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Las “fake news” de las Cruzadas

  • Las “fake news” de las Cruzadas

Tiempo de lectura 4 min.

11 de octubre de 2019. 11:47h

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Giulio Maria Piantadosi 11/10/2019

Cruzadas, yihad, guerra santa. Palabras confinadas en las páginas malditas del diccionario por su asociación con violencia y fanatismo religioso, terrorismo. Palabras que han resurgido del abismo de la historia para convertirse en la principal amenaza de las democracias occidentales.

“El uso moderno de la palabra que hacen algunos grupos terroristas está fuera de lugar. Se basa en una manipulación de la historia. No existe ninguna conexión entre lo que ocurrió en la edad media y la violencia terrorista actual. Es propaganda, tanto en Occidente como en el mundo musulmán”, afirma Thomas Ashbridge, historiador de la Queen Mary University de Londres, autor de “Las cruzadas. La guerra por la Tierra Santa” (ed. Ático de Libros).

El Parlamento británico está reunido para una de sus interminables sesiones sobre el Brexit cuando se produce el encuentro con Ashbridge. En mil páginas recorre los orígenes, el desarrollo y el final de una contienda que duró casi dos siglos y que representó uno de los primeros ejemplos de colaboración militar entre los estados europeos. Un conjunto de nueve guerras que redibujaron la geografía del Mediterráneo.

“Uno de los resultados de las cruzadas fue volver a situar en el mapa político la ciudad de Jerusalén”. Desde la caída del imperio romano y la conquista por parte de los árabes, a pesar de su condición de ciudad santa de las tres grandes religiones, Jerusalén había tenido un papel secundario.

Cuando, en 1095, durante el concilio de Clermont, el papa Urbano VIII lanzó la primera cruzada, Jerusalén llevaba 400 años bajo el califato árabe. “Urbano acusó a los musulmanes de abusos y tortura sobre los peregrinos y de los cristianos que vivían ahí. Son acusaciones que, si tenían una base real, fueron infladas para inflamar a su audiencia y llamarla a la acción”.

El Papa Urbano VIII concibió la idea de la Guerra Santa. Los cristianos que participaban en las cruzadas adquirirían una recompensa espiritual que salvaría el alma del pecado. Un concepto que en el mundo árabe estaba asentado y definido desde la época del profeta Mohammad. La gran yihad, la idea de una lucha interna en contra del pecado, y la yihad menor, una guerra material en contra de los enemigos.

Desde el punto de vista militar, una contienda larga: 200 años. Está repleta de batallas que apenas tuvieron impacto sobre el curso de la guerra pero que retratan la suerte cambiante de la campaña. Una de ellas ocurrió en 1187 en la colina de Hattin, en Galilea. La coalición de reinos árabes liderada por Saladino consiguió derrotar y expulsar al reino cristiano que acababa de instalarse en Jerusalén. En octubre del mismo año, con Occidente aun en estado de shock, se organizó la Tercera Cruzada. En 1191, el mismo Saladino rendía a las tropas de Ricardo Corazón de León en la ciudad de San Juan de Acre, el principal bastión de la defensa musulmana.

A pesar de la derrota final, para Ashbridge las cruzadas representaron un momento seminal para la civilización europea. “Los países europeos pasaron de ser una civilización al margen del mundo conocido a convertirse en una fuerza dominante en el Mediterráneo. El contacto con el mundo musulmán aceleró el desarrollo del mundo cristiano latino. Es el legado más importante para el mundo de hoy”.

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