El increíble Caleb Ewan

El esprinter australiano supera en el esprint de Poitiers a Sagan, Bennett y Van Aert

Caleb Ewan aparece por sorpresa con su 1,65 de altura y su peculiar manera de esprintar, volcado sobre el manillar, desafía a los gigantes que le rodean y acaba levantando los brazos. Eso hizo en la meta de Poitiers, una etapa para velocistas pero con la dificultad al final de no acabar aborreciendo el kilómetro y medio de recta de meta en la que los velocistas tenían que pelearse por la victoria.

Así son las etapas en Poitiers y en sus cercanías. Como aquel tormento de 87 kilómetros que padeció Pedro Delgado en el Tour de 1987. Una contrarreloj individual que acababa en el parque de atracciones de Futuroscope. Fue allí donde se llevó el gran golpe que le impidió quedarse con el amarillo en París. Aunque cumplió más que dignamente el segoviano. La etapa se la llevó Stephen Roche y Perico «sólo» perdió 2:29. El Tour se le escapó por 40 segundos.

Los esprinters no podían desaprovechar esa oportunidad, esa recta interminable que llevaba a la meta de Poitiers. Van Aert se metió en la pelea, pero arrancó demasiado pronto y se vio rodeado por Sagan, por un lado, y Bennett, por el otro. Parecía que la victoria era para el irlandés, pero Ewan llegaba remontando como un sputnik. Por algo le llaman «el cohete de bolsillo».

Ewan llegó limpio al esprint, ajeno a la pelea que tenían sus tres rivales. Ninguno tan beligerante como Peter Sagan. El eslovaco no encontró hueco para adelantar a Van Aert por el lado de las vallas y lo embistió. No le sirvió para ganar, tampoco desequilibró totalmente al belga, pero fue desclasificado por los jueces y enviado al puesto 85, el último del pelotón en el que llegaba. No es la primera vez que le sucede algo parecido. En 2017 fue expulsado de la carrera por una maniobra irregular contra Mark Cavendish. Era el británico el que corría por dentro y Sagan lo empujó contra las vallas provocándole la caída. Sagan fue descalificado y expulsado del Tour. Ese de 2017 es el único maillot verde que no ha podido ganar en los últimos ocho años.

Van Aert mantuvo el equilibrio y la integridad en el esprint. No le sucedió lo mismo a Ion Izagirre, que tuvo que abandonar después de romperse la clavícula en una caída. La imagen era alarmante, con una lágrima de sangre bajándole por la cara. Pero el daño estaba sólo en la clavícula. La etapa era tranquila, pero la tranquilidad no existe en el Tour.