando la bandera y la Monarquía para sumarse al movimiento imparable liderado por el Rey Juan Carlos, Torcuato Fernández Miranda, Adolfo Suárez, Felipe González y muchos otros que dieron con la vía culminada en el referéndum del 6 de diciembre de 1978. A partir de ahí, España ha vivido los decenios más importantes e enriquecedores de toda su Historia. Todos cedieron, todos ganamos.

De ahí que me entristezcan los vaivenes actuales de partidos que quieren romper España, de personajes, alguno desde La Moncloa, que han facilitado la ruptura social promoviendo el odio y el enfrentamiento como aquellas dos Españas que habíamos decidido superar. Me resulta difícil entender que partidos como los independentistas, filoetarras e incluso Podemos deseen la ruptura con la Carta Magna cuando se están beneficiando sobradamente de sus favores, pero me resulta incomprensible que todos ellos se vean con cómplices como Rodríguez Zapatero o Pedro Sánchez. Si no lo son, dan la impresión demasiadas veces. Así es la vida.