Las ventas en librerías caen

Notan el descenso del consumo y piden al Ministerio de Cultura que prevea «medidas» por si la situación se prolonga semanas

Lo comentaba el director de la Feria del libro, Manuel Gil, después de anunciar el retraso a octubre de este evento: “Las ventas han caído en estos primeros días a la mitad”.

Las librerías han empezado a mostrar cierta inquietud. Uno de los libreros con los que ha hablado este diario afirma que «si el Ministerio de Cultura no está contemplando ya mismo ninguna medida para paliar el posible golpe económico que esta circunstancia puede suponer para las librerías estaría rozando la negligencia. Ya deberían estar pensando en tomar algunas para evitar las consecuencias. Hay librerías, como la mía, que es muy conocida, que está en el centro y que siempre tiene gente. Pero ahora mismo hay ratos muy prolongados durante los cuales no entra nadie. ¿Si esto me pasa a mí, qué le puede estar sucediendo a otras que no son tan relevantes? Habrá muchas que tendrán que cerrar si esto va más allá de unas semanas puntuales».

Los libreros son los primeros que están anticipándose a lo que pueda deparar el futuro. Algunas de ellas han reconocido a este diario que la afluencia de clientes ha caído en los tres últimos días y las ventas han decrecido en un número que sin ser alarmante es significativo si se convierte en una tendencia. «Si las medidas de contención para frenar al virus se prolongan dos o tres semanas no habrá problema», coinciden en señalar algunos, «pero si se extienden durante dos meses o más, sí». Según un librero, «si esta situación se extiende en el tiempo, que es lo que parece de antemano, tendría que intervenir el Ministerio de Cultura con un plan de ayudas». La preocupación principal proviene de los siguientes factores: la suspensión de presentaciones de libros y de actos públicos en estos establecimientos, que supone una merma importante de ingresos; la bajada de compradores debido a los protocolos de prevención y el temor que existe en la sociedad, y, sobre todo, a la posibilidad de que se suspendan las citas culturales más relevantes para el libro.

Por su parte, Manuel Gil ha declarado que “a lo mejor ha llegado el momento de hacer una defensa de las librerías y analizar su situación. Hay que tomar medidas gremiales, pero también ha llegado el momento de que se tomen otras institucionales para reforzar la cadena de valor que supone el libro. Hay que atacar este problema. Nosotros activaremos una campaña fortísima para la Feria del Libro”.

Hay editores que tampoco esconden su preocupación. Reconocen que si a esta coyuntura se suma un retraimiento económico, puede desencadenar serios problemas para el sector. Pero también exponen cuál sería la situación: «A nosotros no nos ayuda para nada las medidas del ministro de Seguridad Social. Lo único que podría desahogarnos es que, en caso de que la situación fuera grave, el Ministerio hiciera una compra de libros en las librerías y los destinara a las bibliotecas públicas». Todos coinciden que este sería el remedio más apropiado si esta coyuntura deriva en una situación más grave. Algunos editores no tienen duda de que las ventas «online» van a aumentar en las próximas semanas, pero, también, son conscientes de que esa no es la única misión que tiene una librería y temen que ese canal no sea suficiente para amortiguar el golpe, al igual que el libro electrónico. Algunos, incluso, reconocen que sienten cierto miedo a que en los siguientes días, en vez de leer más, algo que podría propiciar una supuesta «cuarentena», muchos decidan echarse en brazos de las series o los videojuegos. Aunque, la mayoría prefieren ser positivos y pensar existe un hueco para el optimismo. Hay quienes creen que es una oportunidad para fomentar la lectura población. De hecho, ya existen varios sellos que están preparándose para ese escenario y trabajan para en los siguientes días lanzar planes para seducir, a través de diferentes propuestas y títulos, para que se lea más. Es un intento de convencer a la población de que estos días de resguardo y precaución son una buena oportunidad para adquirir libros (las librerías todavía están abiertas y todas están llenas de títulos) y entregarse a la lectura, y no abandonarse solo a las pantallas.