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Sean Connery: un 007 con licencia para escribir

El actor redactó un guión para una posible película del popular agente secreto que nunca llegó a llevarse a cabo porque la trama era bastante delirante

  • Sean Connery, uno de los mejores 007 de la historia, que pudo haber sido su guionista
    Sean Connery, uno de los mejores 007 de la historia, que pudo haber sido su guionista

Tiempo de lectura 8 min.

30 de julio de 2018. 21:16h

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Celia Maza Londres. 30/7/2018

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Debía haber sido una película épica. Tiburones robot en las alcantarillas de Nueva York con cabezas nucleares, la impactante imagen de la sangre de los villanos recorriendo cual lágrima el rostro de la Estatua de la Libertad y, detrás de todo, un hombre enfundado en un impoluto esmoquin pronunciando las palabras inmortales en la gran pantalla: «Mi nombre es Bond... James Bond». Su título era «Warhead». Y uno de sus tres guionistas no era otro que el 007 original, el mismísimo Sean Connery. Tras interpretar siete veces al espía, el escocés participó en la creación de un filme, pero jamás llegó a ver la luz.

El proyecto fue concebido en 1976, aunque no ha sido hasta ahora cuando la BBC ha revelado todos los detalles de una historia que en sí misma engloba todo tipo de traiciones en el círculo más cercano de Ian Fleming, creador de las novelas de Bond. La trama no tenía desperdicio. Es más, el balance entre acción y comedia, en algunos momentos, recuerda más a la trilogía de Austin Powers que a la saga del amante del Dry Martini «agitado no mezclado». En cualquier caso, no fue por el rocambolesco argumento por lo que quedó guardada en un cajón, sino por la tortuosa batalla legal que protagonizaron sus creadores. La historia de esta película da, en realidad, para escribir otra película con tintes de esperpento.

Los protagonistas

Comencemos por el principio. El protagonista real sería Kevin McClory, quien conoció a Fleming en 1958, mucho antes de que los libros se convirtieran en películas. Si Fleming era un ex oficial de la inteligencia naval británica que trotaba el mundo con un apetito prodigioso por los cigarrillos y el alcohol, McClory era un apuesto «playboy» irlandés que había servido en la marina mercante británica y había estado comprometido con Elizabeth Taylor. También había escrito, producido y dirigido una película, «The Boy and the Bridge», así que cuando planteó si podía hacer la primera película de Bond, el creador de la saga consideró que era el hombre ideal para el trabajo. En lugar de adaptar una de las novelas ya publicadas, McClory quiso crear una nueva aventura con la ayuda de un guionista llamado Jack Whittingham. Se completaron varios borradores, algunos mejores que otros, todo hay que decirlo, porque se llegó incluso a barajar la posibilidad de situar al flemático 007 de incógnito como animador de cabaret. Afortunadamente, el argumento final se concentró en los malvados planes de un consorcio criminal internacional llamado Specter, una organización que no había aparecido en ninguna novela de Bond anteriormente. Uno de sus oficiales, Largo, iba a robar dos misiles nucleares de la OTAN, pero Bond lo rastrearía hasta las Bahamas antes de que pudiera lanzarlos sobre su objetivo, el mundo occidental. A Fleming le gustó la trama, pero no el título, así que lo cambió, provisonalmente, por el de «Operación Trueno».

Todo iba por buen camino. Incluso se pensó en Alfred Hitchcock como director y en Richard Burton como agente del Servicio Secreto. Pero Fleming comenzó luego a sospechar que McClory no tenía la experiencia necesaria para llevar a cabo una superproducción de espionaje. Así que decidió usar el guión de «Operación Trueno» como base de su siguiente novela. El problema es que no consultó sus planes con los dos hombres que habían hecho la mayor parte del trabajo. McClory demandó y tras una batalla legal, el juez concluyó que las ediciones siguientes de la novela tenían que reconocer su trabajo. Es más, el magistrado también le otorgó a él y a Whittingham, los derechos de cualquier adaptación en cine y televisión de «Operación Trueno». Mientras tanto, dos productores llamados Albert R «Cubby» Broccoli y Harry Saltzman habían lanzado su propia serie de películas de Bond, protagonizadas por Connery. Su compañía, Eon, produjo el «Dr. No» en 1962, seguido de «Desde Rusia con amor» y «Goldfinger». Preocupados porque «Operación Trueno» debía ser su cuarta película, hicieron un trato con McClory por el cual se le acreditaría como productor y tendría derecho a rehacer la historia 10 años después. Creían que, para entonces, o bien el público o el mismo McClory habrían perdido ya el interés por el 007. Pero se equivocaron.

