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El Prado, un bicentenario que se queda cojo

La pinacoteca presenta su programa expositivo para celebrar su doscientos aniversario. Una conmemoración que no contará con el Salón de Reinos y que parte con una serie de exposiciones que parecen muy alejadas del nivel que ha mostrado el museo en tantos montajes anteriores.

  • El Prado, un bicentenario que se queda cojo

Tiempo de lectura 8 min.

12 de septiembre de 2018. 02:44h

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J. O. .  12/9/2018

Dice José Pedro Pérez-Llorca, presidente del Real Patronato del Museo del Prado, que una cosa es «el bicentenario y otra el Salón de Reinos». Pues sí, pero no. El mayor regalo que podría haber recibido la pinacoteca española por su bicentenario habría sido la inauguración de ese espacio. Pero no será así y sin esa apertura, el aniversario va algo cojo, sino cojo del todo. Se requieren 43 millones de euros para cumplir la tarea, pero, parece ser que el Estado español no posee esa cantidad en sus arcas para haberla destinado, de manera excepcional y puntual, a apoyar y celebrar el cumpleaños de su nuestro mejor escaparate en el exterior (habría que ver si esto sucedería en otros países), lo que da un retrato muy preciso de lo que importa la cultura a nuestros gobernantes.

El ministro de Cultura, José Guirao, que presidió la presentación del programa de actividades para esta efeméride, se ha quitado cualquier responsabilidad y ha apelado a los presupuestos para defender la escasa o nula participación de su cartera, que, a estas alturas, suena a eso de «la culpa es del Gobierno anterior». Y ya está. ¿Para qué pelear más, no? A este tropiezo, que para nada puede tildarse de insignificante, habría que sumar la caída accidental de una de las muestras programadas y, sobre todo, la mala pasada que a estas alturas puede jugar la memoria entre el público asiduo del museo. Para este doscientos aniversario se han programado 17 exposiciones temporales, pero, al repasarlas, queda la razonable duda de si son las muestras adecuadas o más convenientes para conmemorar una fecha tan relevante. Por las salas de este museo han pasado montajes célebres, que nadie ha olvidado, como los dedicados aVermeer, Durero, Picasso («Tradición y vanguardia»), Tintoretto, El Bosco, Rubens, El Greco o aquella famosa, de hace años, dedicada a Velázquez, que formó largas colas en las puertas de acceso, o, incluso, esas originales, y muy aplaudidas, revisiones de la propia colección, a través de «La belleza encerrada», «Metapintura» o «Goya en Madrid». Pero, ¿cuál será la gran exposición que quedará en esta ocasión en la retina colectiva del país? ¿Quién será el maestro que en un momento tan sobresaliente prestará su obra y su cara al aniversario del Museo del Prado?

Actos y exposiciones

Es imposible prejuzgar una exhibición sin antes verla, eso resulta evidente, pero la impresión, de antemano, no es demasiado alentadora, y no porque se vaya escaso de optimismo o buena fe. De junio a septiembre de 2019 se podrá ver, con toda seguridad, una de la más importantes de todo el año, «Confluencias: Velázquez, Rebrandt, Vermeer y los Siglos de Oro español y holandés», fruto de una colaboración con el Rijksmuseum que, informa el Prado, cederá un importante grupo de piezas, y que, para empezar, es una colectiva de pintores, con todos los «pros» y «contras» que tiene esta apuesta. Esta muestra deja la preocupante impresión de estar más enmarcada en el habitual programa de exposiciones temporales que se deciden todos los años por el verano que provenir de una idea expresamente desarrollada para dignificar este bicentenario. De hecho, el propio Miguel Falomir, director del Museo del Prado, se refirió a ella como una exposición de ese programa, que tildó, precisamente, de «timbre de gloria». De esto se deduce que no está diseñada para el bicentenario.

La siguiente muestra de relevancia es «Un lugar en la memoria», que pretende repasar pasado y presente de la pinacoteca, y el conjunto de obras que se han incorporado a lo largo de estos dos siglos. En conclusión, una mirada retrospectiva sobre la influencia de su colección que se completa con obra de artistas contemporáneos, como Saura, Miró, Gris, Pollock... Su apertura resolverá las dudas de si alcanzará la rotunidad de «Metapintura», por ejemplo. Después sobresale la dedicada a Fra Angelico, pero está organizada alrededor de tres cuadros que están en la colección, «La Anunciación», «Virgen de la Granada» y «El funeral de San Antonio Abad», estas dos últimas recientemente adquiridas. Falomir destacó que se podrá «disfrutar de pinturas ausentes en las colecciones españolas», quizá refiriéndose a crea-dores de la talla de Ucello, Lippi, Ghiberti, Masaccio o Donatello, pero no es nada fácil que salgan de sus lugares las obras maestras de estos artistas.

