Echo Chen, la escritora china que se enamoró de un buzo español

“Sanmao: La novia del desierto” revela la apasionante y trágica historia de este icono de la literatura asiática

Entre las diferentes lápidas que habitan silenciosas e inermes el cementerio de Santa Cruz de La Palma, hay una que sobresale dentro de la vecindad mortuoria de las cajas y las cruces por encima de las demás. “José María Quero Ruiz. 9 de octubre de 1951-30 de septiembre de 1979”, rezan las letras de la placa. En el interior de una pequeña vitrina se puede advertir la presencia de una fotografía en blanco y negro presidida por una mujer de rasgos asiáticos y un hombre de poblada barba y rudo aspecto que una vez se quisieron rodeada de piedras calizas con mensajes cargados de afecto inscritos en su superficie.

“Vino una guagua llena de chinos. Se pasan sentados en la esquina horas y horas. De rodillas llorando. Yo no sé lo que esta chica es en China, pero tiene que ser algo tremendo porque yo he visto cosas aquí que no he visto en ningún otro sitio”, comenta una vecina del municipio asombrada. Han pasado 25 años de la muerte de la enigmática mujer de la foto y los peregrinajes al paisaje insular donde se consolidó su historia de amor con José María siguen sucediéndose con la misma intensidad.

Icono de mujer liberada

La escritora Echo Chen, popularmente conocida como Sanmao, icono femenino de la liberación en China y Taiwán durante la década de los setenta, espejo generacional, artista multidisciplinar, mujer valerosa y frágil, completa desconocida en España, aterrizó con su marido en una de las ciudades más antiguas del archipiélago canario poco tiempo después de que se produjera la invasión marroquí del Sáhara Occidental. Hasta ese momento, la joven taiwanesa había estado viviendo con el submarinista español en el desierto –testigo privilegiado de su enlace matrimonial– empapándose de sus gentes, sus colores, sus tradiciones ancestrales, sus minuciosas rutinas, sus acompasadas cotidianidades, para traducir todas las sensaciones experimentales y profundamente desconocidas para ella en uno de sus libros más exitosos: “Cuentos del Sáhara”.

Sin incurrir de forma obscena en los tópicos, la trayectoria personal y profesional de Echo parece sacada de una película. Y es en ese carácter de aventura infinita, de tragedia contemporánea, donde las directoras Marta Arribas y Ana Pérez de la Fuente han descubierto una fuente narrativa sorprendente, desconocida y fácilmente ajustable a los parámetros del género documental. En “Sanmao: La novia del desierto”, que se estrena mañana, el éxito repentino, la vulnerabilidad emocional (con tendencias suicidas incluidas), la línea desdibujada entre la ficción y la realidad, el carácter onírico de la inspiración, la libertad que proporcionan los viajes y el amor desmedido y entregado para con el otro transitan por imágenes, fragmentos de canciones, grabaciones, confesiones de los diarios personales y testimonios de familiares y conocidos como si se tratara de las piezas de un puzle.

“Sanmao viaja cuando ninguna mujer china puede viajar en esa época. Abre una ventana a través de ese viaje iniciático que realiza y habla de sus vivencias fuera. Eso supuso una apertura muy grande para toda esa generación de mujeres jóvenes. En Taiwán tuvo mucho éxito pero en China al principio estaba prohibida y tuvieron que empezar a pasar copias pirata. Para esa generación de mujeres, no solo de esa época, sino de etapas posteriores, la vida de Sanmao es un sueño”, afirma Marta Arribas sobre la figura de una “piedra dura que aprendió a pulirse en el desierto”.

El descubrimiento de esta aventura, confiesa Arribas, fue fruto del destino: “Me acuerdo que estábamos Ana y yo haciendo brainstorming de temas para documentales y apareció una amiga nuestra que se llama Lorena y nos dijo “chicas, ¿yo os he contado alguna vez la historia de mi tía china y mi tío José María buzo?” y claro, nosotras no sabíamos nada. De repente nos empezó a contar una historia de amor, de literatura, de viajes, de aventura, que contenía también muchos elementos trágicos y pensamos… esto hay que contarlo. Es una historia completamente desconocida".

