Manuel Borja-Villel: “Las macro exposiciones van a pertenecer al pasado”

Es consciente de la dureza de esta crisis, aunque habla de un antes y un después de la pandemia, de un Plan Marshall para la cultura en España, y ve como una realidad el fin de los «blockbuster» en los centros de arte

Borja-Villel se vio ayer telemáticamente con Miguel Falomir, responsable del Prado, y Guillermo Solana, del Thyssen-Bornemisza. Los tres cara a cara para hablar de cómo será esa vuelta a la normalidad que harán estos centros de arte al mismo tiempo con un horizonte que se presenta radicalmente diferente a febrero, cuando caminaba por los pasillos de ARCO en busca de las compras del museo para 2020. Poco después llegó el cierre, tímido al principio y que en cuestión de horas se convirtió en un definitivo «hasta nuevo aviso». Pues bien, parece que el aviso ya ha llegado y, aunque habla con cautela, se muestra esperanzado ante un futuro que cree será más humano.

–Todo llega. Y la vuelta parece que también.

–Así es. El día 11 de mayo ya podremos regresar al museo a trabajar, aunque se favorecerá el trabajo telemático para quien lo necesite, y en breve volveremos a recibir visitantes.

–¿Qué cambiará físicamente?

–Vamos a adoptar todas las medidas necesarias y no creo que nos sea complicado implementarlas. Se reducirá el aforo del museo a un tercio, será necesario mantener las distancias de seguridad y para que no se produzcan colas se tendrán que hacer las reservas de entradas por internet. Las cámaras nos avisarán si se produce algún tipo de pequeña aglomeración y así poder enviar al público a otros espacios. No habrá folletos físicos para evitar contagios y la información se descargará en PDF desde el móvil. No tendremos ni grupos turísticos ni escolares hasta fin de año.

–¿Y los cambios de fondo, que pueden ser de mucho calado?

–Lo primero es que lo que queda de 2020 y 2021 no va a haber grandes flujos. El sistema del arte estaba muy basado en bienales, ferias, turismo, y se ha parado, lo que implica que existe un modelo de producción que debe cambiar y contra el cual algunos ya nos habíamos quejado hace tiempo. La cuestión es ver cómo planteamos ahora nuevas formas de trabajar, con tiempos más largos, recuperar ese interés y ralentizarlos; apostar por una relación más colaborativa que nos haga relacionarnos más con las personas y con otras especies, y, si no lo entendemos así, vamos abocados al desastre; que las ciencias y la investigación como conocimientos extradisciplinares se conviertan en importantes, y, por último, conseguir una mayor empatía con la naturaleza, algo que puede haber logrado esta pandemia. Depende solo de nosotros el cambio de paradigma y ese trabajo me parece fundamental.

–¿Decimos adiós a las macro exposiciones y los «blockbuster»?

–Sí, pertenecen al pasado. Vamos a ir hacia modelos donde la colección de cada museo va a ser muy importante, también el estudio y la investigación, que no quiere decir que sean exposiciones aburridas o no populares. La intención es llegar a mucha gente, pero de otra manera. Los museos vamos a estar más interconectados y a ser más sostenibles. Lo importante será tener museos llenos de público. Ya no.

–¿Y se suspenderá la celebración del 30 aniversario del museo, que se cumple en octubre?

–Vamos a tener que hacer un 30+1. No nos hemos metido en ver qué haremos, pero este año, no. Será una celebración bastante más medida.

–Hay centros culturales de primer nivel que están reajustando sus plantillas. ¿Va a ser el caso del Reina Sofía?

–No se producirá un reajuste a nivel laboral ni se tocará el puesto de ningún trabajador.

–¿Ha habido una estimación de pérdidas?

–Aunque abramos las puertas dentro de un par de meses podemos perder entre 7 y 8 millones de euros de manera estimativa en este 2020. Son cifras muy importantes que tendremos que afrontar, y no sé si estará contemplado que entremos en el plan de ayuda del Ministerio de Cultura.

–¿Cuándo podremos hablar de la inauguración de una nueva exposición en el Reina Sofía?

–Vamos a prolongar las que ya estaban en cartel. La idea es hacer un rodaje de unos meses con la colección y ya en septiembre intentar inaugurar poco a poco.

–Y el «Guernica», foco principal de atención del museo, ¿estará sometido a algún tipo de protección especial?

–El ala donde está colgado es una de las que más vamos a controlar para que el público no se agolpe en ningún momento, no habrá aglomeraciones, ya no. Es la planta 2 con Dalí, Picasso y Miró. Incluso hemos pensado en que haya un ascensor de subida y otro de bajada para acelerar la circulación. Y siempre mantener la distancia, que es esencial, desde el primer momento.

–Usted ha hablado de un Plan Marshall para la cultura. ¿Cómo se articularía?

–Partimos de la base de que el sistema cultural español es frágil, aún arrastra carencias de la crisis de 2010. Ahora estamos dentro de otro ecosistema al que hemos de adaptarnos y reconvertirnos. Necesitamos un plan que apoye a las pequeñas empresas, a las galerías, los creadores, a todos los productores, y en el que haya una mayor agilización de los trámites administrativos con medidas de desgravación claras e incluso un Fondo Nacional de las Artes en el que se compre para museos y que no tiene que ver con el mundo de las grandes masas, que pertenece al ayer.