Opinión | A través del espejo
Turismo No En Mi Ciudad
Las redes sociales son el chivato para comprobar que la turismofobia no es incompatible con ir de vacaciones
Ser turista sienta bien. Ayuda a desconectar de la rutina, a conocer nuevos paisajes, culturas, abrir la mente, vivir encuentros inesperados, improvisar e incluso a hacer cosas que detestas que los guiris acostumbran a hacer en tu ciudad.
Porque ahí está la clave. El turismo es maravilloso siempre que no ocurre donde uno vive. Al menos, eso piensan unos muchos. Sería un movimiento sorprendente si no fuera porque ya tiene un precedente.
Nació en Estados Unidos en los años 70. «Not In My Backayard» (NIMBY), que significa «No en Mi Patio Trasero», sirvió para dar nombre al rechazo generado por la construcción de plantas de producción de energía, de residuos, autopistas o incluso determinados centros de carácter social. Son infraestructuras todas necesarias pero que no gustan a los vecinos.
Cierto es que hay localidades, sobre todo del interior, que están hartas de ser el lugar para albergar todo tipo de proyectos. A menor población, menos voces para protestar, para hacer ruido.
Algunas tendrán más motivos que otras para levantarse en contra, pero nadie quiere determinadas infraestructuras «en su patio trasero». La clave, obviamente, está en que todos estos proyectos respeten los pasos que establece la ley y se estudien todas las alternativas posibles.
Salvando las distancias, con el turismo se está produciendo algo similar. Según el INE, en 2024, los españoles realizaron 184,4 millones de viajes, pero no dejamos hablar de turismofobia. Las redes sociales son un buen instrumento para comprobar cómo aquellos que alertan de los riesgos del turismo no renuncian a esta práctica durante el verano.
Como ocurre con los NIMBY, a los del Turismo No en Mi Ciudad, hay que convencerles con una regulación que también garantice sus derechos y que, sobre todo, no les prive de vivir en la ciudad que elijan sin que esta pierda su identidad. Todavía hay tiempo y margen de maniobra. Por cierto, lo confieso, este verano yo también he sido turista.