Viajes

Ciudad de México, ritos y retos

No importan las distancias, ni la altura, ni su inmensa población, lo que importa es ella misma en su conjunto.

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El monumento en Paseo de la Reforma dedicado a Cuauhtémoc
El monumento en Paseo de la Reforma dedicado a Cuauhtémoc FOTO: Alicia Romay

De pequeña, cuando pasábamos por la rotonda del monumento a Cuauhtémoc, jugaba a leer de un tirón el nombre que está en la parte posterior, me ponía de rodillas en el asiento trasero y antes de que el coche arrancara y siguiera camino a nuestra casa por el Paseo de la Reforma, lo intentaba siempre: TE-TLE-PAN-QUETZAL. Esta vez lo he vuelto a hacer y cada vez que vuelva a México lo seguiré repitiendo, es un rito y es un reto. El monumento lo inauguró el Presidente Porfirio Díaz en el agosto de 1887. Los nombres que aparecen en cada costado son los de Cuitláhuac, Cacama, Tetlepanquetzal y Coanacoch, compañeros de lucha de Cuauhtémoc.

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Recorrer la avenida que hace más de ciento cincuenta años la Emperatriz Carlota pidió a su marido Maximiliano de Habsburgo construirla, para que tuviera un camino recto para volver al Castillo de Chapultepec, es un rito. Reforma desde sus inicios, ha sido un espacio precioso por su amplitud, por sus árboles, por sus glorietas, sus camellones, sus fuentes y sus esculturas. El proyecto inicial por parte de los emperadores no se llegó a concluir, una razón fue por la llegada de Benito Juárez y su lucha por recuperar la soberanía nacional que hizo que quedara interrumpido por un tiempo y la otra fue a causa de la muerte de Maximiliano y la enfermedad mental de Carlota. Sebastián Lerdo de Tejada durante su mandato, la finalizó dándole el nombre que aún ostenta: Paseo de la Reforma.

Pero las cosas han cambiado, si antes se encontraban residencias clásicas en las inmediaciones del paseo más emblemático de México, ahora los impresionantes rascacielos son los amos de este espacio que parecen competir en altura y en diseño.

Imagen antigua del Paseo de la Reforma
Imagen antigua del Paseo de la Reforma FOTO: El Universal
El Paseo de la Reforma actualmente en la Ciudad de México, con el Ángel de la Independencia al fondo
El Paseo de la Reforma actualmente en la Ciudad de México, con el Ángel de la Independencia al fondo FOTO: Alicia Romay

La Ciudad de México está llena de ritos y de retos lo que la hace una de las metrópolis más bonitas y emocionantes en comparación a muchas otras capitales del mundo

Recientemente la hija de una amiga madrileña se vino a vivir aquí, su marido eligió este destino por trabajo. Le habían ofrecido otras importantes capitales en Europa y la aceptó porque le pareció un reto. Su madre me preguntó sobre lo que yo opinaba ante esta decisión y la respuesta fue rotunda: “Lo que se aprende y lo que se disfruta viviendo en México, no lo ofrece de esta manera ninguna ciudad del mundo” y le aclaré: “pero para vivir aquí y aprender a disfrutarla hay que armarse de paciencia y de valor. Es sencillamente apasionante”. La capital mexicana engancha por sus permanentes contrastes y por su enorme riqueza en todos aspectos, da igual los gustos del residente o del viajero, hay para todos y mucho.

Hablando de ritos y de retos no puedo olvidarme de mencionar Tlacoquemecatl. El reto es aprender a pronunciarlo y llegar a tiempo para desayunar en la Fonda Margarita pero no sólo esto, lo es también conseguir sentarse en una de sus bancas, el lugar siempre está abarrotado. El rito es pedir huevos revueltos con frijoles negros refritos, chicharrón en salsa verde y un café en taza de barro, este apartado tiene otro reto y me refiero a conseguir llegar hasta la Colonia del Valle viniendo desde la otra parte de la ciudad en hora punta, las siete, las ocho de la mañana...

