Un travesti y una ópera bufa: el Teatro Real se ríe de sí mismo

Presenta «Viva la Mamma», de Donizetti, una ópera que parodia su propio mundo

Una imagen del montaje de "Viva la Mamma", en Lyon
Una imagen del montaje de "Viva la Mamma", en LyonBERTRAND STOFLETH b.stofleth@free.fr

«Quiero agradecer que esta locura pueda salir bien», dice el barítono Carlos Álvarez del que seguramente sea el papel más extraordinario de su carrera, antes de ponerse en la piel de Mamm’Agata, o más bien de travestirse en sus zapatos de diva autoritaria y vanidosa. Álvarez será la «prima donna» de tres al cuarto en torno a la que gira «Viva la Mamma», la ópera bufa de Donizetti que el Teatro Real está a punto de estrenar. Será el penúltimo montaje de una temporada convulsa, en el que ha sido elegido Mejor Teatro del mundo pero tras no poco esfuerzo y algún sobresalto en forma de contagio, por lo que se propone hacer sonreír.

El maestro Evelino Pidó, director musical de la ópera, ensalzó el tono «desacralizante» de la pieza, que se compone de un «collage» de escenas. «La obra se basa en una tremenda parodia e hilarante sátira del mundo del teatro y la ópera, de sus mitos, de sus propios tópicos», explicó el maestro, que hizo hincapié en un aspecto en el que «Viva la Mamma» es más exigente que una ópera «seria»: la faceta actoral e interpretativa de los cantantes, a los que se les pide un plus de puesta en escena.

Para eso está Laurent Pélly, que enfatizó los valores de la comedia en los que cree. «Me interesa la burla en la medida que deja traslucir situaciones o sentimientos trágicos, sombríos. La sátira hay que tomársela en serio siempre, así que no se trata de hacer reír porque sí, sin más, sino para contar una historia más profundamente». No hay que dejarse llevar por las apariencias de «Viva la Mamma», porque está llena de dobles mensajes. La ópera arranca en un parking, que es en lo que ha sido convertido un teatro tras su demolición sin contemplaciones, y la segunda parte retrocede en el tiempo hacia lo que aquel lugar solía ser, un mensaje que, para el director artístico del Teatro Real, Joan Matabosch, «puede ser tomado como una advertencia».

Para Carlos Álvarez, el papel de la Mamma es un regalo que «hay que tomarse con honestidad. Que sea un personaje cómico no quiere decir que pueda hacerse de cualquier manera». Así, un barítono es quien da vida a una mujer porque se trata del arquetipo de madre napolitana autoritaria, poderosa, pero que al mismo tiempo encarna unas cuantas miserias y lidia con otras tantas de su compañía de actores pueblerinos. Los egos, la vanidad y la grandilocuencia retratan a los divos y divas del gran género durante décadas. Para Álvarez, las cosas han cambiado: «Hemos pasado a una forma de hacer arte más colaborativa y solidaria. Todo eso ha quedado atrás».