El mate con el que Sabonis rompió el tablero en el Torneo de Navidad cumple 35 años

“Que lo pague, que lo pague, que lo pague”, cantaron los 5.000 aficionados que abarrotaban el viejo Pabellón de la Ciudad Deportiva

Mucho antes de que la NBA creara su ya tradicional “Christmas Day”, Don Raimundo Saporta se inventó el Torneo de Navidad. A mediados de los sesenta del siglo pasado, el responsable de la sección de baloncesto del Real Madrid inventó con la ayuda de la FIBA un torneo amistoso que se presentaba como el más prestigioso del mundo. Y así fue. Sus carteles no engañaban. La URSS, Yugoslavia, Real Madrid, Carolina del Norte, Simmenthal, Jugoplastika, Aris, Maccabi, Simmenthal, Ignis Varese, Cibona, Scavolini, CSKA... Por el viejo Pabellón de la Ciudad Deportiva pasaban todas las navidades los mejores equipos del mundo al margen de la NBA. Aquel torneo llegó a formar parte de las tradiciones navideñas en España como el discurso del Rey o la cabalgata del día 5.

En los ochenta vivió su particular edad de oro. El formato era un cuadrangular que se jugaba en tres días todos contra todos. En 1984 el cartel estaba muy bien rematado. Llegaban la URSS y Yugoslavia, las dos mejores selecciones europeas del momento. Un combinado norteamericano denominado Cheiw All-Stars, sí el nombre de los míticos chicles. Se trataba de una fórmula habitual de equipo creado para la ocasión formado por jugadores estadounidenses y que alguna de ellos terminaba fichando por algún equipo de la ACB o algún club europeo. Y claro, el Real Madrid.

En la Unión Soviética la atracción era un joven lituano de 20 años y 2,21. Un tal Arvydas Sabonis. Jugaba en el Zalgiris Kaunas, un equipo que estaba discutiendo el dominio del TSKA en su país. Sabonis ya había sido espiado por los ojeadores estadounidenses. Imponente físicamente y con un talento único. Era capaz de hacer de todo. Su tamaño le convertía en un pívot dominador, pero es que además sabía pasar y tirar de fuera como los mejores bases y aleros.

La URSS y el Madrid se jugaban el título el 26 de diciembre desde las 18:45. TVE en directo, por supuesto. Los rusos eran favoritos, pero los de Lolo Sainz compitieron hasta el final. O casi hasta el final. A 2:08 para la conclusión y con los soviéticos mandando por 78-92 llegó el momento cumbre de la historia del torneo. Valters dirigía el ataque ruso. El balón llega a Iovaisha más allá de la línea de tres. El alero ve a Sabonis libre en el poste bajo porque Wayne Robinson ha acudido a una ayuda y le pasa el balón. Romay llega tarde. Sabonis se gira, se eleva y con la mano derecha hunde el balón en la canasta. Un temerario Del Corral salta para intentar taponar. Su codo derecho a la altura del tablero protegiéndose de la acción del ruso es el póster perfecto. El tablero se rompe en mil pedazos, pero apenas unos trozos diminutos caen en el rostro de Del Corral. “Ha roto el cristal", comentan asombrados en la retransmisión de Televisión Española. “Por primera vez se ha roto el cristal en el smash que ha metido Sabonis. Smashea y rompe el tablero”, narran atónitos en TVE. Corbalán huye despavorido. Tachenko empieza a aplaudir con sus manazas. Y el público empieza a gritar aquello de “Que lo pague, que lo pague, que lo pague”. Fue una reacción muy ochentera. Como todo en aquel momento. La publicidad de Brandy Soberano, Winston o Gin Larios, las botas y calcetines Adidas de Sabonis, la camiseta de manga corta del ruso debajo de la de tirantes de la CCCP, el pantalón corto y muy ceñido... Y el partido se dio por terminado con el título para una selección soviética en la que estaban Iovaisha, Tachenko, Homicius, Belosteny, Kurtinaitis, Valters o Tarakanov. El Dream Team de la URSS.

“Sabonis rompe tablero, pero tablero de Real Madrid lo paga Real Madrid”, comenta luego el pívot que ya llevaba 24 puntos, 15 rebotes y 2 asistencias. “Fue como una explosión”, aseguraron algunos de los asistentes. La confesión del otro protagonista, del doctor Del Corral, no tiene desperdicio. "Yo era un chaval lleno de testosterona, que me comía el mundo. Y recuerdo que iba a taponar a Sabonis como lo hacía con cualquiera. Y él iba a meterla para abajo, porque él sí que lo hacía con cualquiera. La anécdota de todo esto es que yo, posteriormente médico de Sabonis en el Real Madrid, lo traté cuando llegó y fichó por el club. Arvydas, con el que entablé una amistad fraternal, se reía mucho conmigo porque me decía “¡Pero loco!, ¿cómo te atreviste a hacer eso? ¡Estás loco, estás loco!” Y me abrazaba, porque era muy cariñoso. No le enganché, porque si le engancho, a lo mejor me parte el brazo este animal”, publicó Antonio Rodríguez en endesabasketlover.com. El tablero acabó en el parquet gracias a los balonazos que empezó a lanzar Corbalán un minuto después de haber huido despavorido.