Uno de los aspectos que se ha querido remarcar en la rueda de prensa de ayer, a la que asistieron José Pedro Pérez-Llorca, José Guirao y Miguel Falomir, es que este bicentenario ha coincidido con otras conmemoraciones históricas que han sido decisivas para el devenir del museo: el 150 aniversario de la nacionalización de las colecciones reales y el 80 de la recuperación de las pinturas evacuadas y trasladadas al extranjero durante la Guerra Civil española. Para subrayar el primero se ha pensando en una monográfica sobre «Los fusilamientos de Torrijos», de Antonio Gisbert, que se acompañará de dos bocetos. Pues bien. Para el segundo, se ha organizado un congreso. Velázquez será uno de los nombres que más se van a sonar y contará con una muestra en que se contextualiza su obra en el Siglo de Oro: serán siete obras suyas que se acompañarán por una selección de otros autores como Murillo, Zurbarán, Sánchez Coello, Claudio de Lore-na,Tiziano... Por supuesto hay otras iniciativas, como «Doce fotógrafos en el Museo del Prado», el legado de Carmen Sánchez García, «El maestro de papel. Castillas españolas para aprender a dibujar de los siglos XVII y XVIII» y otra dedicada a las pintoras Sofonisba Anguissola y Lavinia Fontana, pero que no tienen nada que ver con esta celebración, sino que está inscrita en una iniciativa que no es para nada nueva, que, de hecho, arrancó hace ya un tiempo y que pretende dar visibilidad a las mujeres artistas y que ya cuenta con antecedentes expositivos.

Danza, música y literatura

José Manuel Matilla, jefe de Conservación de Dibujos y Estampas, y Manuela Mena, jefa de conservación de Pintura del siglo XVIII, van a preparar una muestra dedicada a los dibujos de Goya, de los cuales, el Prado posee cerca de la mitad, pero que, a pesar de ellos, será interesante, como casi toda la obra sobre papel de los grandes maestros. Se ha hecho hincapié sobre la colaboración de las distintas artes en este bicentenario, tanto de danza, música, literatura y otras apuestas del estilo, pero que, como desgraciadamente demostró el centenario que dedicamos a Cervantes, son actividades que se diluyen en el aire, y que apenas dejan rastro, nada sólido que deje un poso útil, que con el tiempo fermente. Una actuación, «Gabinete de descanso de Fernando VII», devuelve el aspecto original que tenía la sala número 29 en el siglo XIX, y «Prado 200», está dedicada a la historia del museo, y se instarlá donde ahora está el Tesoro del Delfín. Habrá, por supuesto, publicaciones con motivo del aniversario, tanto de catálogos razonados como de cómics, y se reproducirán las grandes obras maestras para mostrarlas en la calle. Quizá, lo mejor es la decisión de llevar el Prado al resto de España, de expandirse por la geografía a través de algunos de los lienzos más significativos de sus fondos. De esta manera, la pinacoteca prestará a algunas ciudades y museos relevantes de nuestro país una obra esencial de sus colecciones para que el público pueda acercarse a contemplarla. Será un cuadro por cada una de las comunidades autónomas. «De gira por España», que es el nombre elegido para esta empresa, dejará doce obras, algunas tan célebres como «La virgen la rosa», de Rafael, «El bufón Calabacillas», de Velázquez o «Retrato de un médico», de El Greco.

Una apuesta por el micromecenazgo

El Museo del Prado contará con 12 millones como presupuesto para llevar a cabo el programa que ha preparado para su bicentenario. A pesar de su esfuerzo, durante este año, de ofrecer en diversas ocasiones jornadas de puertas abiertas al público, lo que acercará la pintura de sus salas a la ciudadanía, la pinacoteca ha tenido la idea de fomentar el micromecenazgo. A partir de ahora, cualquier persona que desee ayudar al museo a adquirir una obra podrá hacerlo a partir de una donación mínima, de apenas cinco euros. Por supuesto, El Prado se compromete a corresponder y dejar constancia de la ayuda que ha recibido de cada una de las personas que deseen contribuir y apostar por esta iniciativa. De momento, para esta primera campaña se pretende comprar «Retrato de niña con paloma» (1620-1622), del artista Simon Vouet, un autor del que el museo ya posee otras dos piezas.

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