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El burro «vintage» de Maurizio Cattelan

El artista se supera. Para rendir tributo a una instalación que creó en 1994 presenta la misma obra: una habitación con una fastuosa lámpara y un equino.

  • Señor Gabriel, ayer, en la Frieze de Nueva York, la nueva atracción de Maurizio Cattelan
    Señor Gabriel, ayer, en la Frieze de Nueva York, la nueva atracción de Maurizio Cattelan
Nueva York.

Tiempo de lectura 4 min.

05 de mayo de 2016. 00:42h

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Nueva York. 5/5/2016

AMaurizio Cattelan su fama le precede. No concede entrevistas cara a cara. Y las pocas veces que habla lo hace vía mail o por teléfono. Justo sería pensar que su timidez acaso puediera ser enfermiza. Nada de eso. Sin embargo, cada obra suya va acompañada de un escándalo sonado. Casi siempre. Vuelve a ser noticia estos días, hoy concretamente, porque, después de apartarse voluntariamente del «show bussiness» del arte en 2010 se ha vuelto a acercar por varios motivos. ¿Añoranza, quizá? Sea como fuere ha echado la vista atrás para recordar una de sus instalaciones más queridas: la montó (en el amplio sentido de la palabra) en 1994 en una galería llamada Daniel Newburg. La exposición duró abierta un solo día, pues los rebuznos del asno que, era el elemento principal, resultaban tan insoportables que los vecinos se quejaron y pidieron la clausura del invento. Dicho y hecho.

w Ni perros ni fotos

Ahora, para homenajear aquella ocurrencia «vintage», Cattelan, nacido a mediados de los 50, ha llevado hasta Nueva York a un asno para recrear aquella obra de infausto recuerdo. «Warning! Enter at your own risk. Do not touch, no not feed, no smoking, no photographs, no dogs, thank you» (vamos, que si le sucede algo será bajo su responsabilidad, pues el letrero le advierte claramente de todo lo que no debe hacer), es el larguísimo título de la pieza. La feria, una de las más concurridas de la ciudad, se abre entre Queens y Manhattan. Se llega a ella través de un ferry. Y hasta allí habrá viajado Señor Gabriel, que así se llama el animal, un borrico sin pedigrí pero con una amplísima experiencia en el escenario, pues es uno de los «actores» fijos del Metropolitan, el coliseo lírico de la ciudad, donde ha trabajado en un buen puñado de producciones como «La Bohème», a la que hoy se incorporará cuando cierren las puertas de la feria, y «Las bodas de Fígaro». Allí lleva trabajando desde hace diez años, luego nada extraño han de parecerle ni las cámaras ni las luces de neón.

El asno tiene un cuidador que se ocupa exclusivamente de él, de que esté bien alimentado y de que no pase más de dos horas dando la cara. Como es lógico hace sus necesidades en el stand, junto a la imponente lámpara de múltiples brazos (tipo chandelier), exactamanete la misma que colgaba del techo en 1994, y es su cuidador quien recoge, limpia y deja el suelo como una patena para evitar males mayores. Cuando quiere comer sale fuera del recinto y se dedica un tiempo al esparcimiento.

Cuando las lueces se apagan y llega el momento de echar el cierre, Señor Gabriel obedece a Pul Naovograd, que así se llama este hombre que para el animal es mucho más que su amigo, y se embarca rumbo al Bronx, donde duerme. Mientras, Cattelan, a quien todos los visitantes buscan con la mirada y del que todos cuentan historias casi inverosímiles, brilla por su ausencia. Cecilia Alemany ha sido la encargada de seleccionar esta obra dentro del apartado de Frieze Projects. Señor Gabriel (es el nombre que reza en su certificado de nacimiento, pues el animal tiene todos los papeles en regla) se ha convertido en una de las atracciones y reclamo de esta edición. El artista de Padua, irreverente y caústico como él solo, ha regresado con fuerza.

Junto a esta nueva obra revisitada, Cattelan ya ha levantado todo el ruido de que ha sido capaz con un urinario de oro de nombre «América» que ya tiene acomodo en el Museo Guggenheim de la ciudad, aunque por el momento se desconoce cuándo se instalará. Se trata de un WC en oro macizo que se colocará junto a los normales de porcelana en uno de los aseos diseñados por el genio de Frank Lloyd Wright. Sin embargo, la cosa se está atravesando, pues se está tardando más de lo esperado en finalizar la pieza y la demora despierta suspicacias. «Se va a instalar, pero aún no podemos concretar si será dentro de unos días o semanas», avisan desde el museo creado en espiral. A buen seguro que se convertirá en otro reclamo para el centro, aunque cueste creer al artista cuando sasegura que él no se siente provocador ni revolucionario y que le extraña que se forme tanto alboroto cada vez que termina una obra y la expone. «No sé de qué se escandaliza la gente. No hay más que mirar alrededor para darse cuenta de todo el lío que nos rodea. Eso es bastante más tremendo que las obras que yo hago. No entiendo el porqué de tanto revuelo, sinceramente», explica el artista con un cierto tono de perplejidad. Muchos han querido ver en eeste inodoro aurífero resonancias de la «Fuente» duchampiana, que le ha podido servir quizá de enorme inspiración. Y si continuamos por el camino de la escatología, la no menos famosa obra de su compatriota, el italiano Pero Manzoni y que respondí al nombre de «mierda de artista», latas que nunca supimos qué llegaron a contener.

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