Historia

500 años del enésimo juicio a Lutero

Se cumplen cinco siglos de que los príncipes del Sacro Imperio Romano Germánico convocaran al teólogo en la Dieta de Worms para que se retractara de sus tesis

"Lutero ante la Dieta de Worms"  (1877), pintura de Anton von Werner.
"Lutero ante la Dieta de Worms" (1877), pintura de Anton von Werner. FOTO: . La Razón

Lutero no se amilanó ante la Dieta de Worms: “A menos que no esté convencido mediante el testimonio de las Escrituras o por razones evidentes [ya que no confío en el Papa, ni en su Concilio, debido a que ellos han errado continuamente y se han contradicho] me mantengo firme en las Escrituras a las que he adoptado como mi guía. Mi conciencia es prisionera de la Palabra de Dios, y no puedo ni quiero revocar nada reconociendo que no es seguro o correcto actuar contra la conciencia. Que Dios me ayude. Amén”.

La tradición cuenta que el teólogo dijo que “¡No puedo hacer otra cosa; esta es mi postura! ¡Que Dios me ayude!”, aseveró durante una argumentación que atacaba directamente las enseñanzas de la Iglesia católica.

Lo hacía Martín Lutero hace 500 años. El mismo tiempo que hoy se cumple del final de esa asamblea de los príncipes del Sacro Imperio Romano Germánico llevada a cabo en Worms (Alemania) que tomó el nombre de Dieta de Worms, presidida por el recién nombrado emperador Carlos V del Sacro Imperio Romano Germánico. El punto más relevante de la cita fue la comparecencia de Lutero, convocado para que se retractara de sus tesis, aunque en vez de dar marcha atrás, defendió con su actitud protestante.

El año anterior, el papa León X había emitido la bula “Exsurge Domine”, exigiendo que Lutero corrigiera 41 de las 95 tesis en las que criticaba las prácticas y costumbres de la Iglesia católica. Posteriormente fue excomulgado el 3 de enero de 1521 mediante la bula “Decet Romanum Pontificem”.

Lutero fue convocado por el emperador para que compareciera ante la Dieta Imperial. El príncipe Federico III, elector de Sajonia, obtuvo una concesión mediante la cual a Lutero le sería concedido un salvoconducto para acudir y regresar desde el lugar del encuentro. Tal garantía era esencial después del trato recibido por Jan Hus, quien fue procesado y ajusticiado en el Concilio de Constanza de 1415 a pesar de que poseía un salvoconducto; Lutero dijo que iría a Worms aunque hubiese allí “tantos demonios como tejas en los tejados”.