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Wismichu, un «troll» viene a vernos

El «youtuber» desembarca en Málaga con el «making off» de la cinta-trampa que indignó al Festival de Sitges.

  • Wismichu (izda.) en un momento de «Vosotros sois mi película»
    Wismichu (izda.) en un momento de «Vosotros sois mi película»

Tiempo de lectura 4 min.

17 de marzo de 2019. 01:01h

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Gonzalo Núñez.  17/3/2019

Todos podemos hacernos pasar, si la ocasión lo propicia, por quien no somos. Yo, por ejemplo, pude haber sido Wismichu: hace años y durante unas semanas estuve recibiendo numerosos whatsapps de seguidores de este popular «youtuber»; alguien había colocado mi número de teléfono junto a su nombre en un foro de internet. Pero yo no estaba interesado en hacerme pasar por Wismichu y ahí acabó el malentendido. «Sé que han pasado estas cosas y me he preguntado qué pensaría esa persona que recibe mensajes falsos», me confiesa el «youtuber» de 25 años con millones de reproducciones de vídeo a sus espaldas.

Estas dos cuestiones, la de fingir lo que no somos y pensar cómo lo verá el otro, son de hecho la base de «Vosotros sois mi película», un elogio de la gamberrada en la época del «troleo» infinito en las redes sociales que trae a Wismichu al Festival de Málaga. Una película incómoda, que algunos verán con irritación y otros como hábil juego metaficcional sobre el mundillo del cine (y su postureo) en un tiempo en el que todo ha cambiado radicalmente con la ruptura digital.

La broma pesada

El documental, dirigido por Carlo Padial, funciona como «making off» de la broma pesada que este «youtuber» con una legión de fans gastó a la industria del cine en el Festival de Sitges. Wismichu «inventó» una película, de nombre «Bocadillo», que vendió a medios y seguidores como su salto a la gran pantalla: falseó un cartel, falseó una nota de prensa y falseó las expectativas en las entrevistas. El día del estreno, se destapó la trola: «Bocadillo» eran 70 minutos de una secuencia de un minuto repetida en bucle del joven pidiendo eso, un bocadillo. La indignación cundió, en las redes se pidió su cabeza y el caso dio la vuelta al país.

Ahora, Wismichu intenta equilibrar aquella imagen de villano con una cinta que abunda en un discurso sobre la manipulación y la credibilidad en tiempos lábiles: «Desde el primer momento queríamos enviar este mensaje de que nos estamos creyendo todo y llenando de odio y rabia. No pretendíamos atacar a nadie». Sin embargo, durante la gestación del fraude, el «youtuber» muestra los placeres de tener las riendas: «Yo puedo manipular a España», confiesa en un momento álgido.

Pero la cinta de Padial es tanto el retrato del gamberro, por así decirlo, como su expiación. Así, vemos a Wismichu, acostumbrado a lidiar con miles de respuestas al día, superado por el peso de su propio «troleo» tras el subidón del engaño de Sitges. «Toda esa ansiedad es cierta. Era incapaz de seguir con mi canal», afirma. Héroe posmoderno o pueril villano, su caso demuestra al menos que, cuando todo vale, nada tiene sentido. Y lo contrario.

Un joven pionero de YouTube

Wismichu es uno de los «youtubers» pioneros de este país. Empezó hace 7 años, jovencísimo, a colgar vídeos por puro «hobby». Su padre incluso le afeó el dineral gastado en un ordenador más potente. «Pero al año y medio ya vivía de eso», comenta. Sus vídeos suman más de mil millones de visitas.

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