En los Oscar 2021 el premio será para... el cine en “streaming”

La cancelación de los festivales de los que se nutre la Academia de Hollywood y la irrupción de las plataformas digitales precipitan la modificación de la ceremonia y el sistema de selección de los académicos

Cualquiera imaginaba a comienzos de esa Edad de Oro de Hollywood recién nacida que sonaba al llanto desesperado de los saxofones y a la voz de Al Jolson advirtiendo de manera antológica a unos espectadores novicios con su “¡un momento, un momento, aún no has escuchado nada!” en la primera película sonora de la historia; olía a las orquídeas, al champán y al reverso maldito del dinero descritos por Fitzgerald en sus novelas; y tenía el aspecto cándido, aniñado y aparentemente dulcificado de la actriz Janet Gaynor, que el cine tendría que desarrollarse y producirse en mitad de la mayor catástrofe económica de la historia de Estados Unidos hasta el momento.

Tan solo siete meses después de que estallara el Crack del 29 y la inflación alcanzara niveles desorbitados, la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas de Los Ángeles reservaba el “Blossom Ballroom”, uno de los salones más exclusivos del Hotel Hollywood Roosevelt ubicado en la ciudad californiana, para organizar la primera ceremonia de los Oscar. Era mayo de 1929 y a pesar de que el contexto histórico de crisis que avasallaba los diferentes escenarios sociales de entonces pueda resultar ciertamente similar a las consecuencias de la actual pandemia mundial ocasionada por el coronavirus, los protocolos de actuación distaban bastante de las medidas restrictivas de ahora. Entre otras cosas porque la gente no moría por contagio, sino por hambre. Y no era necesario establecer normas preventivas que evitaran la propagación, bastaba con reflotar la economía de todo un país.

Resulta impensable imaginar un establecimiento abarrotado, una congregación de gente divirtiéndose, un ejercicio colectivo de reparto de felicidad o cualquier celebración protagonizada por el contacto en estos momentos extraños en los que acciones como tocarse y reunirse han pasado a formar parte del compartimento estanco de los recuerdos de cosas que una vez hicimos, pero ya no recordamos cómo. Sin embargo, doscientas setenta personas se repartieron por las diferentes mesas habilitadas del Hollywood Roosvelt y se sentaron unas al lado de otras para asistir a la entrega de premios de esta gala pionera en la que Chaplin recibió un reconocimiento honorífico por actuar, escribir, dirigir y producir “El Circo”.

Un siglo después de que el fundador y productor de la Academia, Louis B. Mayer, ideara estratégicamente este espectáculo para, tal y como él mismo afirmó en una ocasión, “colgarles medallas a los cineastas y darles copas y premios para que terminaran matándose por lo que yo quería producir”, los cimientos del certamen que este año cumplirá su edición número 93 se agitan con relativa fuerza por el viento enrarecido que trae consigo el Covid-19. Desde que se decretó el estado de alarma en multitud países, acontecimientos tan ligados a los Oscar como los festivales de cine han ido anunciando de manera escalonada su eventual cancelación.

El autor de “Hacia una imagen no-tiempo” y crítico de LA RAZÓN Sergi Sánchez recalca la importancia que estas celebraciones tienen de cara a los premios: “Los certámenes de categoría A, junto al Festival de Toronto, concentran buena parte de la producción de cine de calidad, de cine que importa, del año. Son los que dan materia prima a los Oscar y sirven como campo abonado para testar la recepción que van a tener las películas. Si se suspenden, ¿qué películas competirán para los Oscar? ¿Qué van a premiar? Los académicos irán a ciegas, nadie les habrá descubierto el nuevo “Parásitos” (que, por cierto, empezó su meteórica carrera en Cannes, ganando la Palma de Oro)", indica.

San Sebastián, Venecia y Cannes son algunos de los ejemplos que se han visto obligados a repensar sus fechas a pesar del intento de resistencia previa que mostraron cuando durante el pasado mes de marzo no se podía concretar la magnitud abrumadora de la crisis sanitaria. Algunos como el director de Cannes, Thierry Frémaux, vaticinaban en una entrevista concedida a “Le Figaro” la llegada de un futuro muy oscuro y muy incierto si los festivales seguían cancelándose al ritmo que lo estaban haciendo.