Los protagonistas

En 1975, McClory anunció que crearía una nueva versión que llevaría por título «James Bond del Servicio Secreto». Para su proyecto quiso reclutar como guionistas a las personas que habían sido amables con él. Y aquí es cuando entra en escena Connery. El actor nunca antes había escrito un guión y no está muy claro de qué manera contribuyó a la redacción final, pero McClory quería vincularlo a su esperado proyecto de una manera u otra. El caso es que el guión fue lo suficientemente emocionante como para convencer a Paramount para hacer una nueva película, rebautizada de nuevo como «Warhead». La trama seguía en algunos puntos el esquema de su predecesora, pero también incluía un estilo propio con elementos de parodia. Había, por ejemplo, una escena maravillosamente absurda en la que Bond mantiene relaciones con Fatima Blush (en realidad un agente de Spectre) mientras la mujer de la limpieza, Effie (también un agente de Spectre), se escondía debajo de la cama.

Por otra parte, la trama conservaba algunos de los excesos originales, como toda la plétora de tiburones robot letales y el gran «finale» de la Estatua de la Libertad. Algunas escenas de acción requerían que Bond aterrizase en paracaídas sobre la estatua, y mantuviera una lucha contra los malvados cuya sangre se derramaba por el rostro del icono neoyorquino. También el agente secreto debía nadar por las alcantarillas de la ciudad para frenar el ataque nuclear. Sin embargo, también había muchos aspectos en común con la película de Bond que Eon estaba desarrollando en ese mismo momento. En «La espía que me amó», protagonizada por Roger Moore, la guarida submarina del villano guarda un parecido sospechosamente parecido al descrito por el equipo de McClory. Finalmente McClory y Eon acabaron en juicio. Y preocupados por verse atrapados en una batalla legal, Connery y Paramount acabaron retirándose del proyecto. «La espía que me amó» sí llegó a salir a la luz en 1977. Pero «Warhead» acabó en un cajón. No es que McClory se rindiera. En 1983, junto con el productor Jack Schwartzman, completó un remake de «Operación Trueno» menos ambicioso, con menos «tiburones robots», bajo el título «Nunca digas nunca de nuevo». ¿Se rindió entonces? En absoluto. En la década de 1990, promocionó una tercera versión, «Warhead 2000». Pero para entonces, Eon ya tenía todo el éxito y nadie necesitaba otra franquicia para la saga. Quizá todavía quede alguien suficientemente loco.

Sean Connery, uno de los mejores 007 de la historia, que pudo haber sido su guionista
Daniel Craig visita la CIA

Lleva siendo James Bond desde 2006, cuando se estrenó «Casino Royale». Desde entonces, Daniel Craig ha dado vida al espía más famoso del celuloide y ha protagonizado algunas aventuras y hazañas impensables e imposibles de que sucedan, a qué engañarnos, en la vida real. Pero, ¿cuánto tiene en común el trabajo de Bond con el de los agentes reales de la CIA? Para conocer más sobre las similitudes y diferencias entre el agente y sus homólogos de la Agencia Central de Inteligencia de Estados Unidos asistió recientemente a un acto organizado por la Oficina de Asuntos Públicos de la CIA (en la imagen). Los agentes le hablaron entonces sobre cómo el espionaje real se enfoca más en el lado menos glamouroso del trabajo que en las innovadoras armas de Bond, James Bond. Craig fue testigo de la manera en que el Servicio de Inteligencia recoge datos y de cómo se unen los cinco directorios de la Agencia para avanzar en sus misiones. «El señor Craig se reunió con nuestros ejecutivos y empleados, quienes explicaron que el espionaje real es bastante más ''sigiloso'' y mucho menos ''agresivo'' que el presentado en el mundo del entretenimiento», informó la propia CIA en su página web a través de un comunicado en el que también se subrayó que el actor británico «quedó impresionado con el compromiso y la dedicación de los oficiales de la CIA». Craig volverá a meterse en la piel del Agente 007 de nuevo en el proyecto conocido como Bond 25. La cinta, que marca el aniversario del personaje en el cine, estará dirigida por Danny Boyle y el rodaje comenzará el 3 de diciembre.

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