Estilizados nacionalismos

El Cuarteto Quiroga junto a Juan Manuel Cañizaresarchivo

Obras de Boccherini, Cañizares y Ginastera. Juan Manuel Cañizares, guitarra. Cuarteto Quiroga. Liceo de Cámara del CNDM. Auditorio Nacional, Sala de cámara. Madrid, 17-XI-2020.

Un programa del más alto interés se ventilaba en esta sesión del Liceo de Cámara, que se nos ofrecía en los arcos de uno de los mejores Cuartetos españoles (y europeos) y en las manos de uno de los más acreditados guitarristas de la actualidad, que desde hace años va mostrando cada vez más su veleidades compositivas.

Su “Quinteto de cuerda nº 1”, “Las lunas de Madrid”, emplea el lenguaje no rupturista habitual del músico que, disonancias aparte, se aloja en el universo tonal, pero está construido con suma habilidad y buen tino constructivo, no exento de un excelente sentido de la variación temática. Su primer movimiento presenta una melodía larga no exenta de turbulencias, que se abren para la discreta entrada de la guitarra que da paso a una suerte de vals lento. Las escaramuzas, bien elaboradas, concluyen con una racial frase del solista, que encuentra eco en los instrumentos de arco.

El chelo se hace protagonista en los compases iniciales del segundo tiempo, donde se establecen animados diálogos. Nos parece percibir entre brumas un aire de pasodoble. El solista inicia su intervención en el movimiento siguiente sobre pedales. Se nos viene a la memoria el “Concierto de Aranjuez” de Rodrigo en lo que podemos considerar una especie de paisaje nocturno en el que se desarrolla un muy delicado aire danzable. El cuarto fragmento se vierte hacia lo popular en el gozoso canto de los arcos, aunque es la guitarra quien marca pronto la pauta en sus dejes flamencos. Tras un baile muy “jondo”, todo acaba súbitamente.

Por supuesto el autor demostró su dominio del instrumento, bastante bien amplificado. No había sucedido lo mismo con su intervención en el “Quinteto del Fandango” de Boccherini, donde la guitarra sonó lejana. En el segundo movimiento, Helena Poggio se exhibió en las notas altas del chelo. La elaboración del “Fandango” fue primorosa y nos levantaron del asiento los furibundos “crescendi”. Las castañuelas, manejadas por la chelista, contribuyeron a remarcar lo contagioso del baile. La obra vino servida por un riguroso control del ritmo y las dinámicas y una pátina tímbrica muy propia; la misma de la que estuvo rodeado el “Cuarteto de cuerda nº 3” del mismo compositor, expuesto con rara elegancia.

Todo culminó con el excitante “Cuarteto nº 1” de Ginastera, una obra maestra que sirve de manera estilizada, y que muestra a las claras el camino del músico, la conseguida amalgama de un lenguaje nacionalista argentino con las tendencias más rompedoras y modernas que venían de Europa. La interpretación de partitura tan enteca, concisa, enjuta y virulenta fue magistral. Los arcos restallaron en la exposición de los repetidos “ostinati”, los claroscuros y el paisaje desolado. Un cierre a toda presión puso en pie al respetable, que colmaba todos los sitios disponibles.