El grupo procedente de Alcoy Los Dyson, que integró a Camilo Sesto (derecha) y que fueron apadrinados por Los Ojos Negros, en una escena de la noche de MadridArchivo

Los Ojos Negros: la pandilla de macarras que atemorizó Madrid y apadrinó a Camilo Sesto

La banda juvenil fue el terror del sur de la capital y contaba entre sus miembros con el boxeador Dum Dum Pacheco, que ayudó a despegar la carrera musical del autor de “Vivir así es morir de amor”. Por Ulises Fuente

A comienzos de los sesenta, el barrio de Usera estaba sin pavimentar. Calles sin plan que crecían en absoluta precariedad y en todas direcciones. Allí llegaban familias en aluvión desde cualquier punto de España y se asentaban en casas baratas, mucho peores que las que dejaban atrás en los pueblos. Y también dos décadas antes de que el cine “quinqui” narrase la realidad de las periferias y los suburbios, éstos ya existían. Y, claro, sus protagonistas también. En Madrid, los barrios de Carabanchel, Orcasitas, Pan Bendito y Usera, por ejemplo, vieron actuar a las primeras bandas callejeras, especializadas en robos, timos, tirones, amenazas que van escribiendo la ley de la calle mientras se inspiran en las películas americanas. Una de las más famosas y temibles tiene una historia genial. Los Ojos Negros, con sede en Legazpi pero influencia en Usera, contaban entre sus miembros a una estrella en ciernes del boxeo que será campeón de España de su peso y apadrinaron a un joven cantante pop que un día, no mucho después, se convertirá en Camilo Sesto.

Ángel Luis Tello era un macarra de Carabanchel que tiene los ojos color azabache al que acompaña un lugarteniente, Mariano Revilla, y un grupo de amigos que le siguen adonde vaya. Uno de ellos se llama José Luis Pacheco y tiene unos arranques tremendos de genio. No duda en sacudir puñetazos cuando la situación lo requiere. Ellos son los líderes de un grupo que se hace llamar Los Ojos Negros, porque todos los tienen oscuros y porque, si te enfrentas a ellos, puede que tú también. Pero no son la única banda que tiene fama. Se habla de Los Látigos, en el mismo barrio de Carabanchel, los Trompas de Vallecas, Rana Verde en Orcasitas, los Gatos Negros de San Blas, por ejemplo. Como cuenta en su libro “Macarras finiseculares” Iñaki Domínguez (Melusina, 2020), cada una con su territorio, sus fiestas y sus discotecas (o boites o bailes, que es como se llaman entonces). Mientras se respeten las zonas, todo está bien. El problema llega cuando alguno se pasa de listo.

Los Ojos Negros llevan a cabo sus misiones. Motos tentadoramente aparcadas en la calle, alguna intimidación por encargo y el orden de los tráficos de la noche, que en la época no pasan de hachís y grifa procedentes de Marruecos. Uno de los más valientes o inconscientes del grupo es José Luis, apellidado Pacheco, que no rehúye una pelea y que está acostumbrado a defenderse, si hace falta, con una navaja o un cuchillo. En una ocasión, acompañado por Emilio El Lobo, uno de sus secuaces habituales, atraca una farmacia a punta de navaja. Sin embargo, por alguna razón, ambos discuten a la hora de repartirse el botín y arman tal escándalo pelándose que la policía les detiene. Pacheco no tiene más de 16 años y solo debería pasar unos meses a la sombra, pero en la cárcel se vuelve más violento todavía. Conoce “dentro” a El Lute, coincide con Jesús Gil e incluso con el bailarín Antonio Gades. Y agrede a un guardia. Pasará dos años en prisión y al salir descubrirá su destino en un bar de legionarios que frecuenta: presencia en televisión una pelea de boxeo de Fred Galiana y tuvo su epifanía, iba a ser boxeador. Su estilo, tan descarnado como la propia calle, le servirá en bandeja su apodo. “Dum Dum” Pacheco, en honor a unos misiles de la época, pega con la rabia acumulada desde la cuna, como aprendió con Los Ojos Negros. Se dejará el alma y los órganos en el cuadrilátero hasta llegar a ser número uno del ranking europeo. Fue uno de los deportistas españoles campeones de medianoche.

