Albert Boira: «La defensa que hacen algunos de sus ideas es totalitaria»

El cómico censurado por la CUP habla con este diario sobre la polémica que ha vivido en los últimos días

Alberto Boira
Alberto Boira FOTO: foto La Razón

Albert Boira lo tiene claro. «Quiero que se genere conciliación y no conflicto». Con estas palabras, el humorista Albert Boira inicia la conversación con este diario para hablar de una polémica en absoluto buscada por él. La pasada semana, el humorista actuaba en las fiestas de Navarcles y una concejal de la CUP, Ylénia Morros, censuró en directo el espectáculo al considerar que se hacían bromas contra colectivos, palabras que no fueron bien recibidas por el público. Morros dimitió de su cargo tras las muchas críticas recibidas.

–¿Cómo está después de todo el ruido causado por la polémica?

–Un poco desbordado, pero honestamente más contento que molesto. En este conflicto no quiero salir diciendo él lo hizo bien y ella no lo hizo bien. Lo que quiero es que pensemos qué estamos haciendo en esta sociedad para que no soportemos al que piensa distinto, ya sea de un lado o del otro. Estoy preocupado por lo que estamos haciendo en nuestra sociedad donde opinamos de gente que no conocemos, donde insultamos a gente sin saber quién es... Así que estoy contento de poder ser yo quien da la cara al ser un cómico veterano porque tengo interiorizado lo que hago. Me preocupa lo que me ha pasado, pero también pienso que «muy bien, Albert, te ha tocado y ahora tienes que defender el derecho de estar en un escenario y poder decir lo que se quiera en él».

–¿Qué está pasando en este país para que aparezcan censores y guardianes de lo políticamente correcto con tanta regularidad?

–No me limitaría a hablar únicamente de este país. En todo caso diría que en algún lado hay tantos países y ciudades que están enfrentados al cincuenta- cincuenta. Parece como si alguien nos estuviera poniendo elementos de discusión ante nosotros para que nos distraigamos con peleas mientras están pasando otras cosas.

–¿Qué está ocurriendo con el humor?

–El humor es una herramienta que nace del dolor porque siempre se bromea sobre cosas que son serias. Lo que está ocurriendo es que se está utilizando el humor y los humoristas para arrojarse ideas a la cabeza. Están matando al mensajero. Los políticos se han convertido en una especie de «hooligans» del fútbol y así nos va. Lo mío es un daño colateral de la polarización social, ya sea consentida o provocada, que está sufriendo ahora este país.

–Después de toda la monumental polémica, ¿ha podido volver a hablar con la ex concejal de la CUP? ¿Se ha puesto en contacto con usted?

–No, no hemos vuelto a hablar. Tuvimos un pequeño roce en redes donde ella dijo que yo la había dejado sola para que la acribillaran. Yo le respondí que fue ella sola la que caminó hacia el paredón porque vino a interrumpir a un cómico sin que nadie lo oyera. Mi respuesta fue levantar la cabeza y decir que estaba siendo censurado. No he recibido ninguna llamada o mensaje de ella. El único que recibí fue uno en el que me echaba en cara que la dejara al pie de los caballos cuando fue ella la que se puso allí.

–¿Le gustaría una disculpa de su parte?

–No la necesito. Me encantaría ser su amigo y lo digo de verdad. No coincidimos en muchas cosas, pero la visión de un mundo inclusivo e igualitario coincidimos. Lo que pasa es que la manera que tienen algunos grupos de defender sus ideas son propias de un totalitarismo. No necesito que me llame, ni ningún contacto. Ni estoy ofendido ni ella debería estar enfadada. Simplemente han pasado unos hechos y somos los protagonistas. Que cada palo aguante su vela.

–Cuando ella le recriminó su monólogo, usted contestó con un discurso conciliador.

–Sí, por supuesto. Cuando vi cómo estaba la cosa, le pregunté al público si se había sentido ofendido con mi monólogo y dijeron que no. Por eso pensé «cariño, te has equivocado». Le dije: «Señora concejala, el pueblo aquí presente respeta su opinión, pero el pueblo al que usted representa no está de acuerdo con usted». Le brindé el micrófono porque tenía derecho a réplica. Se lo di, sabiendo lo que hacía porque nos íbamos a poner los dos en cara. Fue entonces evidente lo que pasó. Yo no me sentí ofendido sino que me encontré en medio de un problema que me rebasaba. En esos segundos me di cuenta que todo esto me iba a traer cola. Al público le dije que no me había gustado que la abuchearan, ni gritaran. Tenemos un arma que es dejar de votar a una opción u otra, pero lo que tenemos que evitar es enfrentarnos porque vamos a acabar con un conflicto social que no soportarán ni nuestros vecinos.

–¿Hay algún tema sobre el que no se pueda hacer humor en la actualidad?

–No debería existir un tema sobre el que no se pudiera hacer humor. A lo que sí que hay que acostumbrarse, creo, es que la gente debe ser capaz de entender que la risa es risa. En Cataluña yo hago humor con la monarquía y la gente se ríe, pero cuando hablo de la independencia tal vez la mitad del público me silba. Con esto quiero decir qué esta pasando. ¿Es que solamente pueden hacer humor los negros sobre los negros y nada más? No hay temas intocables. Lo que tiene que haber son personas menos vulnerables a las palabras de los otros. Si no te gusta lo que escuchas, te levantas y te llevas a tus hijos, pero debe ser posible poder hablar de todo. No puede ser que las palabras generen estas peleas.