«Othello» ya no es ninguna tragedia

Marta Pazos utiliza la comedia como un «generador de rabia», dice, en la nueva versión del clásico de Shakespeare que presenta en La Abadía de la mano de Voadora

La antigua iglesía de La Abadía se transforma en el universo voadoriano para acoger el «Othello» de Shakespeare hasta el 6 de junio
La antigua iglesía de La Abadía se transforma en el universo voadoriano para acoger el «Othello» de Shakespeare hasta el 6 de junioCristina BejaranoLa Razón

Marta Pazos es una todoterreno. Vive en Santiago, pero quizá sea donde menos pace. Los escenarios mandan, e igual que te estrena en Barcelona (en el Lliure) el único guión de cine de Lorca («Viaje a la Luna»), te levanta un Shakespeare en una iglesia. Pero también tiene tiempo para los International Opera Awards, o lo que el tópico viene a llamar «los Oscar de la ópera». Los mismos que se fallaron este lunes y nombraron al Real como el mejor teatro del mundo, entre otros, por montajes como el que ella lideró en 2019, «Je suis narcissiste». Una ópera bufa con la que Pazos exploraba nuevos territorios y que bien le valieron la nominación a mejor estreno absoluto en la misma gala por su puesta en escena sobre ese narcisismo «que agranda nuestra percepción de nosotros mismos y nos empuja a hacer todo a lo grande, aunque hayamos olvidado la razón por la que lo hacemos», presentaban entonces. Sin embargo, «no pudo ser», confesaba a LA RAZÓN un día después de la ceremonia «online» que vivió en directo desde los salones del Real junto a otro de los premiados, Xabier Anduaga, mejor actor joven. «Es un honor que te gane alguien como Robert Carsen [con “Oceane”]».

Pero los menesteres que ocupan ahora a Marta Pazos son ese Shakespeare sacro, el tercero que monta junto a su compañía Voadora. Tras «La tempestad» y «Sueño de una noche de verano», focaliza su arte en «Othello», una producción respaldada por el Teatro Nacional São João (Oporto), la MIT de Ribadavia y La Abadía, donde se estrena la pieza este sábado. Por allí pulula estos días la directora cerrando los últimos detalles sobre un escenario que, sorprendentemente, nunca había pisado. «Es que no había estado ni como público», confiesa ante su propia incredulidad. No así en la sala contigua, la José Luis Alonso, donde todavía hay nostálgicos que recuerdan su última «rave» prepandémica de la mano de los gallegos en «Hemos venido a darlo todo». Ahora ese universo voadoriano se traslada a las tablas principales del templo, remozado para la ocasión con «el color de piel de Desdémona» por mucho pudor que le provoque hablar de razas siendo «una mujer blanca de clase media», comenta. Todo el pantone de la mujer de Othello envuelve un escenario que llama la atención por la ausencia del negro en el firme y por unos tules que se sobreponen al fondo. «Toca, toca», invita Pazos. «Son telas muy vaporosas y ayudan a jugar con todos esos personajes que están en las alcobas de la obra del Bardo».

Cristina Bejarano La Razón

Como buena «galega», Pazos tira de superstición para justificar este «Othello»: «Mi Matemática de la comedia me lleva al “un, dos, tres”. El triángulo es la completud y después de las otras dos piezas de Shakespeare tenía que llegar una tercera». Así que rebuscó en los escritos y dio con esta tragedia, aunque «no me apetecía hacer un drama», y, entonces, dio con la manera de traer la historia a estos tiempos. «Me afectó mucho el tratamiento de los personajes femeninos y encontré en Desdémona a alguien muy contemporáneo, en la línea de la Hermia de “Sueño...”, que se escapa al bosque porque no desea casarse con quien no quiere. Aquí, cuando empieza, Desdémona ya lo ha hecho todo y ese punto de partida me pareció interesantísimo. Después está el cómo se le asesina con una ligereza atroz y cómo no se la tiene en cuenta en la toma de decisiones. Ni siquiera Othello le pregunta si ella ha hecho algo –continúa–. Se hace todo a sus espaldas. Eso fue lo que me llevó a las parejas reales y a relaciones muy vigentes».

Fue la primera reflexión que sacó la directora después de llevar «años con la obra en la cabeza». El eco de «Othello» resonaba y Pazos «escupía», dice, la historia: «Me producía dolor entrar ahí, pero llegó el momento y me surgió la herramienta de la comedia para digerirla». Agarró el clásico «desde el lugar del no privilegiado, desde los personajes de las alcobas», repite. Ni siquiera Othello tiene este favor, pues el protagonista es Yago. La nueva visión se construye desde la apertura del «espacio íntimo», como llama la de Voadora a «las conversaciones y acciones del universo femenino a través de los personajes de Desdémona, Emilia y Bianca». Utiliza la comedia como generador de discurso sobre el dolor y la rabia; y también se pregunta qué podemos hacer en el presente para detener el tiempo en el relato. Esta función para justo cuando se pronuncia aquel «no hay tiempo, es tarde» y Othello (interpretado por Chumo Mata) estrangula a Desdémona (Mari Paz Sayago). «Detener el tiempo para volver sobre los pasos de la historia y entender cómo ha llegado hasta ahí. Detenerlo y proponer al público un debate alrededor de la construcción del género, la percepción de uno/a mismo/a y las relaciones y la estructura misma del sistema patriarcal».

Cristina BejaranoLa Razón

Y no será el hashtag #niunamenos el único que aparezca por La Abadía, también lo harán las esencias del Black Lives Matter, la posverdad y hasta las «fake news», porque «Othello», simplificando, no es más que el relato que hizo el Bardo sobre un encuentro en el que una mujer europea y un hombre africano se enamoran. «Pero, al final, ella muere asesinada a manos de él», puntualiza Pazos. Así, el «moro» Othello es víctima y verdugo al mismo tiempo. Sufre islamofobia y ejecuta un feminicidio que parte de la mentira y que termina con la vida de una mujer que la gallega define como «inteligente, madura, sensible, comprensiva, apasionada...». Una figura a la que Pazos asegura que ha dado «“power” y rock and roll» respecto al original, pero «no me he inventado nada que no estuviera en el texto». Sí ha eliminado partes, como el conflicto bélico, porque, simplemente, «no me interesaban», y potenciado la «pulsión entre binomios»: la mentira y la verdad, la delicadeza y la fuerza bruta, la luz y la oscuridad, lo público y lo íntimo, el amor y el odio. «Me parecía natural seguir esta relación de contrarios a la hora de formular la puesta en escena».

  • Dónde: Teatro de la Abadía, Madrid. Cuándo: del 15 de mayo al 6 de junio. Cuánto: desde 8 hasta 20 euros.

POCO DE LATINO Y NADA DE GRIEGO

Si bien Marta Pazos es el alma de Voadora, este «Othello» hubiera sido imposible sin su mano derecha en el proyecto, Fernando Epelde, gran conocedor de la obra, responsable de la versión y quien asegura que «la obra del Bardo pone de manifiesto el problema de los tres cuerpos de Newton utilizando como sujetos a Desdémona, Yago y Othello para ratificar que no podemos calcular el movimiento de tres cuerpos relacionándose en el espacio. En cada función, en cada época y en cada instante, los conflictos de estos personajes se recolocan, garantizando su vigencia a lo largo de los siglos. (...) Si, como decía Ben Jonson, Shakespeare tiene poco de latino y nada de griego, el “Othello” de Voadora es una celebración de su eterno “feedback”: un canto a la capacidad del bardo para dar cuerda eternamente al teatro», explica. Epelde.