Con un cambio de paradigma inminente sobre la mesa de la industria del cine y el movimiento circular de incertidumbre y desconocimiento del futuro sobre el que productores, promotores, festivales, salas y creadores están girando, el crítico de cine y autor de “Hollywood maldito”, Jesús Palacios, perfila de manera aproximada los márgenes de esa temida reincorporación al ajetreo habitual de los certámenes y a esa “nueva normalidad” que también afecta a la industria: “Creo que los Festivales si quieren seguir existiendo como tales tendrán que volver a ser “físicos”, es decir: a ser lo que eran, pero la “nueva normalidad” (por cierto, concepto muy siniestro) afectará seguramente a sus dimensiones, duración y potencia económica. Si hay que reducir aforo, prescindir (al menos durante un tiempo) de invitados extranjeros y evitar desplazamientos o ceremonias masivas, tendrán que hacerse más domésticos, manejables económicamente y profesionalizados. Por otro lado, tendrán que mantener también una mayor actividad digital y online, quizá con secciones virtuales, con jurados conectados a distancia, presentaciones o sesiones online. Es algo difícil de prever”, asegura.

Dentro de esa incorporación del concepto virtual y del repunte progresivo de las plataformas digitales se encuentra precisamente la esencia de la nueva deriva de los Oscar, que anunciaba a través de la Academia una nueva incorporación en las reglas de la próxima edición, que, excepcionalmente, permitirá que las películas disponibles en VOD compitan por los premios a pesar de que no se hayan podido estrenar en las salas. Pese a que filmes que compitieron en pasadas ediciones como “Historia de un matrimonio”, “El Irlandés” y “Roma” ya provenían de plataformas como Amazon o Netflix, también habían tenido un lanzamiento en el cine, por lo que esta medida nunca se había llevado a cabo de la manera que ahora se propone.

¿Complemento o enemigo?

Cabe preguntarse entonces si las plataformas digitales se están convirtiendo en un canal de distribución complementario de la industria o en un declarado enemigo de su autenticidad como producto: “Si no fuera por las plataformas VOD está claro que este periodo de confinamiento, con las salas cerradas y los rodajes paralizados, habría sido mucho más devastador para la industria. Las plataformas, en todo caso, son un arma de doble filo: han aprovechado el coronavirus para consolidar su modelo de negocio y certificar un cambio de hábitos de consumo que puede poner en peligro al sector de la exhibición tradicional. Habrá que encontrar, supongo, sinergias más flexibles entre la industria del cine y las plataformas”, afirma Sergi Sánchez.

El crítico también ha encontrado en este método de distribución un eficaz aliado para hacer frente a su nueva dinámica de trabajo: “Los afortunados nos hemos tenido que reinventar en críticos de películas de plataformas. En mi caso, ha sido una oportunidad para recomendar cine inédito de calidad que, en muchas ocasiones, está enterrado en los catálogos de las plataformas, y no ha podido disfrutar de una distribución en salas. A veces, bastantes, se trata de películas premiadas en festivales que el espectador ni siquiera sabe que están a su disposición, en formato de consumo doméstico”, afirma.

Por su parte, Palacios se muestra partidario de la integración total de lo digital y augura un establecimiento cotidiano del consumo a través de las plataformas: “Guste o no guste, las plataformas digitales son ya la evolución natural de la exhibición, distribución y consumo de cine en el siglo XXI. Creo que más pronto que tarde todos los grandes grupos y compañías cinematográficos acabarán por entrar en el negocio digital, bien a través de las ya establecidas, bien de otras nuevas creadas ex profeso y por acuerdos entre distintas compañías. Las salas de cine quedarán para eventos cinematográficos señalados, pero el consumo será a través de las plataformas y las pantallas digitales”.

Mientras, el mundo seguirá girando, las claquetas seguirán sonando y los Oscar seguirán celebrándose con su revestida pompa habitual de glamour y festejo a pesar de la duda creciente sobre la introducción por parte de la Academia de algún otro cambio en su reglamento como la modificación del periodo de elegibilidad. Nadie puede saber cómo será el certamen de este año, pero entre las pocas certezas rescatables, tal y como señala Palacios, cabe conformarse con la idea de que “Hollywood seguirá siendo Hollywood y, Europa seguirá siendo Europa”. Aunque ya no huela a orquídeas, ni tenga sabor a champán.