La vida en las alturas

Se ha puesto de moda vivir en Santa Fé, hace algunos años, esta parte de México era para los amantes del monte, del bosque, de los pinos y del fresco del campo. Acampar en medio del Desierto de los Leones era toda una aventura, pero esto como otras tantas cosas han quedado en el pasado. El desarrollo de esta parte de la capital ha sido imparable, ahora es común vivir allí. Pertenece a Cuajimalpa de Morelos, Cuauhxīmalpan, su nombre viene del Náhuatl que significa “sobre las astillas de madera, lugar en donde se labra o talla la madera” (Cuahu - arbol o madera unido a xīmal - labrar o pulir y pan - encima o sobre. Los contrastes en México son constantes, el organillero de toda la vida sigue haciendo sonar su instrumento al lado de rascacielos imposibles.

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Santa Fé está en un extremo de la Ciudad de México y la altura media es de dos mil setecientos metros sobre el nivel del mar. La temperatura es mucho más fresca que en el centro. Los rascacielos residenciales son impresionantes e innumerables. Las zonas de ocio como La Mexicana o el Centro Comercial Santa Fé ofrece a los residentes de la zona la oportunidad de disfrutar de todo lo que les apetezca sin tener que meterse en el tráfico. Bajar a almorzar a la zona de Las Lomas, Virreyes, Palmas o Polanco es bastante común y vivir en las alturas tiene su encanto.

Otro reto es tener una cita en la colonia Polanco a las 10 de la mañana y llegar a tiempo durmiendo en la zona de Santa Fé. La hora de levantarse cuando se tiene una cita de trabajo en pleno corazón de la colonia más trendy, chic y fashion de México sinceramente no me atrevo a mencionarla porque cada uno tiene sus tiempos, pero tomando en cuenta que habrá que ir con un look ad-hoc (sin pasarse) habrá que prepararse con tiempo. Hay que tomar en cuenta que la temperatura estando a 2700 metros de altura a las afueras de México, no es la misma que cuando se baja a esta parte de la ciudad en los que hay 2297. La temperatura de la Ciudad de México es todo lo contrario a lo que la gente piensa, por la mañana hace fresquito, si hace un día nublado, se siente realmente frío, pero al mediodía cuando el sol brilla puede ir uno tan feliz en mangas de camisa o camiseta, por lo tanto el ir arreglado sin pasar ni frío ni calor no es tarea fácil. Al final bajar en moto es una buena opción pero hay que tomar en cuenta que hay que estar muy atento, no son muchos los que se atreven a utilizar este medio de transporte y los conductores de coches o camiones, se pueden despistar y ocasionar algún susto.

No se puede saltar otro de los ritos clásicos y es por eso que hay que ir a desayunar a Sanborns unos buenos chilaquiles verdes con pollo y crema o hot cakes con bacon, miel de maple y mantequilla, siempre acompañados de un rico café americano típico del sitio. Esta cafetería fue fundada en 1903 y sigue siendo una de las imprescindibles en México, pero viviendo en Santa Fé, surge el reto una vez más, el de la distancia, porque el Sanborns más famoso al que se le conoce como la Casa de los Azulejos o Palacio de los Condes del Valle de Orizaba, la casa que se construyó en la época virreinal y que en el siglo XVIII lo conocían como el Palacio Azul al que un familiar de los Condes del Valle de Orizaba decidió que se revistiera su exterior con azulejos, está cerca de la Plaza de la Constitución en el Zócalo, o sea que acercarse a desayunar al centro de la ciudad es imposible, a menos que se desee almorzar o cenar. Pero en México todo es posible, porque lugares como Sanborns y Vips se desplazan según se va alargando la superficie en donde residen los mexicanos y al final lo del rito de desayunar chilaquiles en el Sanborns del centro o del Ángel de la Independencia se cumple a medias pero se lleva a cabo yendo a las sedes de Santa Fé.

Chilangos

Ah! y lo de “chilangeando” la palabra que aparece en la portada del artículo es porque a los que hemos nacido en la Ciudad de México nos llaman CHILANGOS, es un vocablo que se deriva del Náhuatl (Ixachilán) y tiene varias interpretaciones : una que hablamos cantando, otra que se deriva del chile, otra que se relaciona con los chilaquiles y más y más versiones. Lo cierto es que a los chilangos se nos nota y ¡mucho!

Lo dicho, la Ciudad de México es para cumplir siempre ritos y retos.