Literatura

María Zaragoza escribe una carta de amor a la cultura

«La biblioteca de fuego», Premio Azorín de 2022, fue presentado ayer por la escritora manchega junto a Espido Freire

La ganadora del Azorín, María Zaragoza, presentó «La biblioteca de fuego»
La ganadora del Azorín, María Zaragoza, presentó «La biblioteca de fuego» FOTO: Alberto R. Roldán La Razón

Hace algo más de un mes, tras el anuncio de las diez obras finalistas, conocíamos que la escritora María Zaragoza (Campo de Criptana, 1982) era la ganadora del Premio Azorín de Novela de este año con «La biblioteca de fuego» (Planeta). «En tiempos difíciles, lo primero que se deja caer es la cultura», explicaba al conocer el fallo del jurado esta guionista y narradora manchega, que en su novela teje una minuciosa carta de amor a la pasión por los libros, a la labor de conservación cultural y también al desempeño de aquellos que dedican su vida al archivo y a la documentación, pensando en las generaciones futuras.

En compañía de la también escritora Espido Freire y arropada por Carlos Mazón, Presidente de la Diputación de Alicante, Patrici Tixis, director de Comunicación del Grupo Planeta, o Carlos Creuheras, director del área de Relaciones externas del mismo, Zaragoza presentó ayer en Madrid la imponente novela, en la que seguimos a una joven aspirante a trabajadora de la Biblioteca Nacional en plena efervescencia del Madrid de los años 30 que se transformará en una zona de guerra. «A veces siento un poco de miedo respecto a lo profético de mis libros. El último estaba ambientado en la nieve, en el frío, y se publicó justo en la semana en la que llegó Filomena. Con este ha ocurrido algo parecido, porque en el proceso de documentación llegué a un episodio en el que miembros del bando Nacional quemaban libros rusos, más allá de si su autor hubiera tenido algo que ver con lo soviético», explicó Zaragoza en el acto sobre la contextualidad de una obra que no puede ser más inmediata, pese a estar ambientada en el pasado: «Quiero pensar que ese miedo a ideas que parecían enterradas es eso, solo un miedo. No quiero vivir en un mundo en el que los libros se consideren algo peligroso. O algo que se tenga que quemar», añadió convencida.

Así, «La biblioteca de fuego» es una ficción histórica en la que Tina, su protagonista, se traslada a Madrid para cumplir su sueño de ser bibliotecaria y allí descubre que una vieja leyenda familiar, la de una Biblioteca Invisible en la que existe una sociedad secreta encargada de proteger los libros que cada período histórico considera «peligrosos», podría ser verdad. A medio camino entre los hechos históricos –la novela comienza en 1930 y abarca hasta abril de 1939– y la fantasía, Zaragoza construye su homenaje a los conservadores del patrimonio con una prosa sólida que tiene parte de correspondencia y parte de nostalgia, con el recuerdo y la intencionalidad constante de una escritora que se niega a olvidar la historia más negra para que no se pueda repetir.

Poetas como Federico García Lorca, Blanca Chacel, hermana de Rosa Chacel, Luis Menéndez Pidal, el arquitecto del Banco de España o Zenobia Camprubí son algunos de los personajes reales de los que hace uso Zaragoza para que Tina, profunda idealista, vaya descifrando el camino a la verdad que es la novela. «Me interesaba jugar con la realidad, y tomarme algunas licencias en la convivencia de esos personajes históricos, para poder darles una vida más allá de lo que sabemos a través de la documentación. Ha habido cierto placer en ese descubrimiento», añadió Zaragoza, que también explicó la importancia del mundo femenino que relata en su libro: «El contexto me permitía abrirme a un mundo épico y dar voz a esas mujeres, conocer sus historias. Y ser consciente de que, por ejemplo, vivieron luchas femeninas y feministas aunque sus reivindicaciones fueran distintas o nos queden lejos ahora».