Sin embargo tirar del hilo de una historia que no se había contado nunca cuya base documental en lo que a escritos, obra y archivo se refiere estaba en un idioma como el chino, no era, en ningún caso, tarea fácil: “Al principio pensamos que alguien estaría haciéndola y descubrimos para nuestra sorpresa que no. No había absolutamente nada traducido. Solo encontramos inicialmente cosas en chino que no entendíamos. La propia familia de José María tampoco tenía demasiados datos. Ellos sabían que Sanmao escribía, pero no sabían sobre qué”, señala.

Además, "desconocían la trascendencia que había alcanzado en China. Ni siquiera conocían a la familia de Sanmao en Taiwán. Tan solo las cosas que iba contando ella. Empezaron poco a recordar, a enseñarnos fotografías, cartas…y entonces nos pusimos en contacto con la familia de Sanmao allí. En ese momento empezamos a ver la categoría de icono que había alcanzado en el país. Cuando conoce a José María en el Sáhara español, lugar donde él era buzo profesional, empieza a escribir crónicas cotidianas de su vida allí y a mandarlas a un periódico en Taiwán y se convierte de repente en boom”.

Con más de una veintena de libros publicados, la impunidad de la que gozaba Sanmao a la hora de escribir textos testimoniales sobre su estancia en España, se respaldaba en su propio idioma y afectaba de forma directa a la familia de José María. “En ningún momento me permití olvidar que me enfrentaba a una persona que me odiaba. “Tu suegra es tu enemiga. Tendrás que trabajar mucho para poder olvidarlo”, decía para mis adentros”, escribe Sanmao. Algunos miembros de la familia de José María se convierten en personajes de ficción. Todo se nubla, se fusiona, se mezcla. Pero los libros se publican China y la familia no tiene mucha idea de lo que guardan.

Arribas apunta el carácter peliagudo del asunto: “Sanmao tenía muy buena relación con la familia de José María, de hecho era amiga de las hijas, se escribían cartas, Sanmao le recomendaba ingredientes para preparar comida china…etc. Pero ella escribía sobre ellos sin que pudieran saber o comprender de qué forma. Hasta ahora no han sido conocedores de eso. ¿Qué le pasaba a Sanmao? Que escribía con total impunidad porque sabía que no lo leerían nunca. Con esa libertad del creador literario, se tomó la licencia de mezclar la realidad con una ficción creada por ella misma a través de la familia del propio José María. Convirtió en personajes a toda la familia política. La familia leyó lo escrito por Sanmao cuando ya estábamos haciendo el documental, fue un golpe. Fue duro. Como ellos dicen en el documental “ahora vemos que nosotros queríamos mucho más a Sanmao de lo que Sanmao nos quería a nosotros”. Es un tema complicado”.

Uno de los logros personales de este documental ha sido precisamente la unión posterior entre las dos familias. Ese acto depurador y luminoso de reconocerse como iguales y parientes después de muchos años: “A raíz del documental se han conocido las dos familias, porque antes no se conocían. La productora del documental, Ikiru, se trajo a la familia de Taiwán a Madrid a conocer a los Quero. Los hermanos de Sanmao, que son los únicos que viven. Solo sabían de la familia de José María a través de los cuentos. Ahora mismo están en contacto total y son super amigos”, explica Arribas.

Al margen de los malentendidos familiares, lo esencial es que Sanmao se enamoró de José María. Se conocieron en Madrid, en una época, los setenta, donde las calles del Rastro (uno de los lugares predilectos de la escritora), las bibliotecas y las universidades concentraban toda la agitación intelectual y cultural de la ciudad. Juntos vivieron una historia de amor que fue capaz de traspasar el cartílago del tiempo, la profundidad del agua y hasta el temblor efervescente de la arena.

“Cuando regresé a Madrid vi a José. Estaba más alto y se había dejado una gran barba. Habían pasado seis años. Miré a la persona que tenía delante de mi y me pregunté qué más podía pedir. Nos casamos sin haber sido novios antes. Era el hombre de mi vida. Volvía a ser una persona", describe en una escena. Cuando deciden establecerse en Telde (Las Palmas), el mar vuelve a conectar con las raíces de la escritora: “Hemos alquilado una casa preciosa en la costa. El lugar es extraordinario y la gente también es maravillosa. Canarias es un paraíso en la tierra. A veces el sonido del mar me devuelve un eco de Taiwán”. Él murió en un accidente de buceo. Ella le siguió años más tarde quitándose la vida en un hospital de Taiwán. Las raíces de Echo siempre fueron de muchos sitios y continúan creciendo alrededor de una historia que aún late en la lápida de José María, donde todavía crecen flores.