Desde la ventanilla

Un globo, dos globos, tres globos… la Tierra es el globo donde vivo yo

No podemos negar que el lobo, perdón, el globo chino ha empezado muy pronto a enseñar la patita

Imagen del globo sospechoso localizado sobre Estados Unidos y que China ha admitido que es suyo, pero para investigación
Imagen del globo sospechoso localizado sobre Estados Unidos y que China ha admitido que es suyo, pero para investigaciónLa RazónAFP

Nos interesan las noticias, aun cuando no las entendamos del todo. Cuando escribo esto, todavía no ha aparecido un tercer globo chino bajo el cielo estadounidense. Quizás pronto sea descubierto y la nueva noticia estallará antes que sea derribado por los rastreadores del Pentágono.

No es cosa extraña convertirse en devoto admirador de los globos, a los que conocemos desde siempre; con los que hemos jugado desde antes de aprender qué era realmente eso. Los globos tienen un objetivo tan encomiable como divertirnos, y socialmente son tan necesarios que sería monstruoso enfrentarse a ellos. Aunque visto lo visto, desde ahora no podemos negar que el lobo, perdón, el globo chino ha empezado muy pronto a enseñar la patita.

No es una acuarela feliz, sino la triste fotografía velada por la geopolítica de carne y hueso. Según Washington, se trata de un globo espía monitorizado por China; según Pekín, de un globo dedicado a investigar cuestiones meteorológicas que fue desplazado por el viento.

El inolvidable maestro de la meteorología de los 70, Mariano Medina, se mostraría feliz si esto fuera así. Preguntas y respuestas desatadas. Sea como fuere, esta situación ha hecho que la tensión entre las dos potencias haya vuelto a primera plana.

Se podrá decir que, como a todos, el tiempo y la nostalgia, tras ver el telediario cotidiano y conocer las excusas chinas, nos atropellan de manera recurrente mientras nos viene a la memoria el estribillo de una mítica canción: [[LINK:EXTERNO|||https://www.larazon.es/cultura/20201127/otuyg4t6efbvjjs5cqt52dszka.html|||“Un globo, dos globos, tres globos… la luna es un globo que se me escapó”]]. Así sonaba la sintonía de aquel programa infantil vanguardista que nos deleitó en nuestra infancia. Guardamos de aquel espacio televisivo recuerdos divertidos y entrañables. La pegadiza sintonía de TVE que escribió nuestra poetisa infantil de cabecera la gran Gloria Fuertes debería ser escuchada por los coreógrafos que marcan la política mundial.

Mucho se habla de cómo se estropean las relaciones en ciertas tesituras, pero eso no es nada comparado con el tema de estos globos chinos. Menos mal que en el Pentágono nunca duermen.

El lamento por la época y los retos que, a veces, nos tocan vivir es un tópico de lo más humano. Pura testosterona que agita las relaciones internacionales de las dos grandes potencias y nos mantiene en vilo. Crecemos mucho por unos lados y nos quedamos cortos por otro. Cosas que no cambian, mientras otros firman en las redes sociales hasta el indulto al segundo y tercer globo.

La mente humana, en ocasiones, se ejercita coloreando agujeros negros. Su presencia resulta inclusiva, dando voz tierna o amenazadora a la imaginación. Mientras se desvela qué hay detrás de su pervivencia y su aplomo en la atmósfera, muchos niños habrán sufrido la primera gran decepción. Se darán cuenta que no todos los globos son juguetes, ni siquiera adornos, que representan la felicidad, la alegría, la liberación o la paz, sino que se comportan en público como crecidos espías.

Nuestro futuro inmediato consistirá en inventarse un presente deseable —y, después, pelear para tratar de conseguirlo. En este artículo no voy a hacer predicciones, sino a plantear deseos. Y, puestos a soñar, lo haré a lo grande, aunque todo quede en nada, añorando el final de aquella sintonía…. “Un globo, dos globos, tres globos… la Tierra es el globo donde vivo yo”.