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Paul Newman, la paridad es cuestión de huevos

El actor renunció en 1998 a parte de su salario para que su compañera Susan Sarandon en «Al caer el sol» cobrara exactamente lo mismo que él

  • El actor, en una fotografía tomada en Nueva York en 1956 durante el rodaje de «Marcado por el odio»
    El actor, en una fotografía tomada en Nueva York en 1956 durante el rodaje de «Marcado por el odio»

Tiempo de lectura 2 min.

09 de marzo de 2018. 01:16h

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9/3/2018

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No tenía un par de huevos, sino 25. Los mismos que se zampaba sin pestañear su personaje en «La leyenda del indomable». En realidad Paul Newman solo se comió diez para el rodaje, pero no se lo tenemos en cuenta. Era tan macho que impuso la paridad en Hollywood «avant la lettre». Y no hablamos de esa clase de igualdad a la que el siempre competitivo Steve McQueen obligó por contrato a los productores de «El coloso en llamas»: Si Newman tiene cien frases yo quiero otras cien, ni una menos. Nos referimos a aquella que volvieron a demandar, como cada 8 de marzo, las mujeres. La anécdota la reveló ayer mismo Susan Sarandon en la BBC para mayor gloria del encantador, arrolladoramente guapo y descaradamente brillante (suménle hipérboles de su propia cosecha) Paul Newman: el actor renunció en 1998 a parte de su salario para que su compañera en «Al caer el sol» cobrara exactamente lo mismo que él. Un detalle que en 20 años no se ha vuelto a ver por aquellos pagos, hasta el punto de que, hace solo unos meses, hemos asistido al más grotesco reflejo invertido: Mark Whalberg cobró 1,5 millones por repetir las escenas de «Todo el dinero del mundo» (Ridley Scott) mientras que a Michelle Williams le dieron las gracias y menos de 1.000 dólares. El gesto del protagonista de «La gata sobre el tejado de zinc» nos resulta más conmovedor en cuanto que Newman, que de virtudes no andaba corto, jamás alardeó de él. «Era una joya de persona», dice Sarandon. El primero, añade, que «dio un paso al frente». «Nadie puede comerse 50 huevos. ¿Has visto a alguien hacerlo antes?», le dicen al indomable. Y allá que se lanza él, para demostrar que se puede. El caso Newman-Sarandon evidencia, a primera vista, tres cosas: que la lucha contra la brecha salarial está justificada porque en 20 años no han cambiado lo suficiente las cosas, ni siquiera en el presuntamente vanguardista Hollywood; que la connivencia del hombre es fundamental para que la mujer conquiste la paridad; y, finalmente, que Paul Newman no es de este mundo. Ofensivamente guapo y rico, casado felizmente durante 50 años con la misma mujer, querido y admirado en su profesión. Tan perfecto que a los demás, simples mortales, nos encantaría pillarle en un renuncio. No será esta vez.

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