El púgil José Luis "Dum Dum" Pacheco pasó por la cárcel, la Legión, y fue boxeador demoledor
El púgil José Luis "Dum Dum" Pacheco pasó por la cárcel, la Legión, y fue boxeador demoledorArchive

Pero habíamos dejado a nuestra pandilla en la calle, donde hace lo que les da la gana. En el fondo, las calles y las casas no han cambiado tanto en Usera, salvo, obvio, el pavimento. Pero los edificios bajos, las viviendas austeras, los patios interiores siguen siendo en esencia el mismo paisaje que en los años 60. Allí, Los Ojos Negros imponen su ley, con navajas y cadenas de motocicleta y están deseosos de retarse con una banda rival. Acaba de estrenarse “West Side Story” (1961) y los duelos de la película hacen volar la imaginación. Los Ojos Negros consolidan un templo de reunión nocturna. Se trata de una discoteca, Los Boys, en Usera, su cuartel general. Allí, según cuenta Domínguez y también Servando Rocha en la revista “Madriz”, tiene lugar una escena que el propio Camilo Sesto corroboraba en sus memorias (“Camilo”, 1985). Antes de adoptar el nombre artístico por el que fue conocido, Camilo Blanes formaba parte de Los Dayson, una banda de pop, aunque en España todo se etiquetaba como “ye-yé”. El caso es que una noche Los Dayson se plantan en la discoteca que gobiernan Los Ojos Negros y se acercan a Pacheco, reconociendo que allí ellos son los que mandan. Le piden trabajo y Pacheco intercede por ellos ante el dueño del local, que ya les ha rechazado previamente. Aunque protesta, acaba cediendo a la presión del macarra y los poperos. “Vamos a ser sinceros contigo. O les das un mes de prueba o si no, ya sabes, te rompemos la discoteca”, le dice Pacheco. Con su actuación de aquella noche y el buen hacer del cuarteto durante los siguientes meses de 1965, el dueño de Los Boys vio recompensada con creces su decisión.

Lo que sucedió en aquella primera noche, la de bautismo de Camilo Sesto, lo relata él mismo en su biografía, en la que describe Los Boys como “un garaje enorme y horroroso, con las paredes sucias y húmedas”. En su debut en esa especie de “The Cavern” a la española, el famoso cantante lo recuerda así: “En medio de nuestra actuación, un tipo completamente vestido de negro, adornado con cadenas y herrajes de todo tipo, pelo largo, muñequera, gafas oscuras ; un tipo con un aspecto terrible empezó a hacerme muecas de burla mientras bailaba. Yo dejé la canción a la mitad, abandoné el micro en el suelo y me lancé a la pista. No era fácil ganarme bailando el rock and roll. Pronto nos hicieron corro y aparecieron dos chicas en la competición. Al terminar, el fulano me abrazó con fuerza y dijo: ‘‘A partir de ahora seréis los líderes musicales de nuestra banda, Los Ojos Negros’’. A lo que yo contesté: ’’¿Yo? ¿Has visto el color de mis ojos?’'. Pero el tipo sentenció. ’'Da lo mismo. Cantas y bailas como dios. Asunto hecho’'. Iban armados de cadenas de motos, cuchillos y resultaban realmente peligrosos. Así que eran los verdaderos dueños de Los Boys. Sin embargo, gracias a su admiración por nosotros, se convirtieron en seguida en nuestros protectores”, recordaba el propio Camilo Sesto.

Sin embargo, las cosas no fueron tan bien como esperaban y el resto de los miembros de Los Dayson, procedentes de Alcoy (Alicante), como Camilo, deciden poner fin a la aventura madrileña y Camilo trata de abrirse camino en la capital tocando para otros, haciendo coros y pintando. En 1966 se integró en Camilo y Los Botines pero bien podría haber terminado como un miembro más de Los Ojos Negros.